31 DE DICIEMBRE 2016

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Lectura para hoy: salmo 144-150

Salmo 144
Bendito sea el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para la guerra,  mis dedos para la batalla. Él es mi Dios amoroso, mi amparo, mi más alto escondite, mi libertador, mi escudo, en quien me refugio. Él es quien pone los pueblos a mis pies.

Señor, ¿qué es el mortal para que lo cuides?¿Qué es el ser humano para que en él pienses?
Todo mortal es como un suspiro; sus días son fugaces como una sombra.
Abre tus cielos, Señor, y desciende; toca los montes y haz que echen humo.
Lanza relámpagos y dispersa al enemigo; dispara tus flechas y ponlo en retirada.
Extiende tu mano desde las alturas y sálvame de las aguas tumultuosas; líbrame del poder de gente extraña.
Cuando abren la boca, dicen mentiras; cuando levantan su diestra, juran en falso.

Te cantaré, oh Dios, un cántico nuevo; con el arpa de diez cuerdas te cantaré salmos.
10 Tú das la victoria a los reyes; a tu siervo David lo libras de la cruenta espada.
11 Ponme a salvo, líbrame del poder de gente extraña. Cuando abren la boca, dicen mentiras; cuando levantan su diestra, juran en falso.

12 Que nuestros hijos, en su juventud, crezcan como plantas frondosas; que sean nuestras hijas como columnas esculpidas para adornar un palacio. 13 Que nuestros graneros se llenen con provisiones de toda especie. Que nuestros rebaños aumenten por millares, por decenas de millares en nuestros campos. 14 Que nuestros bueyes arrastren cargas pesadas; que no haya brechas ni salidas, ni gritos de angustia en nuestras calles.
15 ¡Dichoso el pueblo que recibe todo esto! ¡Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor!

Salmo 145
Te exaltaré, mi Dios y rey; por siempre bendeciré tu nombre.
Todos los días te bendeciré; por siempre alabaré tu nombre.
Grande es el Señor, y digno de toda alabanza; su grandeza es insondable.
Cada generación celebrará tus obras y proclamará tus proezas.
Se hablará del esplendor de tu gloria y majestad, y yo meditaré en tus obras maravillosas.
Se hablará del poder de tus portentos,  y yo anunciaré la grandeza de tus obras.
Se proclamará la memoria de tu inmensa bondad, y se cantará con júbilo tu victoria.

El Señor es clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor.
El Señor es bueno con todos; él se compadece de toda su creación.
10 Que te alaben, Señor, todas tus obras; que te bendigan tus fieles.
11 Que hablen de la gloria de tu reino; que proclamen tus proezas,
12 para que todo el mundo conozca tus proezas y la gloria y esplendor de tu reino.
13 Tu reino es un reino eterno; tu dominio permanece por todas las edades. Fiel es el Señor a su palabra y bondadoso en todas sus obras.
14 El Señor levanta a los caídos y sostiene a los agobiados.
15 Los ojos de todos se posan en ti, y a su tiempo les das su alimento.
16 Abres la mano y sacias con tus favores a todo ser viviente.
17 El Señor es justo en todos sus caminos  y bondadoso en todas sus obras.
18 El Señor está cerca de quienes lo invocan,  de quienes lo invocan en verdad.
19 Cumple los deseos de quienes le temen; atiende a su clamor y los salva.
20 El Señor cuida a todos los que lo aman, pero aniquilará a todos los impíos.
21 ¡Prorrumpa mi boca en alabanzas al Señor! ¡Alabe todo el mundo su santo nombre, por siempre y para siempre!

Salmo 146
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! Alaba, alma mía, al Señor.
Alabaré al Señor toda mi vida; mientras haya aliento en mí, cantaré salmos a mi Dios.
No pongan su confianza en gente poderosa, en simples mortales, que no pueden salvar.
Exhalan el espíritu y vuelven al polvo, y ese mismo día se desbaratan sus planes.
Dichoso aquel cuya ayuda es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en el Señor su Dios, creador del cielo y de la tierra, del mar y de todo cuanto hay en ellos, y que siempre mantiene la verdad.
El Señor hace justicia a los oprimidos, da de comer a los hambrientos y pone en libertad a los cautivos.

8 El Señor da vista a los ciegos, el Señor sostiene a los agobiados, el Señor ama a los justos. El Señor protege al extranjero y sostiene al huérfano y a la viuda, pero frustra los planes de los impíos. 10 ¡Oh Sión, que el Señor reine para siempre! ¡Que tu Dios reine por todas las generaciones!¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!

Salmo 147
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! ¡Cuán bueno es cantar salmos a nuestro Dios, cuán agradable y justo es alabarlo! El Señor reconstruye a Jerusalén y reúne a los exiliados de Israel; restaura a los abatidos y cubre con vendas sus heridas.
Él determina el número de las estrellas y a todas ellas les pone nombre.
Excelso es nuestro Señor, y grande su poder; su entendimiento es infinito;
El Señor sostiene a los pobres, pero hace morder el polvo a los impíos.

Canten al Señor con gratitud; canten salmos a nuestro Dios al son del arpa.
Él cubre de nubes el cielo, envía la lluvia sobre la tierra y hace crecer la hierba en los montes. Él alimenta a los ganados y a las crías de los cuervos cuando graznan.
10 El Señor no se deleita en los bríos del caballo, ni se complace en la agilidad del hombre, 11 sino que se complace en los que le temen, en los que confían en su gran amor.

12 Alaba al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, oh Sión.
13 Él refuerza los cerrojos de tus puertas y bendice a los que en ti habitan.
14 Él trae la paz a tus fronteras y te sacia con lo mejor del trigo.
15 Envía su palabra a la tierra; su palabra corre a toda prisa.
16 Extiende la nieve cual blanco manto, esparce la escarcha cual ceniza.
17 Deja caer el granizo como grava; ¿quién puede resistir sus ventiscas?
18 Pero envía su palabra y lo derrite; hace que el viento sople, y las aguas fluyen.
19 A Jacob le ha revelado su palabra; sus leyes y decretos a Israel.
20 Esto no lo ha hecho con ninguna otra nación; jamás han conocido ellas sus decretos.
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!

Salmo 148
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! Alaben al Señor desde los cielos, alábenlo desde las alturas. Alábenlo, todos sus ángeles, alábenlo, todos sus ejércitos. Alábenlo, sol y luna, alábenlo, estrellas luminosas. Alábenlo ustedes, altísimos cielos, y ustedes, las aguas que están sobre los cielos.

Sea alabado el nombre del Señor, porque él dio una orden y todo fue creado.
Todo quedó afirmado para siempre; emitió un decreto que no será abolido.
Alaben al Señor desde la tierra los monstruos marinos y las profundidades del mar, el relámpago y el granizo, la nieve y la neblina, el viento tempestuoso que cumple su mandato, los montes y las colinas,  los árboles frutales y todos los cedros, 10 los animales salvajes y los domésticos, los reptiles y las aves, 11 los reyes de la tierra y todas las naciones, los príncipes y los gobernantes de la tierra, 12 los jóvenes y las jóvenes, los ancianos y los niños.

13 Alaben el nombre del Señor, porque sólo su nombre es excelso; su esplendor está por encima de la tierra y de los cielos. 14 ¡Él ha dado poder a su pueblo!  ¡A él sea la alabanza de todos sus fieles,  de los hijos de Israel, su pueblo cercano!
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!

