30 DE DICIEMBRE 2016

Escúchalo aquí.

Lectura para hoy: salmo 141-143

Salmo 141
A ti clamo, Señor; ven pronto a mí. ¡Atiende a mi voz cuando a ti clamo!
Que suba a tu presencia mi plegaria como una ofrenda de incienso; que hacia ti se eleven mis manos como un sacrificio vespertino.
Señor, ponme en la boca un centinela; un guardia a la puerta de mis labios.
No permitas que mi corazón se incline a la maldad, ni que sea yo cómplice de iniquidades;
no me dejes participar de banquetes en compañía de malhechores.

Que la justicia me golpee, que el amor me reprenda; pero que el ungüento de los malvados no perfume mi cabeza, pues mi oración está siempre en contra de sus malas obras.
Cuando sus gobernantes sean lanzados desde los despeñaderos, sabrán que mis palabras eran bien intencionadas.
Y dirán: «Así como se dispersa la tierra cuando en ella se abren surcos con el arado,
así se han dispersado nuestros huesos a la orilla del sepulcro.»
En ti, Señor Soberano, tengo puestos los ojos; en ti busco refugio; no dejes que me maten.
Protégeme de las trampas que me tienden, de las trampas que me tienden los malhechores. 10 Que caigan los impíos en sus propias redes, mientras yo salgo bien librado.

Salmo 142
A voz en cuello, al Señor le pido ayuda; a voz en cuello, al Señor le pido compasión.
Ante él expongo mis quejas; ante él expreso mis angustias.
Cuando ya no me queda aliento, tú me muestras el camino. Por la senda que transito algunos me han tendido una trampa. Mira a mi derecha, y ve: nadie me tiende la mano. No tengo dónde refugiarme; por mí nadie se preocupa.

A ti, Señor, te pido ayuda; a ti te digo:
«Tú eres mi refugio, mi porción en la tierra de los vivientes.»
Atiende a mi clamor,  porque me siento muy débil; líbrame de mis perseguidores, porque son más fuertes que yo. Sácame de la prisión, para que alabe yo tu nombre. Los justos se reunirán en torno mío por la bondad que me has mostrado.

Salmo 143
Escucha, Señor, mi oración; atiende a mi súplica.
Por tu fidelidad y tu justicia, respóndeme.
No lleves a juicio a tu siervo, pues ante ti nadie puede alegar inocencia.
El enemigo atenta contra mi vida: quiere hacerme morder el polvo.
Me obliga a vivir en las tinieblas, como los que murieron hace tiempo.
Ya no me queda aliento; dentro de mí siento paralizado el corazón.
Traigo a la memoria los tiempos de antaño: medito en todas tus proezas, considero las obras de tus manos. Hacia ti extiendo las manos; me haces falta, como el agua a la tierra seca.

Respóndeme pronto, Señor, que el aliento se me escapa. No escondas de mí tu rostro, o seré como los que bajan a la fosa.
Por la mañana hazme saber de tu gran amor, porque en ti he puesto mi confianza.
Señálame el camino que debo seguir, porque a ti elevo mi alma.
Señor, líbrame de mis enemigos, porque en ti busco refugio.
10 Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios. Que tu buen Espíritu me guíe por un terreno sin obstáculos. 11 nombre Señor, dame vida; por tu justicia, sácame de este aprieto. 12 Por tu gran amor, destruye a mis enemigos; acaba con todos mis adversarios. ¡Yo soy tu siervo!

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