26 DE OCTUBRE 2016

Escúchalo aquí.

Lectura para hoy: PR. 467- 468
En aquel breve momento de oración al Rey de reyes, Nehemías cobró valor para exponer a Artajerjes su deseo de quedar por un tiempo libre de sus deberes en la corte; y solicitó autoridad para edificar los lugares asolados de Jerusalén, para hacer de ella nuevamente una ciudad fuerte y defendida. De esta petición dependían resultados portentosos para la nación judaica. “Y—explica Nehemías—otorgómelo el rey, según la benéfica mano de Jehová sobre mí.”

Habiendo obtenido la ayuda que procuraba, Nehemías procedió con prudencia y previsión a hacer los arreglos necesarios para asegurar el éxito de la empresa. No descuidó precaución alguna que favoreciese su realización. Ni siquiera a sus compatriotas reveló su propósito. Aunque sabía que muchos se alegrarían de su éxito, temía que algunos, mediante actos indiscretos, despertasen los celos de sus enemigos y provocasen tal vez el fracaso de la tentativa.

La petición que dirigió al rey tuvo acogida tan favorable que Nehemías se sintió alentado a pedir aún más ayuda. A fin de dar dignidad y autoridad a su misión, así como para estar protegido durante el viaje, solicitó y obtuvo una escolta militar. Consiguió cartas reales dirigidas a los gobernadores de las provincias de allende el Éufrates, por cuyo territorio debía cruzar en viaje a Judea; y obtuvo también una carta en la cual se ordenaba al guarda del bosque real en las montañas del Líbano que le proveyese la madera que necesitara. A fin de que nadie tuviese motivo para quejarse de que se había excedido, Nehemías tuvo cuidado de que la autoridad y los privilegios que se le otorgaban se definiesen claramente.

Este ejemplo de sabia previsión y de acción resuelta debe ser una lección para todos los cristianos. Los hijos de Dios deben no solamente orar con fe, sino también obrar con cuidado diligente y prudente. Tropiezan con muchas dificultades y a menudo estorban la obra de la Providencia en su favor porque consideran la prudencia y el esfuerzo esmerado como ajenos a la religión. Nehemías no creyó que había cumplido su deber cuando lloró y rogó al Señor. Unió a sus peticiones un esfuerzo santo y trabajó con fervor y oración por el éxito de la empresa en la cual se empeñaba. La consideración cuidadosa y los planes bien madurados son tan necesarios hoy para las realizaciones sagradas como en el tiempo en que fueron reedificados los muros de Jerusalén.

Nehemías no se conformaba con la incertidumbre. Los recursos que le faltaban, los solicitaba a los que estaban en condiciones de dárselos. Y el Señor sigue dispuesto a obrar en los corazones de los que se hallan en posesión de sus bienes, para que los entreguen en favor de la causa de la verdad. Los que trabajan para él deben valerse de la ayuda que él induce a los hombres a dar. Esos donativos pueden abrir vías por las cuales la luz de la verdad irá a muchas tierras entenebrecidas. Los donantes no tienen quizá fe en Cristo ni conocen su palabra; pero sus donativos no deben ser rehusados por
este motivo.