Salmo 149
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! Canten al Señor un cántico nuevo, alábenlo en la comunidad de los fieles. Que se alegre Israel por su creador; que se regocijen los hijos de Sión por su rey. Que alaben su nombre con danzas; que le canten salmos al son de la lira y el pandero. Porque el Señor se complace en su pueblo; a los humildes concede el honor de la victoria. Que se alegren los fieles por su triunfo; que aun en sus camas griten de júbilo.

Que broten de su garganta alabanzas a Dios, y haya en sus manos una espada de dos filos para que tomen venganza de las naciones y castiguen a los pueblos; para que sujeten a sus reyes con cadenas, a sus nobles con grilletes de hierro; para que se cumpla en ellos la sentencia escrita. ¡Ésta será la gloria de todos sus fieles!
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!

Salmo 150
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!
Alaben a Dios en su santuario, alábenlo en su poderoso firmamento.
Alábenlo por sus proezas, alábenlo por su inmensa grandeza.
Alábenlo con sonido de trompeta, alábenlo con el arpa y la lira.
Alábenlo con panderos y danzas, alábenlo con cuerdas y flautas.
Alábenlo con címbalos sonoros, alábenlo con címbalos resonantes.
¡Que todo lo que respira alabe al Señor! ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!

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30 DE DICIEMBRE 2016

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Lectura para hoy: salmo 141-143

Salmo 141
A ti clamo, Señor; ven pronto a mí. ¡Atiende a mi voz cuando a ti clamo!
Que suba a tu presencia mi plegaria como una ofrenda de incienso; que hacia ti se eleven mis manos como un sacrificio vespertino.
Señor, ponme en la boca un centinela; un guardia a la puerta de mis labios.
No permitas que mi corazón se incline a la maldad, ni que sea yo cómplice de iniquidades;
no me dejes participar de banquetes en compañía de malhechores.

Que la justicia me golpee, que el amor me reprenda; pero que el ungüento de los malvados no perfume mi cabeza, pues mi oración está siempre en contra de sus malas obras.
Cuando sus gobernantes sean lanzados desde los despeñaderos, sabrán que mis palabras eran bien intencionadas.
Y dirán: «Así como se dispersa la tierra cuando en ella se abren surcos con el arado,
así se han dispersado nuestros huesos a la orilla del sepulcro.»
En ti, Señor Soberano, tengo puestos los ojos; en ti busco refugio; no dejes que me maten.
Protégeme de las trampas que me tienden, de las trampas que me tienden los malhechores. 10 Que caigan los impíos en sus propias redes, mientras yo salgo bien librado.

Salmo 142
A voz en cuello, al Señor le pido ayuda; a voz en cuello, al Señor le pido compasión.
Ante él expongo mis quejas; ante él expreso mis angustias.
Cuando ya no me queda aliento, tú me muestras el camino. Por la senda que transito algunos me han tendido una trampa. Mira a mi derecha, y ve: nadie me tiende la mano. No tengo dónde refugiarme; por mí nadie se preocupa.

A ti, Señor, te pido ayuda; a ti te digo:
«Tú eres mi refugio, mi porción en la tierra de los vivientes.»
Atiende a mi clamor,  porque me siento muy débil; líbrame de mis perseguidores, porque son más fuertes que yo. Sácame de la prisión, para que alabe yo tu nombre. Los justos se reunirán en torno mío por la bondad que me has mostrado.

Salmo 143
Escucha, Señor, mi oración; atiende a mi súplica.
Por tu fidelidad y tu justicia, respóndeme.
No lleves a juicio a tu siervo, pues ante ti nadie puede alegar inocencia.
El enemigo atenta contra mi vida: quiere hacerme morder el polvo.
Me obliga a vivir en las tinieblas, como los que murieron hace tiempo.
Ya no me queda aliento; dentro de mí siento paralizado el corazón.
Traigo a la memoria los tiempos de antaño: medito en todas tus proezas, considero las obras de tus manos. Hacia ti extiendo las manos; me haces falta, como el agua a la tierra seca.

Respóndeme pronto, Señor, que el aliento se me escapa. No escondas de mí tu rostro, o seré como los que bajan a la fosa.
Por la mañana hazme saber de tu gran amor, porque en ti he puesto mi confianza.
Señálame el camino que debo seguir, porque a ti elevo mi alma.
Señor, líbrame de mis enemigos, porque en ti busco refugio.
10 Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios. Que tu buen Espíritu me guíe por un terreno sin obstáculos. 11 nombre Señor, dame vida; por tu justicia, sácame de este aprieto. 12 Por tu gran amor, destruye a mis enemigos; acaba con todos mis adversarios. ¡Yo soy tu siervo!

29 DE DICIEMBRE 2016

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Lectura para hoy: salmo 131-137

Salmo 131
Señor, mi corazón no es orgulloso, ni son altivos mis ojos; no busco grandezas desmedidas, ni proezas que excedan a mis fuerzas. Todo lo contrario: he calmado y aquietado mis ansias. Soy como un niño recién amamantado en el regazo de su madre. ¡Mi alma es como un niño recién amamantado! Israel, pon tu esperanza en el desde ahora y para siempre.

Salmo 132
Señor, acuérdate de David y de todas sus penurias.
Acuérdate de sus juramentos al Señor, de sus votos al Poderoso de Jacob:
«No gozaré del calor del hogar, ni me daré un momento de descanso; no me permitiré cerrar los ojos, y ni siquiera el menor pestañeo, antes de hallar un lugar para el Señor, una morada para el Poderoso de Jacob.»
En Efrata oímos hablar del arca; dimos con ella en los campos de Yagar:
«Vayamos hasta su morada; postrémonos ante el estrado de sus pies.»
Levántate, Señor; ven a tu lugar de reposo, tú y tu arca poderosa.
¡Que se revistan de justicia tus sacerdotes! ¡Que tus fieles canten jubilosos!
10 Por amor a David, tu siervo, no le des la espalda a tu ungido.

11 El Señor le ha hecho a David un firme juramento que no revocará: «A uno de tus propios descendientes lo pondré en tu trono. 12 Si tus hijos cumplen con mi pacto y con los estatutos que les enseñaré, también sus descendientes te sucederán en el trono para siempre.»

13 El Señor ha escogido a Sión; su deseo es hacer de este monte su morada:
14 «Éste será para siempre mi lugar de reposo; aquí pondré mi trono, porque así lo deseo.
15 Bendeciré con creces sus provisiones, y saciaré de pan a sus pobres.
16 Revestiré de salvación a sus sacerdotes, y jubilosos cantarán sus fieles.
17 »Aquí haré renacer el poder de David, y encenderé la lámpara de mi ungido.
18 A sus enemigos los cubriré de vergüenza, pero él lucirá su corona esplendorosa.»

Salmo 133
¡Cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos convivan en armonía!
Es como el buen aceite que, desde la cabeza, va descendiendo por la barba, por la barba de Aarón, hasta el borde de sus vestiduras.
Es como el rocío de Hermón que va descendiendo sobre los montes de Sión.
Donde se da esta armonía, el Señor concede bendición y vida eterna.

Salmo 134
Bendigan al Señor todos ustedes sus siervos, que de noche permanecen en la casa del Señor.
Eleven sus manos hacia el santuario y bendigan al Señor.
Que desde Sión los bendiga el Señor, creador del cielo y de la tierra.

Salmo 135
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! ¡Alaben el nombre del Señor! ¡Siervos del Señor, alábenlo! Ustedes, que permanecen en la casa del Señor, en los atrios de la casa del Dios nuestro. Alaben al Señor, porque el Señor es bueno; canten salmos a su nombre, porque eso es agradable. El Señor escogió a Jacob como su propiedad, a Israel como su posesión.
Yo sé que el Señor, nuestro Soberano, es más grande que todos los dioses. El Señor hace todo lo que quiere en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos sus abismos. Levanta las nubes desde los confines de la tierra; envía relámpagos con la lluvia y saca de sus depósitos a los vientos.

