25 DE ABRIL 2018

Escúchalo aquí.

Lectura para hoy: Apocalipsis 21:3-4; CS 298-300

Apocalipsis 21:3-4
Oí una potente voz que provenía del trono y decía: «¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir».

CS 298-300
Con el fin de asegurar lo que buscaban, “se contentaban con ganar apenas su subsistencia y se acomodaban a una vida de frugalidad y de trabajo. No pedían de aquel suelo sino la justa retribución de su propio trabajo. Ninguna visión de oro venía a engañarles en su camino […]. Se conformaban con el progreso lento pero firme de su estado social. Soportaban pacientemente las privaciones de la vida rústica, y regaron con sus lágrimas y con el sudor de su frente el árbol de la libertad, hasta verlo echar profundas raíces en la tierra”.

La Biblia era considerada como la base de la fe, la fuente de la sabiduría y la carta magna de la libertad. Sus principios se enseñaban cuidadosamente en los hogares, en las escuelas y en las iglesias, y sus frutos se hicieron manifiestos, en lo que se ganó en inteligencia, en pureza y en templanza. Podíase vivir por años entre los puritanos “sin ver un borracho, ni oír una blasfemia ni encontrar un mendigo” (Bancroft, parte 1, cap. 19). Quedaba demostrado que los principios de la Biblia son las más eficaces salvaguardias de la grandeza nacional. Las colonias débiles y aisladas vinieron a convertirse pronto en una confederación de estados poderosos, y el mundo pudo fijarse admirado en la paz y prosperidad de una “iglesia sin papa y de un estado sin rey”.

Pero un número siempre creciente de inmigrantes arribaba a las playas de América, atraído e impulsado por motivos muy distintos de los que alentaran a los primeros peregrinos. Si bien la fe primitiva y la pureza ejercían amplia influencia y poder subyugador, estas virtudes se iban debilitando más y más cada día en la misma proporción en que iba en aumento el número de los que llegaban guiados tan solo por la esperanza de ventajas terrenales.

La medida adoptada por los primitivos colonos de no conceder voz ni voto ni tampoco empleo alguno en el gobierno civil sino a los miembros de la iglesia, produjo resultados perniciosos. Dicha medida había sido tomada para conservar la pureza del estado, pero dio al fin por resultado la corrupción de la iglesia. Siendo indispensable profesar la religión para poder tomar parte en la votación o para desempeñar un puesto público, muchos se unían a la iglesia tan solo por motivos de conveniencia mundana y de intrigas políticas, sin experimentar un cambio de corazón.

Así llegaron las iglesias a componerse en considerable proporción de gente no convertida, y en el ministerio mismo había quienes no solo erraban en la doctrina, sino que ignoraban el poder regenerador del Espíritu Santo. De este modo quedó otra vez demostrado el mal resultado que tan a menudo comprobamos en la historia de la iglesia desde el tiempo de Constantino hasta hoy, y que da el pretender fundar la iglesia valiéndose de la ayuda del estado, y el apelar al poder secular para el sostenimiento del evangelio de Aquel que dijo: “Mi reino no es de este mundo”. Juan 18:36. El consorcio de la iglesia con el estado, por muy poco estrecho que sea, puede en apariencia acercar el mundo a la iglesia, mientras que en realidad es la iglesia la que se acerca al mundo.

El gran principio que defendieron tan noblemente Robinson y Roger Williams, de que la verdad es progresiva, y de que los cristianos deberían estar prontos para aceptar toda la luz que proceda de la santa Palabra de Dios, lo perdieron de vista sus descendientes. Las iglesias protestantes de América—lo mismo que las de Europa—tan favorecidas al recibir las bendiciones de la Reforma, dejaron de avanzar en el camino que ella les había trazado. Si bien es verdad que de tiempo en tiempo surgieron hombres fieles que proclamaron nuevas verdades y denunciaron el error tanto tiempo acariciado, la mayoría, como los judíos en el tiempo de Cristo, o como los papistas en el de Lutero, se contentaba con creer lo que sus padres habían creído, y con vivir como ellos habían vivido.

De consiguiente la religión degeneró de nuevo en formalismo; y los errores y las supersticiones que hubieran podido desaparecer de haber seguido la iglesia avanzando en la luz de la Palabra de Dios, se conservaron y siguieron practicándose. De este modo, el espíritu inspirado por la Reforma murió paulatinamente, hasta que llegó a sentirse la necesidad de una reforma en las iglesias protestantes tanto como se necesitara en la iglesia romana en tiempo de Lutero. Se notaba el mismo estupor espiritual y la misma mundanalidad, la misma reverencia hacia las opiniones de los hombres, y la sustitución de teorías humanas en lugar de las enseñanzas de la Palabra de Dios.

La vasta circulación que alcanzó la Biblia en los comienzos del siglo XIX, y la abundante luz que de esa manera se esparció por todo el mundo, no fue seguida por el adelanto correspondiente en el conocimiento de la verdad revelada, ni en la religión experimental. Satanás no pudo, como en las edades pasadas, quitarle al pueblo la Palabra de Dios, que había sido puesta al alcance de todos; pero para poder alcanzar su objeto indujo a muchos a tenerla en poca estima. Los hombres descuidaron el estudio de las Sagradas Escrituras y siguieron aceptando interpretaciones torcidas y falsas y conservando doctrinas que no tenían fundamento alguno en la Biblia.

Viendo el fracaso de sus esfuerzos para destruir la verdad pormedio de la persecución, Satanás había recurrido de nuevo al plan de transigencias que condujo a la apostasía y a la formación de la iglesia de Roma. Había inducido a los cristianos a que se aliasen, no con los paganos, sino con aquellos que por su devoción a las cosas de este mundo demostraban ser tan idólatras como los mismos adoradores de imágenes. Y los resultados de esta unión no fueron menos perniciosos entonces que en épocas anteriores; el orgullo y el despilfarro fueron fomentados bajo el disfraz de la religión, y se corrompieron las iglesias. Satanás siguió pervirtiendo las doctrinas de la Biblia, y empezaron a echar profundas raíces las tradiciones que iban a perder a millones de almas. La iglesia amparaba y defendía estas tradiciones, en lugar de defender “la fe que una vez fue entregada a los santos”. Así se degradaron los principios que los reformadores sustentaron y por los cuales sufrieran tanto.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s