31 DE MAYO 2016

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Lectura para hoy: PR 243-244

Si Acaz y los hombres principales de su reino hubiesen sido fieles siervos del Altísimo, no se habrían amedrentado frente a una alianza tan antinatural como la que se había formado contra ellos. Pero las repetidas transgresiones los habían privado de fuerza. Dominados por el espanto sin nombre que sentían al pensar en los juicios retributivos de un Dios ofendido, “estremeciósele el corazón, y el corazón de su pueblo, como se estremecen los árboles del monte a causa del viento.” Isaías 7:2. En esta crisis, llegó la palabra del Señor a Isaías para ordenarle que se presentase ante el tembloroso rey y le dijese:

“Guarda, y repósate; no temas, ni se enternezca tu corazón. … Por haber acordado maligno consejo contra ti el Siro, con Ephraim y con el hijo de Remalías, diciendo: Vamos contra Judá, y la despertaremos, y la partiremos entre nosotros, y pondremos en medio de ella … rey, … el Señor Jehová dice así: No subsistirá, ni será.” El profeta declaró que el reino de Israel y el de Siria acabarían pronto, y concluyó: “Si vosotros no creyereis, de cierto no permaneceréis.” Vers. 4-7, 9.

Habría convenido al reino de Judá que Acaz recibiese este mensaje como proveniente del Cielo. Pero prefiriendo apoyarse en el brazo de la carne, procuró la ayuda de los paganos. Desesperado, avisó así a Tiglath pileser, rey de Asiria: “Yo soy tu siervo y tu hijo: sube, y defiéndeme de mano del rey de Siria, y de mano del rey de Israel, que se han levantado contra mí.” 2 Reyes 16:7. La petición iba acompañada por un rico presente sacado de los tesoros del rey y de los alfolíes del templo.

La ayuda pedida fué enviada, y el rey Acaz obtuvo alivio momentáneo, pero ¡cuánto costó a Judá! El tributo ofrecido despertó la codicia de Asiria, y esa nación traicionera no tardó en amenazar con invadir y despojar a Judá. Acaz y sus desgraciados súbditos se vieron entonces acosados por el temor de caer completamente en las manos de los crueles asirios. A causa de las continuas transgresiones, “Jehová había humillado a Judá.” En ese tiempo de castigo, en vez de arrepentirse, Acaz rebelóse “gravemente contra Jehová… Porque sacrificó a los dioses de Damasco, … y dijo: Pues que los dioses de los reyes de Siria les ayudan, yo también sacrificaré a ellos para que me ayuden.” 2 Crónicas 28:19, 22, 23.

Hacia el fin de su reinado, el rey apóstata hizo cerrar las puertas del templo. Se interrumpieron los servicios sagrados. Ya no ardían los candeleros delante del altar. Ya no se ofrecían sacrificios por los pecados del pueblo. Ya no ascendía el suave sahumerio del incienso a la hora de los sacrificios de la mañana y de la tarde. Abandonando los atrios de la casa de Dios y atrancando sus puertas, los habitantes de la ciudad impía construyeron audazmente altares para el culto de las divinidades paganas en las esquinas de las calles de Jerusalén. El paganismo parecía triunfante; y a punto de prevalecer las potestades de las tinieblas.

Pero moraban en Judá algunos que se habían mantenido fieles a Jehová, negándose firmemente a practicar la idolatría. A los tales consideraban con esperanza Isaías, Miqueas y sus asociados, mientras miraban la ruina labrada durante los últimos años de Acaz. Su santuario estaba cerrado, pero a los fieles se les dió esta seguridad: “Dios con nosotros.” “A Jehová de los ejércitos, a él santificad: sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo. Entonces él será por santuario.” Isaías 8:10, 13, 14.

30 DE MAYO 2016

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Lectura para hoy: PR 240-242

Se trataba verdaderamente de un tiempo de gran peligro para la nación escogida. Faltaban tan sólo unos años para que las diez tribus del reino de Israel quedasen esparcidas entre las naciones paganas. Y la perspectiva era sombría también en el reino de Judá. Las fuerzas que obraban para el bien disminuían rápidamente y se multiplicaban las fuerzas favorables al mal. El profeta Miqueas, al considerar la situación, se sintió constreñido a exclamar: “Faltó el misericordioso de la tierra, y ninguno hay recto entre los hombres.” “El mejor de ellos es como el cambrón; el más recto, como zarzal.” Miqueas 7:2, 4. Isaías declaró: “Si Jehová de los ejércitos no hubiera hecho que nos quedasen muy cortos residuos, como Sodoma fuéramos y semejantes a Gomorra.” Isaías 1:9.