A los primogénitos de Egipto hirió de muerte, tanto a hombres como a animales.
En tu corazón mismo, oh Egipto, Dios envió señales y maravillas contra el faraón y todos sus siervos. 10 A muchas naciones las hirió de muerte; a reyes poderosos les quitó la vida: 11 a Sijón, el rey amorreo; a Og, el rey de Basán, y a todos los reyes de Canaán.
12 Entregó sus tierras como herencia, ¡como herencia para su pueblo Israel!
13 Tu nombre, Señor, es eterno;  tu renombre, por todas las generaciones.
14 Ciertamente el Señor juzgará a su pueblo, y de sus siervos tendrá compasión.

15 Los ídolos de los paganos son de oro y plata, producto de manos humanas.
16 Tienen boca, pero no pueden hablar; ojos, pero no pueden ver;
17 tienen oídos, pero no pueden oír; ¡ni siquiera hay aliento en su boca!
18 Semejantes a ellos son sus hacedores y todos los que confían en ellos.
19 Pueblo de Israel, bendice al Señor; descendientes de Aarón, bendigan al Señor;
20 descendientes de Leví, bendigan al Señor; los que temen al Señor, bendíganlo.
21 Desde Sión sea bendito el Señor, el que habita en Jerusalén.
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!

Salmo 136
Den gracias al Señor, porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre.
Den gracias al Dios de dioses; su gran amor perdura para siempre.
Den gracias al Señor omnipotente; su gran amor perdura para siempre.

Al único que hace grandes maravillas; su gran amor perdura para siempre.
Al que con inteligencia hizo los cielos; su gran amor perdura para siempre.
Al que expandió la tierra sobre las aguas; su gran amor perdura para siempre.
Al que hizo las grandes luminarias; su gran amor perdura para siempre.
El sol, para iluminar el día; su gran amor perdura para siempre.
La luna y las estrellas, para iluminar la noche; su gran amor perdura para siempre.

10 Al que hirió a los primogénitos de Egipto; su gran amor perdura para siempre.
11 Al que sacó de Egipto a Israel; su gran amor perdura para siempre.
12 Con mano poderosa y con brazo extendido; su gran amor perdura para siempre.
13 Al que partió en dos el Mar Rojo; su gran amor perdura para siempre.
14 Y por en medio hizo cruzar a Israel; su gran amor perdura para siempre.
15 Pero hundió en el Mar Rojo al faraón y a su ejército; su gran amor perdura para siempre.

16 Al que guió a su pueblo por el desierto; su gran amor perdura para siempre.
17 Al que hirió de muerte a grandes reyes; su gran amor perdura para siempre.
18 Al que a reyes poderosos les quitó la vida; su gran amor perdura para siempre.
19 A Sijón, el rey amorreo; su gran amor perdura para siempre.
20 A Og, el rey de Basán; su gran amor perdura para siempre.
21 Cuyas tierras entregó como herencia; su gran amor perdura para siempre.
22 Como herencia para su siervo Israel; su gran amor perdura para siempre.

23 Al que nunca nos olvida, aunque estemos humillados; su gran amor perdura para siempre. 24 Al que nos libra de nuestros adversarios; su gran amor perdura para siempre.
25 Al que alimenta a todo ser viviente; su gran amor perdura para siempre.
26 ¡Den gracias al Dios de los cielos! ¡Su gran amor perdura para siempre!

Salmo 137
Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos, y llorábamos al acordarnos de Sión.
En los álamos que había en la ciudad colgábamos nuestras arpas.
Allí, los que nos tenían cautivos nos pedían que entonáramos canciones; nuestros opresores nos pedían estar alegres; nos decían: «¡Cántennos un cántico de Sión!»

¿Cómo cantar las canciones del en una tierra extraña?
Ah, Jerusalén, Jerusalén, si llegara yo a olvidarte, ¡que la mano derecha se me seque!
Si de ti no me acordara, ni te pusiera por encima de mi propia alegría, ¡que la lengua se me pegue al paladar! Señor, acuérdate de los edomitas el día en que cayó Jerusalén. «¡Arrásenla —gritaban—, arrásenla hasta sus cimientos!»
Hija de Babilonia, que has de ser destruida, ¡dichoso el que te haga pagar por todo lo que nos has hecho! ¡Dichoso el que agarre a tus pequeños y los estrelle contra las rocas!

28 DE DICIEMBRE 2016

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Lectura para hoy: salmo 124-125; 127-130

Salmo 124
Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte —que lo repita ahora Israel—, si el Señor no hubiera estado de nuestra parte cuando todo el mundo se levantó contra nosotros, nos habrían tragado vivos al encenderse su furor contra nosotros; nos habrían inundado las aguas, el torrente nos habría arrastrado, ¡nos habrían arrastrado las aguas turbulentas!

Bendito sea el Señor, que no dejó que nos despedazaran con sus dientes. Como las aves, hemos escapado de la trampa del cazador; ¡la trampa se rompió, y nosotros escapamos!
Nuestra ayuda está en el nombre del Señor, creador del cielo y de la tierra.

Salmo 125
Los que confían en el son como el monte Sión, que jamás será conmovido, que permanecerá para siempre.
Como rodean las colinas a Jerusalén, así rodea el Señor a su pueblo, desde ahora y para siempre.

No prevalecerá el cetro de los impíos sobre la heredad asignada a los justos, para que nunca los justos extiendan sus manos hacia la maldad.
Haz bien, Señor, a los que son buenos, a los de recto corazón.
Pero a los que van por caminos torcidos deséchalos, Señor, junto con los malhechores.

Salmo 127
Si el Señor no edifica la casa, en vano se esfuerzan los albañiles. Si el Señor no cuida la ciudad, en vano hacen guardia los vigilantes.
En vano madrugan ustedes, y se acuestan muy tarde, para comer un pan de fatigas, porque Dios concede el sueño a sus amados.

Los hijos son una herencia del Señor, los frutos del vientre son una recompensa.
Como flechas en las manos del guerrero son los hijos de la juventud.
Dichosos los que llenan su aljaba con esta clase de flechas. No serán avergonzados por sus enemigos cuando litiguen con ellos en los tribunales.

Salmo 128
Dichosos todos los que temen al Señor, los que van por sus caminos.
Lo que ganes con tus manos, eso comerás; gozarás de dicha y prosperidad.
En el seno de tu hogar, tu esposa será como vid llena de uvas; alrededor de tu mesa, tus hijos serán como vástagos de olivo. Tales son las bendiciones de los que temen al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, y veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida. Que vivas para ver a los hijos de tus hijos. ¡Que haya paz en Israel!

Salmo 129
Mucho me han angustiado desde mi juventud  —que lo repita ahora Israel—,
mucho me han angustiado desde mi juventud, pero no han logrado vencerme.
Sobre la espalda me pasaron el arado, abriéndome en ella profundos surcos.
Pero el Señor, que es justo, me libró de las ataduras de los impíos.

Que retrocedan avergonzados todos los que odian a Sión.
Que sean como la hierba en el techo, que antes de crecer se marchita; que no llena las manos del segador ni el regazo del que cosecha.
Que al pasar nadie les diga:
«La bendición del Señor sea con ustedes; los bendecimos en el nombre del Señor.»

Salmo 130
A ti, Señor, elevo mi clamor desde las profundidades del abismo.
Escucha, Señor, mi voz. Estén atentos tus oídos a mi voz suplicante.
Si tú, Señor, tomaras en cuenta los pecados, ¿quién, Señor, sería declarado inocente? Pero en ti se halla perdón, y por eso debes ser temido.

Espero al Señor, lo espero con toda el alma; en su palabra he puesto mi esperanza. Espero al Señor con toda el alma,  más que los centinelas la mañana. Como esperan los centinelas la mañana, así tú, Israel, espera al Señor. Porque en él hay amor inagotable; en él hay plena redención. Él mismo redimirá a Israel  de todos sus pecados. que haya paz en Israel!

27 DE DICIEMBRE 2016

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Lectura para hoy: salmo 118-123

Salmo 118
Den gracias al Señor, porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre.
Que proclame el pueblo de Israel: «Su gran amor perdura para siempre.»
Que proclamen los descendientes de Aarón: «Su gran amor perdura para siempre.»
Que proclamen los que temen al Señor: «Su gran amor perdura para siempre.»
Desde mi angustia clamé al Señor, y él respondió dándome libertad.
El Señor está conmigo, y no tengo miedo; ¿qué me puede hacer un simple mortal?
El Señor está conmigo, él es mi ayuda; ¡ya veré por los suelos a los que me odian!

Es mejor refugiarse en el que confiar en el hombre.
Es mejor refugiarse en el que fiarse de los poderosos.
10 Todas las naciones me rodearon, pero en el nombre del Señor las aniquilé.
11 Me rodearon por completo, pero en el nombre del Señor las aniquilé.
12 Me rodearon como avispas, pero se consumieron como zarzas en el fuego. ¡En el nombre del Señor las aniquilé!
13 Me empujaron con violencia para que cayera, pero el Señor me ayudó.
14 El Señor es mi fuerza y mi canto; ¡él es mi salvación!
15 Gritos de júbilo y victoria resuenan en las casas de los justos: «¡La diestra del Señor realiza proezas!
16 ¡La diestra del Señor es exaltada! ¡La diestra del Señor realiza proezas!»
17 No he de morir; he de vivir para proclamar las maravillas del Señor.
18 El Señor me ha castigado con dureza, pero no me ha entregado a la muerte.

19 Ábranme las puertas de la justicia para que entre yo a dar gracias al Señor.
20 Son las puertas del Señor, por las que entran los justos.
21 ¡Te daré gracias porque me respondiste, porque eres mi salvación!
22 
La piedra que desecharon los constructores ha llegado a ser la piedra angular.
23 Esto ha sido obra del Señor, y nos deja maravillados.
24 Éste es el día en que el Señor actuó; regocijémonos y alegrémonos en él.
25 
Señor, ¡danos la salvación! Señor, ¡concédenos la victoria!
26 
Bendito el que viene en el nombre del Señor. Desde la casa del Señor los bendecimos.
27 El Señor es Dios y nos ilumina. Únanse a la procesión portando ramas en la mano hasta los cuernos del altar.
28 
Tú eres mi Dios, por eso te doy gracias; tú eres mi Dios, por eso te exalto.
29 
Den gracias al Señor, porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre.

Salmo 119
Dichosos los que van por caminos perfectos, los que andan conforme a la ley del Señor.
Dichosos los que guardan sus estatutos y de todo corazón lo buscan.
Jamás hacen nada malo, sino que siguen los caminos de Dios.
Tú has establecido tus preceptos, para que se cumplan fielmente.
¡Cuánto deseo afirmar mis caminos para cumplir tus decretos!
No tendré que pasar vergüenzas cuando considere todos tus mandamientos.
Te alabaré con integridad de corazón, cuando aprenda tus justos juicios.
Tus decretos cumpliré; no me abandones del todo.
¿Cómo puede el joven llevar una vida íntegra? Viviendo conforme a tu palabra.
10 Yo te busco con todo el corazón; no dejes que me desvíe de tus mandamientos.
11 En mi corazón atesoro tus dichos para no pecar contra ti.
12 ¡Bendito seas, Señor! ¡Enséñame tus decretos!
13 Con mis labios he proclamado todos los juicios que has emitido.
14 Me regocijo en el camino de tus estatutos más que en todas las riquezas.
15 En tus preceptos medito, y pongo mis ojos en tus sendas.
16 En tus decretos hallo mi deleite, y jamás olvidaré tu palabra.

17 Trata con bondad a este siervo tuyo; así viviré y obedeceré tu palabra.
18 Ábreme los ojos, para que contemple las maravillas de tu ley.
19 En esta tierra soy un extranjero; no escondas de mí tus mandamientos.
20 A toda hora siento un nudo en la garganta por el deseo de conocer tus juicios.
21 Tú reprendes a los insolentes; ¡malditos los que se apartan de tus mandamientos!
22 Aleja de mí el menosprecio y el desdén, pues yo cumplo tus estatutos.
23 Aun los poderosos se confabulan contra mí, pero este siervo tuyo medita en tus decretos. 24 Tus estatutos son mi deleite; son también mis consejeros.

25 Postrado estoy en el polvo; dame vida conforme a tu palabra.
26 Tú me respondiste cuando te hablé de mis caminos. ¡Enséñame tus decretos!
27 Hazme entender el camino de tus preceptos, y meditaré en tus maravillas.
28 De angustia se me derrite el alma:  susténtame conforme a tu palabra.
29 Manténme alejado de caminos torcidos; concédeme las bondades de tu ley.
30 He optado por el camino de la fidelidad, he escogido tus juicios.
31 Yo, Señor, me apego a tus estatutos; no me hagas pasar vergüenza.
32 Corro por el camino de tus mandamientos, porque has ampliado mi modo de pensar.

33 Enséñame, Señor, a seguir tus decretos, y los cumpliré hasta el fin.
34 Dame entendimiento para seguir tu ley, y la cumpliré de todo corazón.
35 Dirígeme por la senda de tus mandamientos, porque en ella encuentro mi solaz.
36 Inclina mi corazón hacia tus estatutos y no hacia las ganancias desmedidas.
37 Aparta mi vista de cosas vanas, dame vida conforme a tu palabra.
38 Confirma tu promesa a este siervo, como lo has hecho con los que te temen.
39 Líbrame del oprobio que me aterra, porque tus juicios son buenos.
40 ¡Yo amo tus preceptos! ¡Dame vida conforme a tu justicia!

41 Envíame, Señor, tu gran amor y tu salvación, conforme a tu promesa.
42 Así responderé a quien me desprecie, porque yo confío en tu palabra.
43 No me quites de la boca la palabra de verdad, pues en tus juicios he puesto mi esperanza. 44 Por toda la eternidad obedeceré fielmente tu ley. 45 Viviré con toda libertad, porque he buscado tus preceptos. 46 Hablaré de tus estatutos a los reyes y no seré avergonzado, 47 pues amo tus mandamientos, y en ellos me regocijo. 48 Yo amo tus mandamientos, y hacia ellos elevo mis manos; ¡quiero meditar en tus decretos!

49 Acuérdate de la palabra que diste a este siervo tuyo, palabra con la que me infundiste esperanza. 50 Éste es mi consuelo en medio del dolor: que tu promesa me da vida.
51 Los insolentes me ofenden hasta el colmo, pero yo no me aparto de tu ley.
52 Me acuerdo, Señor, de tus juicios de antaño, y encuentro consuelo en ellos.
53 Me llenan de indignación los impíos, que han abandonado tu ley.
54 Tus decretos han sido mis cánticos en el lugar de mi destierro.
55 Señor, por la noche evoco tu nombre; ¡quiero cumplir tu ley!
56 Lo que a mí me corresponde es obedecer tus preceptos.