En toda época, por amor a los que permanecieron fieles, y también a causa de su infinito amor por los que yerran, Dios fué longánime con los rebeldes, y los instó a abandonar su conducta impía para retornar a él. Mediante los hombres a quienes designara, enseñó a los transgresores el camino de la justicia “renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá.” Isaías 28:10.

Y así sucedió durante el reinado de Acaz. Se envió al errante Israel una invitación tras otra para que volviese a ser leal a Jehová. Tiernas eran las súplicas que le dirigían los profetas; y mientras estaban exhortando fervorosamente al pueblo a que se arrepintiese y se reformase, sus palabras dieron fruto para gloria de Dios. Por medio de Miqueas fué hecha esta súplica admirable: “Oíd ahora lo que dice Jehová: Levántate, pleitea con los montes, y oigan los collados tu voz. Oíd, montes, y fuertes fundamentos de la tierra, el pleito de Jehová: porque tiene Jehová pleito con su pueblo, y altercará con Israel.

“Pueblo mío, ¿qué te he hecho, o en qué te he molestado? Responde contra mí. Porque yo te hice subir de la tierra de Egipto, y de la casa de siervos te redimí; y envié delante de ti a Moisés, y a Aarón, y a María. “Pueblo mío, acuérdate ahora qué aconsejó Balac rey de Moab, y qué le respondió Balaam, hijo de Beor, desde Sittim hasta Gilgal, para que conozcas las justicias de Jehová.” Miqueas 6:1-5.
El Dios a quien servimos es longánime; “porque nunca decayeron sus misericordias.” Lamentaciones 3:22. Durante todo el tiempo de gracia, su Espíritu suplica a los hombres para que acepten el don de la vida. “Vivo yo, dice el Señor Jehová, que no quiero la muer- te del impío, sino que se torne el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos: ¿y por qué moriréis?” Ezequiel 33:11. Es el propósito especial de Satanás inducir a los hombres a pecar, y dejarlos luego, sin defensa ni esperanza, pero con temor de ir en busca de perdón. Mas Dios los invita así: “Echen mano esos enemigos de mi fortaleza, y hagan paz conmigo. ¡Sí, que hagan paz conmigo!” Isaías 27:5 (VM). En Cristo han sido tomadas todas las medidas, y se ofrece todo aliento.

Durante la apostasía de Judá e Israel, muchos preguntaban: “¿Con qué prevendré a Jehová, y adoraré al alto Dios? ¿vendré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Agradaráse Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite?” La respuesta es clara y positiva: “Oh hombre, él te ha declarado qué sea lo bueno, y qué pida de ti Jehová: solamente hacer juicio, y amar misericordia, y humillarte para andar con tu Dios.” Miqueas 6:6-8.

Al insistir en el valor de la piedad práctica, el profeta estaba tan sólo repitiendo el consejo dado a Israel siglos antes. Por medio de Moisés, mientras estaban los israelitas a punto de entrar en la tierra prometida, el Señor les había dicho: “Ahora pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma; que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que hayas bien?” Deuteronomio 10:12, 13. De siglo en siglo estos consejos fueron repetidos por los siervos de Jehová a los que estaban en peli- gro de caer en hábitos de formalismo, y de olvidarse de practicar la misericordia. Cuando Cristo mismo, durante su ministerio terrenal, fué interrogado así por un doctor de la ley: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento grande en la ley?” le contestó: “Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente. Este es el primero y el grande mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.” Mateo 22:36-40.

Estas claras expresiones de los profetas y del Maestro mismo deben ser recibidas como voz del Cielo para toda alma. No debemos desperdiciar oportunidad alguna de cumplir actos de misericordia, de tierna prevención y cortesía cristiana en favor de los cargados y oprimidos. Si nos es imposible hacer más, podemos dirigir palabras de aliento y esperanza a los que no conocen a Dios y a quienes podemos alcanzar con más facilidad mediante la simpatía y el amor. Ricas y abundantes son las promesas hechas a los que se mantienen alerta para ver las oportunidades de infundir gozo y bendición en la vida ajena. “Y si derramares tu alma al hambriento, y saciares el alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el medio día; y Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías hartará tu alma, y engordará tus huesos; y serás como huerta de riego, y como manadero de aguas, cuyas aguas nunca faltan.” Isaías 58:10, 11.

La conducta idólatra de Acaz, frente a las súplicas fervientes de los profetas, no podía tener sino un resultado. “La ira de Jehová ha venido sobre Judá y Jerusalem, y los ha entregado a turbación, y a execración y escarnio.” 2 Crónicas 29:8. El reino sufrió una decadencia acelerada, y pronto su misma existencia quedó amenazada por ejércitos invasores. “Resín rey de Siria, y Peka hijo de Remalías rey de Israel, subieron a Jerusalem para hacer guerra, y cercar a Achaz.” 2 Reyes 16:5.