57 ¡Mi herencia eres tú, Señor! Prometo obedecer tus palabras.
58 De todo corazón busco tu rostro; compadécete de mí conforme a tu promesa.
59 Me he puesto a pensar en mis caminos, y he orientado mis pasos hacia tus estatutos.
60 Me doy prisa, no tardo nada para cumplir tus mandamientos.
61 Aunque los lazos de los impíos me aprisionan, yo no me olvido de tu ley.
62 A medianoche me levanto a darte gracias por tus rectos juicios.
63 Soy amigo de todos los que te honran, de todos los que observan tus preceptos.
64 Enséñame, Señor, tus decretos; ¡la tierra está llena de tu gran amor!

65 Tú, Señor, tratas bien a tu siervo, conforme a tu palabra.
66 Impárteme conocimiento y buen juicio, pues yo creo en tus mandamientos.
67 Antes de sufrir anduve descarriado, pero ahora obedezco tu palabra.
68 Tú eres bueno, y haces el bien; enséñame tus decretos.
69 Aunque los insolentes me difaman, yo cumplo tus preceptos con todo el corazón.
70 El corazón de ellos es torpe e insensible, pero yo me regocijo en tu ley.
71 Me hizo bien haber sido afligido, porque así llegué a conocer tus decretos.
72 Para mí es más valiosa tu enseñanza que millares de monedas de oro y plata.

73 Con tus manos me creaste, me diste forma. Dame entendimiento para aprender tus mandamientos.74 Los que te honran se regocijan al verme, porque he puesto mi esperanza en tu palabra. 75 Señor, yo sé que tus juicios son justos, y que con justa razón me afliges. 76 Que sea tu gran amor mi consuelo, conforme a la promesa que hiciste a tu siervo. 77 Que venga tu compasión a darme vida, porque en tu ley me regocijo. 78 Sean avergonzados los insolentes que sin motivo me maltratan; yo, por mi parte, meditaré en tus preceptos. 79 Que se reconcilien conmigo los que te temen, los que conocen tus estatutos. 80 Sea mi corazón íntegro hacia tus decretos, para que yo no sea avergonzado.

81 Esperando tu salvación se me va la vida. En tu palabra he puesto mi esperanza. 82 Mis ojos se consumen esperando tu promesa, y digo: «¿Cuándo vendrás a consolarme?» 83 Parezco un odre ennegrecido por el humo, pero no me olvido de tus decretos. 84 ¿Cuánto más vivirá este siervo tuyo? ¿Cuándo juzgarás a mis perseguidores? 85 Me han cavado trampas los insolentes, los que no viven conforme a tu ley. 86 Todos tus mandamientos son fidedignos; ¡ayúdame!, pues falsos son mis perseguidores. 87 Por poco me borran de la tierra, pero yo no abandono tus preceptos. 88 Por tu gran amor, dame vida  y cumpliré tus estatutos.

89 Tu palabra, Señor, es eterna, y está firme en los cielos.
90 Tu fidelidad permanece para siempre; estableciste la tierra, y quedó firme.
91 Todo subsiste hoy, conforme a tus decretos, porque todo está a tu servicio.
92 Si tu ley no fuera mi regocijo, la aflicción habría acabado conmigo.
93 Jamás me olvidaré de tus preceptos, pues con ellos me has dado vida.
94 ¡Sálvame, pues te pertenezco y escudriño tus preceptos! 95 Los impíos me acechan para destruirme, pero yo me esfuerzo por entender tus estatutos. 96 He visto que aun la perfección tiene sus límites; ¡sólo tus mandamientos son infinitos!

97 ¡Cuánto amo yo tu ley! Todo el día medito en ella. 98 Tus mandamientos me hacen más sabio que mis enemigos porque me pertenecen para siempre. 99 Tengo más discernimiento que todos mis maestros porque medito en tus estatutos. 100 Tengo más entendimiento que los ancianos porque obedezco tus preceptos. 101 Aparto mis pies de toda mala senda para cumplir con tu palabra. 102 No me desvío de tus juicios porque tú mismo me instruyes. 103 ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! ¡Son más dulces que la miel a mi boca! 104 De tus preceptos adquiero entendimiento; por eso aborrezco toda senda de mentira.

105 Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero.
106 Hice un juramento, y lo he confirmado: que acataré tus rectos juicios.
107 Señor, es mucho lo que he sufrido; dame vida conforme a tu palabra.
108 Señor, acepta la ofrenda que brota de mis labios; enséñame tus juicios.
109 Mi vida pende de un hilo, pero no me olvido de tu ley.
110 Los impíos me han tendido una trampa, pero no me aparto de tus preceptos.
111 Tus estatutos son mi herencia permanente; son el regocijo de mi corazón.
112 Inclino mi corazón a cumplir tus decretos para siempre y hasta el fin.

113 Aborrezco a los hipócritas, pero amo tu ley.
114 Tú eres mi escondite y mi escudo; en tu palabra he puesto mi esperanza.
115 ¡Malhechores, apártense de mí, que quiero cumplir los mandamientos de mi Dios!
116 Sosténme conforme a tu promesa, y viviré; no defraudes mis esperanzas.
117 Defiéndeme, y estaré a salvo; siempre optaré por tus decretos.
118 Tú rechazas a los que se desvían de tus decretos, porque sólo maquinan falsedades.
119 Tú desechas como escoria a los impíos de la tierra; por eso amo tus estatutos.
120 Mi cuerpo se estremece por el temor que me inspiras; siento reverencia por tus leyes.

121 Yo practico la justicia y el derecho; no me dejes en manos de mis opresores.
122 Garantiza el bienestar de tu siervo; que no me opriman los arrogantes.
123 Mis ojos se consumen esperando tu salvación, esperando que se cumpla tu justicia.
124 Trata a tu siervo conforme a tu gran amor; enséñame tus decretos.
125 Tu siervo soy: dame entendimiento y llegaré a conocer tus estatutos.
126 Señor, ya es tiempo de que actúes, pues tu ley está siendo quebrantada.
127 Sobre todas las cosas amo tus mandamientos, más que el oro, más que el oro refinado. 128 Por eso tomo en cuenta todos tus preceptos y aborrezco toda senda falsa.

129 Tus estatutos son maravillosos; por eso los obedezco.
130 La exposición de tus palabras nos da luz, y da entendimiento al sencillo.
131 Jadeante abro la boca porque ansío tus mandamientos.
132 Vuélvete a mí, y tenme compasión como haces siempre con los que aman tu nombre.
133 Guía mis pasos conforme a tu promesa; no dejes que me domine la iniquidad.
134 Líbrame de la opresión humana, pues quiero obedecer tus preceptos.
135 Haz brillar tu rostro sobre tu siervo; enséñame tus decretos.
136 Ríos de lágrimas brotan de mis ojos, porque tu ley no se obedece.

137 Señor, tú eres justo, y tus juicios son rectos.
138 Justos son los estatutos que has ordenado, y muy dignos de confianza.
139 Mi celo me consume, porque mis adversarios pasan por alto tus palabras.
140 Tus promesas han superado muchas pruebas, por eso tu siervo las ama.
141 Insignificante y menospreciable como soy, no me olvido de tus preceptos.
142 Tu justicia es siempre justa; tu ley es la verdad.
143 He caído en la angustia y la aflicción, pero tus mandamientos son mi regocijo.
144 Tus estatutos son siempre justos; dame entendimiento para poder vivir.

145 Con todo el corazón clamo a ti, Señor; respóndeme, y obedeceré tus decretos.
146 A ti clamo: «¡Sálvame!» Quiero cumplir tus estatutos.
147 Muy de mañana me levanto a pedir ayuda; en tus palabras he puesto mi esperanza.
148 En toda la noche no pego los ojos, para meditar en tu promesa.
149 Conforme a tu gran amor, escucha mi voz; conforme a tus juicios, Señor, dame vida.
150 Ya se acercan mis crueles perseguidores, pero andan muy lejos de tu ley.
151 Tú, Señor, también estás cerca, y todos tus mandamientos son verdad.
152 Desde hace mucho conozco tus estatutos, los cuales estableciste para siempre.

153 Considera mi aflicción, y líbrame, pues no me he olvidado de tu ley.
154 Defiende mi causa, rescátame; dame vida conforme a tu promesa.
155 La salvación está lejos de los impíos, porque ellos no buscan tus decretos.
156 Grande es, Señor, tu compasión; dame vida conforme a tus juicios.
157 Muchos son mis adversarios y mis perseguidores, pero yo no me aparto de tus estatutos. 158 Miro a esos renegados y me dan náuseas, porque no cumplen tus palabras.
159 Mira, Señor, cuánto amo tus preceptos; conforme a tu gran amor, dame vida.
160 La suma de tus palabras es la verdad; tus rectos juicios permanecen para siempre.

161 Gente poderosa me persigue sin motivo, pero mi corazón se asombra ante tu palabra.
162 Yo me regocijo en tu promesa como quien halla un gran botín.
163 Aborrezco y repudio la falsedad, pero amo tu ley.
164 Siete veces al día te alabo por tus rectos juicios.
165 Los que aman tu ley disfrutan de gran bienestar, y nada los hace tropezar.
166 Yo, Señor, espero tu salvación y practico tus mandamientos.
167 Con todo mi ser cumplo tus estatutos. ¡Cuánto los amo!
168 Obedezco tus preceptos y tus estatutos, porque conoces todos mis caminos.

169 Que llegue mi clamor a tu presencia; dame entendimiento, Señor, conforme a tu palabra. 170 Que llegue a tu presencia mi súplica; líbrame, conforme a tu promesa.
171 Que rebosen mis labios de alabanza, porque tú me enseñas tus decretos.
172 Que entone mi lengua un cántico a tu palabra, pues todos tus mandamientos son justos. 173 Que acuda tu mano en mi ayuda, porque he escogido tus preceptos.
174 Yo, Señor, ansío tu salvación. Tu ley es mi regocijo. 175 Déjame vivir para alabarte; que vengan tus juicios a ayudarme. 176 Cual oveja perdida me he extraviado; ven en busca de tu siervo, porque no he olvidado tus mandamientos.

Salmo 120
En mi angustia invoqué al Señor, y él me respondió.
Señor, líbrame de los labios mentirosos y de las lenguas embusteras.
¡Ah, lengua embustera! ¿Qué se te habrá de dar? ¿Qué se te habrá de añadir?
¡Puntiagudas flechas de guerrero, con ardientes brasas de retama!

¡Ay de mí, que soy extranjero en Mésec, que he acampado entre las tiendas de Cedar!
¡Ya es mucho el tiempo que he acampado entre los que aborrecen la paz!
Yo amo la paz, pero si hablo de paz, ellos hablan de guerra.

Salmo 121
A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda?
Mi ayuda proviene del Señor, creador del cielo y de la tierra.
No permitirá que tu pie resbale; jamás duerme el que te cuida.
Jamás duerme ni se adormece el que cuida de Israel.

El Señor es quien te cuida, el Señor es tu sombra protectora.
De día el sol no te hará daño, ni la luna de noche.
El Señor te protegerá; de todo mal protegerá tu vida.
El Señor te cuidará en el hogar y en el camino, desde ahora y para siempre.

Salmo 122
Yo me alegro cuando me dicen: «Vamos a la casa del Señor.»
¡Jerusalén, ya nuestros pies se han plantado ante tus portones!
¡Jerusalén, ciudad edificada para que en ella todos se congreguen!
A ella suben las tribus, las tribus del Señor, para alabar su nombre conforme a la ordenanza que recibió Israel.
Allí están los tribunales de justicia, los tribunales de la dinastía de David.

Pidamos por la paz de Jerusalén: «Que vivan en paz los que te aman.
Que haya paz dentro de tus murallas, seguridad en tus fortalezas.»
Y ahora, por mis hermanos y amigos te digo: «¡Deseo que tengas paz!»
Por la casa del Señor nuestro Dios procuraré tu bienestar.

Salmo 123
Hacia ti dirijo la mirada, hacia ti, cuyo trono está en el cielo.
Como dirigen los esclavos la mirada hacia la mano de su amo, como dirige la esclava la mirada hacia la mano de su ama, así dirigimos la mirada al Señor nuestro Dios, hasta que nos muestre compasión.

Compadécenos, Señor, compadécenos, ¡ya estamos hartos de que nos desprecien!
Ya son muchas las burlas que hemos sufrido; muchos son los insultos de los altivos, y mucho el menosprecio de los orgullosos.

26 DE DICIEMBRE 2016

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Lectura para hoy salmo 111, 113-117

Salmo 111
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!
Alabaré al Señor con todo el corazón en la asamblea, en compañía de los rectos.
Grandes son las obras del Señor; estudiadas por los que en ellas se deleitan.
Gloriosas y majestuosas son sus obras; su justicia permanece para siempre.
Ha hecho memorables sus maravillas. ¡El Señor es clemente y compasivo!
Da de comer a quienes le temen; siempre recuerda su pacto.
Ha mostrado a su pueblo el poder de sus obras al darle la heredad de otras naciones.
Las obras de sus manos son fieles y justas; todos sus preceptos son dignos de confianza, inmutables por los siglos de los siglos, establecidos con fidelidad y rectitud.
Pagó el precio del rescate de su pueblo y estableció su pacto para siempre. ¡Su nombre es santo e imponente!
10 El principio de la sabiduría es el temor del Señor; buen juicio demuestran quienes cumplen sus preceptos. ¡Su alabanza permanece para siempre!

Salmo 113
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! Alaben, siervos del Señor, alaben el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor, desde ahora y para siempre.
Desde la salida del sol hasta su ocaso, sea alabado el nombre del Señor.
El Señor domina sobre todas las naciones; su gloria está sobre los cielos.
¿Quién como el Señor nuestro Dios, que tiene su trono en las alturas y se digna contemplar los cielos y la tierra?

Él levanta del polvo al pobre y saca del muladar al necesitado; los hace sentarse con príncipes, con los príncipes de su pueblo. A la mujer estéril le da un hogar y le concede la dicha de ser madre. ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!

Salmo 114
Cuando Israel, el pueblo de Jacob, salió de Egipto, de un pueblo extraño,
Judá se convirtió en el santuario de Dios; Israel llegó a ser su dominio.
Al ver esto, el mar huyó; el Jordán se volvió atrás. Las montañas saltaron como carneros, los cerros saltaron como ovejas.

¿Qué te pasó, mar, que huiste, y a ti, Jordán, que te volviste atrás?
¿Y a ustedes montañas, que saltaron como carneros? ¿Y a ustedes cerros, que saltaron como ovejas? ¡Tiembla, oh tierra, ante el Señor, tiembla ante el Dios de Jacob! ¡Él convirtió la roca en un estanque, el pedernal en manantiales de agua!

Salmo 115
La gloria, Señor, no es para nosotros; no es para nosotros sino para tu nombre, por causa de tu amor y tu verdad. ¿Por qué tienen que decirnos las naciones: «¿Dónde está su Dios?» Nuestro Dios está en los cielos y puede hacer lo que le parezca.

Pero sus ídolos son de oro y plata, producto de manos humanas.
Tienen boca, pero no pueden hablar; ojos, pero no pueden ver; tienen oídos, pero no pueden oír; nariz, pero no pueden oler; tienen manos, pero no pueden palpar; pies, pero no pueden andar; ¡ni un solo sonido emite su garganta! Semejantes a ellos son sus hacedores, y todos los que confían en ellos. Pueblo de Israel, confía en el Señor; él es tu ayuda y tu escudo. 10 Descendientes de Aarón, confíen en el Señor; él es su ayuda y su escudo. 11 Los que temen al Señor, confíen en él; él es su ayuda y su escudo.

12 El Señor nos recuerda y nos bendice: bendice al pueblo de Israel, bendice a los descendientes de Aarón,
13 bendice a los que temen al Señor, bendice a grandes y pequeños.
14 Que el Señor multiplique la descendencia de ustedes y de sus hijos.
15 Que reciban bendiciones del Señor, creador del cielo y de la tierra.
16 Los cielos le pertenecen al Señor, pero a la humanidad le ha dado la tierra.
17 Los muertos no alaban al Señor, ninguno de los que bajan al silencio.
18 Somos nosotros los que alabamos al desde ahora y para siempre. ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!

Salmo 116
Yo amo al  porque él escucha mi voz suplicante.
Por cuanto él inclina a mí su oído, lo invocaré toda mi vida.
Los lazos de la muerte me enredaron; me sorprendió la angustia del sepulcro, y caí en la ansiedad y la aflicción. Entonces clamé al Señor: «¡Te ruego, Señor, que me salves la vida!»El Señor es compasivo y justo; nuestro Dios es todo ternura.
El Señor protege a la gente sencilla; estaba yo muy débil, y él me salvó.

¡Ya puedes, alma mía, estar tranquila, que el Señor ha sido bueno contigo!
Tú me has librado de la muerte, has enjugado mis lágrimas,no me has dejado tropezar.
Por eso andaré siempre delante del en esta tierra de los vivientes.
10 Aunque digo: «Me encuentro muy afligido», sigo creyendo en Dios.
11 En mi desesperación he exclamado: «Todos son unos mentirosos.»

12 ¿Cómo puedo pagarle al por tanta bondad que me ha mostrado?
13 ¡Tan sólo brindando con la copa de salvación e invocando el nombre del Señor!
14 ¡Tan sólo cumpliendo mis promesas al en presencia de todo su pueblo!
15 Mucho valor tiene a los ojos del la muerte de sus fieles.
16 Yo, Señor, soy tu siervo; soy siervo tuyo, tu hijo fiel; ¡tú has roto mis cadenas!
17 Te ofreceré un sacrificio de gratitud e invocaré, Señor, tu nombre.
18 Cumpliré mis votos al en presencia de todo su pueblo, 19 en los atrios de la casa del Señor, en medio de ti, oh Jerusalén. ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!

Salmo 117
¡Alaben al Señor, naciones todas! ¡Pueblos todos, cántenle alabanzas!
¡Grande es su amor por nosotros! ¡La fidelidad del Señor es eterna! ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!

25 DE DICIEMBRE 2016

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Lectura para hoy salmo 101, 103, 106,108-110

Salmo 101
Quiero cantar al amor y a la justicia: quiero, Señor, cantarte salmos.
Quiero triunfar en el camino de perfección: ¿Cuándo me visitarás?
Quiero conducirme en mi propia casa con integridad de corazón.
No me pondré como meta nada en que haya perversidad.
Las acciones de gente desleal las aborrezco; no tendrán nada que ver conmigo.
Alejaré de mí toda intención perversa; no tendrá cabida en mí la maldad.

Al que en secreto calumnie a su prójimo, lo haré callar para siempre; al de ojos altivos y corazón soberbio no lo soportaré.
Pondré mis ojos en los fieles de la tierra, para que habiten conmigo; sólo estarán a mi servicio los de conducta intachable.
Jamás habitará bajo mi techo nadie que practique el engaño; jamás prevalecerá en mi presencia nadie que hable con falsedad.
Cada mañana reduciré al silencio a todos los impíos que hay en la tierra; extirparé de la ciudad del a todos los malhechores.

Salmo 103
Alaba, alma mía, al Señor; alabe todo mi ser su santo nombre.
Alaba, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias; él rescata tu vida del sepulcro y te cubre de amor y compasión; él colma de bienes tu vida y te rejuvenece como a las águilas.
El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos.

Dio a conocer sus caminos a Moisés; reveló sus obras al pueblo de Israel.
El Señor es clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor.
No sostiene para siempre su querella ni guarda rencor eternamente.
10 No nos trata conforme a nuestros pecados ni nos paga según nuestras maldades.
11 Tan grande es su amor por los que le temen como alto es el cielo sobre la tierra.
12 Tan lejos de nosotros echó nuestras transgresiones como lejos del oriente está el occidente.
13 Tan compasivo es el Señor con los que le temen como lo es un padre con sus hijos. 14 Él conoce nuestra condición; sabe que somos de barro. 15 El hombre es como la hierba, sus días florecen como la flor del campo: 16 sacudida por el viento, desaparece sin dejar rastro alguno.17 Pero el amor del Señor es eterno y siempre está con los que le temen; su justicia está con los hijos de sus hijos, 18 con los que cumplen su pacto y se acuerdan de sus preceptos para ponerlos por obra.

19 El Señor ha establecido su trono en el cielo; su reinado domina sobre todos. 20 Alaben al Señor, ustedes sus ángeles, paladines que ejecutan su palabray obedecen su mandato. 21 Alaben al Señor, todos sus ejércitos, siervos suyos que cumplen su voluntad.
22 Alaben al Señor, todas sus obras en todos los ámbitos de su dominio.
¡Alaba, alma mía, al Señor!

Salmo 106
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! Den gracias al Señor, porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre. ¿Quién puede proclamar las proezas del Señor, o expresar toda su alabanza? Dichosos los que practican la justicia y hacen siempre lo que es justo. Recuérdame, Señor, cuando te compadezcas de tu pueblo; ven en mi ayuda el día de tu salvación. Hazme disfrutar del bienestar de tus escogidos, participar de la alegría de tu pueblo y expresar mis alabanzas con tu heredad.

Hemos pecado, lo mismo que nuestros padres; hemos hecho lo malo y actuado con iniquidad. Cuando nuestros padres estaban en Egipto, no tomaron en cuenta tus maravillas; no tuvieron presente tu bondad infinita y se rebelaron junto al mar, el Mar Rojo. Pero Dios los salvó, haciendo honor a su nombre, para mostrar su gran poder.
Reprendió al Mar Rojo, y éste quedó seco; los condujo por las profundidades del mar como si cruzaran el desierto. 10 Los salvó del poder de sus enemigos, del poder de quienes los odiaban. 11 Las aguas envolvieron a sus adversarios, y ninguno de éstos quedó con vida. 12 Entonces ellos creyeron en sus promesas y le entonaron alabanzas.

13 Pero muy pronto olvidaron sus acciones y no esperaron a conocer sus planes. 14 En el desierto cedieron a sus propios deseos; en los páramos pusieron a prueba a Dios. 15 Y él les dio lo que pidieron, pero les envió una enfermedad devastadora. 16 En el campamento tuvieron envidia de Moisés y de Aarón, el que estaba consagrado al Señor. 17 Se abrió la tierra y se tragó a Datán; sepultó a los seguidores de Abirán. 18 Un fuego devoró a esa pandilla; las llamas consumieron a los impíos.

19 En Horeb hicieron un becerro; se postraron ante un ídolo de fundición. 20 Cambiaron al que era su motivo de orgullo por la imagen de un toro que come hierba. 21 Se olvidaron del Dios que los salvó y que había hecho grandes cosas en Egipto: 22 milagros en la tierra de Cam y portentos junto al Mar Rojo. 23 Dios amenazó con destruirlos, pero no lo hizo por Moisés, su escogido, que se puso ante él en la brecha e impidió que su ira los destruyera. 24 Menospreciaron esa bella tierra; no creyeron en la promesa de Dios. 25 Refunfuñaron en sus tiendas de campaña y no obedecieron al Señor. 26 Por tanto, él levantó su mano contra ellos para hacerlos caer en el desierto, 27 para hacer caer a sus descendientes entre las naciones y dispersarlos por todos los países. 28 Se sometieron al yugo de Baal Peor y comieron de las ofrendas a ídolos sin vida. 29 Provocaron al Señor con sus malvadas acciones, y les sobrevino una plaga. 30 Pero Finés se levantó e hizo justicia, y la plaga se detuvo. 31 Esto se le acreditó como un acto de justicia para siempre, por todas las generaciones.

32 Junto a las aguas de Meribá hicieron enojar al Señor, y a Moisés le fue mal por culpa de ellos, 33 pues lo sacaron de quicio y él habló sin pensar lo que decía. 34 No destruyeron a los pueblos que el Señor les había señalado, 35 sino que se mezclaron con los paganos y adoptaron sus costumbres. 36 Rindieron culto a sus ídolos, y se les volvieron una trampa. 37 Ofrecieron a sus hijos y a sus hijas como sacrificio a esos demonios. 38 Derramaron sangre inocente, la sangre de sus hijos y sus hijas. Al ofrecerlos en sacrificio a los ídolos de Canaán, su sangre derramada profanó la tierra. 39 Tales hechos los contaminaron; tales acciones los corrompieron.

40 La ira del Señor se encendió contra su pueblo; su heredad le resultó aborrecible.
41 Por eso los entregó a los paganos, y fueron dominados por quienes los odiaban.
42 Sus enemigos los oprimieron, los sometieron a su poder. 43 Muchas veces Dios los libró; pero ellos, empeñados en su rebeldía, se hundieron en la maldad. 44 Al verlos Dios angustiados, y al escuchar su clamor,45 se acordó del pacto que había hecho con ellos y por su gran amor les tuvo compasión. 46 Hizo que todos sus opresores también se apiadaran de ellos. 47 Sálvanos, Señor, Dios nuestro; vuelve a reunirnos de entre las naciones, para que demos gracias a tu santo nombre y orgullosos te alabemos. 48 ¡Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, eternamente y para siempre! ¡Que todo el pueblo diga: «Amén»! ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!

Salmo 108
Firme está, oh Dios, mi corazón; ¡voy a cantarte salmos, gloria mía!
¡Despierten, arpa y lira! ¡Haré despertar al nuevo día!
Te alabaré, Señor, entre los pueblos; te cantaré salmos entre las naciones.
Pues tu amor es tan grande que rebasa los cielos; ¡tu verdad llega hasta el firmamento!
Tú, oh Dios, estás sobre los cielos, y tu gloria cubre toda la tierra.

Líbranos con tu diestra, respóndeme para que tu pueblo amado quede a salvo.
Dios ha dicho en su santuario: «Triunfante repartiré a Siquén, y dividiré el valle de Sucot.
Mío es Galaad, mío es Manasés; Efraín es mi yelmo y Judá mi cetro. En Moab me lavo las manos, sobre Edom arrojo mi sandalia; sobre Filistea lanzo gritos de triunfo.»10 ¿Quién me llevará a la ciudad fortificada? ¿Quién me mostrará el camino a Edom? 11 ¿No es Dios quien nos ha rechazado? ¡Ya no sales, oh Dios, con nuestros ejércitos! 12 Bríndanos tu ayuda contra el enemigo, pues de nada sirve la ayuda humana. 13 Con Dios obtendremos la victoria; ¡él pisoteará a nuestros enemigos!

Salmo 109
Oh Dios, alabanza mía, no guardes silencio.
Pues gente impía y mentirosa ha declarado en mi contra, y con lengua engañosa me difaman; con expresiones de odio me acosan, y sin razón alguna me atacan.
Mi amor me lo pagan con calumnias, mientras yo me encomiendo a Dios.
Mi bondad la pagan con maldad; en vez de amarme, me aborrecen.

Pon en su contra a un malvado; que a su derecha esté su acusador.
Que resulte culpable al ser juzgado, y que sus propias oraciones lo condenen.
Que se acorten sus días, y que otro se haga cargo de su oficio.
Que se queden huérfanos sus hijos; que se quede viuda su esposa.
10 Que anden sus hijos vagando y mendigando; que anden rebuscando entre las ruinas.
11 Que sus acreedores se apoderen de sus bienes; que gente extraña saquee sus posesiones.
12 Que nadie le extienda su bondad; que nadie se compadezca de sus huérfanos.
13 Que sea exterminada su descendencia; que desaparezca su nombre en la próxima generación.  14 Que recuerde el Señor la iniquidad de su padre, y no se olvide del pecado de su madre. 15 Que no les quite el Señor la vista de encima, y que borre de la tierra su memoria.

16 Por cuanto se olvidó de hacer el bien, y persiguió hasta la muerte a pobres, afligidos y menesterosos, 17 y porque le encantaba maldecir, ¡que caiga sobre él la maldición!
Por cuanto no se complacía en bendecir, ¡que se aleje de él la bendición!
18 Por cuanto se cubrió de maldición como quien se pone un vestido, ¡que ésta se filtre en su cuerpo como el agua!, ¡que penetre en sus huesos como el aceite!
19 ¡Que lo envuelva como un manto! ¡Que lo apriete en todo tiempo como un cinto!
20 ¡Que así les pague el Señor a mis acusadores, a los que me calumnian!

21 Pero tú, Señor Soberano, trátame bien por causa de tu nombre; líbrame por tu bondad y gran amor. 22 Ciertamente soy pobre y estoy necesitado; profundamente herido está mi corazón.23  Me voy desvaneciendo como sombra vespertina; se desprenden de mí como de una langosta.24  De tanto ayunar me tiemblan las rodillas; la piel se me pega a los huesos.
25 Soy para ellos motivo de burla; me ven, y menean la cabeza.

26 Señor, mi Dios, ¡ayúdame!; por tu gran amor, ¡sálvame!
27 Que sepan que ésta es tu mano; que tú mismo, Señor, lo has hecho.
28 ¿Qué importa que ellos me maldigan? ¡Bendíceme tú! Pueden atacarme, pero quedarán avergonzados; en cambio, este siervo tuyo se alegrará.
29 ¡Queden mis acusadores cubiertos de deshonra, envueltos en un manto de vergüenza!
30 Por mi parte, daré muchas gracias al Señor; lo alabaré entre una gran muchedumbre.
31 Porque él defiende al necesitado, para salvarlo de quienes lo condenan.

Salmo 110
Así dijo el Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.» ¡Que el Señor extienda desde Sión el poder de tu cetro! ¡Domina tú en medio de tus enemigos! Tus tropas estarán dispuestas el día de la batalla, ordenadas en santa majestad. De las entrañas de la aurora recibirás el rocío de tu juventud.

El Señor ha jurado y no cambiará de parecer: «Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.» El Señor está a tu mano derecha; aplastará a los reyes en el día de su ira. Juzgará a las naciones y amontonará cadáveres; aplastará cabezas en toda la tierra.
Beberá de un arroyo junto al camino, y por lo tanto cobrará nuevas fuerzas.