29 DE MAYO 2016

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Lectura para hoy: PR 238-239Capítulo 27 – Acaz

La ascensión de Acaz al trono puso a Isaías y a sus compañeros frente a condiciones más espantosas que cualesquiera que hubiesen existido hasta entonces en el reino de Judá. Muchos que habían resistido anteriormente a la influencia seductora de las prácticas idólatras, se dejaban persuadir ahora a tomar parte en el culto de las divinidades paganas. Había en Israel príncipes que faltaban a su cometido; se levantaban falsos profetas para dar mensajes que extraviaban; hasta algunos de los sacerdotes estaban enseñando por precio. Sin embargo, los caudillos de la apostasía conservaban las formas del culto divino, y aseveraban contarse entre el pueblo de Dios.

El profeta Miqueas, quien dió su testimonio durante aquellos tiempos angustiosos, declaró que los pecadores de Sión blasfemaban al aseverar que se apoyaban “en Jehová,” y que, mientras edificaban “a Sión con sangre, y a Jerusalem con injusticia,” se jactaban así: “¿No está Jehová entre nosotros? No vendrá mal sobre nosotros.” Miqueas 3:10, 11. Contra estos males alzó la voz el profeta Isaías en estas severas reprensiones: “Príncipes de Sodoma, oíd la palabra de Jehová; escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra. ¿Para qué a mí, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? … ¿Quién demandó esto de vuestras manos, cuando vinieseis a presentaros delante de mí, para hollar mis atrios?” Isaías 1:10-12.

La Inspiración declara: “El sacrificio de los impíos es abominación: ¡Cuánto más ofreciéndolo con maldad!” Proverbios 21:27. El Dios del cielo es “de ojos demasiado puros para mirar el mal,” y no puede “contemplar la iniquidad.” Habacuc 1:13 (VM). Si se aparta del transgresor no es porque no esté dispuesto a perdonarlo; es porque el pecador se niega a valerse de las abundantes bendiciones de la gracia; y por tal motivo Dios no puede librarlo del pecado. “He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni hase agravado su oído para oir: Mas vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar su rostro de vosotros, para no oir.” Isaías 59:1, 2.

Salomón había escrito: “¡Ay de ti, tierra, cuando tu rey es mu- chacho!” Eclesiastés 10:16. Así sucedía en la tierra de Judá. Por sus continuas transgresiones, los gobernantes habían llegado a ser como niños. Isaías señaló a la atención del pueblo la debilidad de su posición entre las naciones de la tierra; y le demostró que ella era resultado de la impiedad manifestada por los dirigentes. Dijo: “Porque he aquí que el Señor Jehová de los ejércitos quita de Jerusalem y de Judá el sustentador y el fuerte, todo sustento de pan y todo socorro de agua; el valiente y el hombre de guerra, el juez y el profeta, el adivino y el anciano; el capitán de cincuenta, y el hombre de respeto, y el consejero, y el artífice excelente, y el hábil orador. Y pondréles mozos por príncipes, y muchachos serán sus señores.” “Pues arruinada está Jerusalem, y Judá ha caído; porque la lengua de ellos y sus obras han sido contra Jehová.” Isaías 3:1-4, 8.

El profeta continuó: “Los que te guían te engañan, y tuercen la carrera de tus caminos.” Vers. 12. Tal fué literalmente el caso durante el reinado de Acaz; porque acerca de él se escribió: “Antes anduvo en los caminos de los reyes de Israel, y además hizo imágenes de fundición a los Baales. Quemó también perfume en el valle de los hijos de Hinnom.” 2 Crónicas 28:2, 3. “Y aun hizo pasar por el fuego a su hijo, según las abominaciones de las gentes que Jehová echó de delante de los hijos de Israel.” 2 Reyes 16:3.

28 DE MAYO 2016

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Lectura para hoy: Isaías 7-8; 27, 59; 2 Crónicas 28

Isaias 7 – La señal de Emanuel
1 Acaz, hijo de Jotán y nieto de Uzías, reinaba en Judá. En ese tiempo Rezín, rey de Siria, y Pecaj hijo de Remalías, rey de Israel, subieron contra Jerusalén para atacarla, pero no pudieron conquistarla. En el palacio de David se recibió la noticia de que Siria se había aliado con Efraín, y se estremeció el corazón de Acaz y el de su pueblo, como se estremecen por el viento los árboles del bosque.

El Señor le dijo a Isaías: «Ve con tu hijo Sear Yasub a encontrarte con Acaz donde termina el canal del estanque superior, en el camino que conduce al Campo del Lavandero. Dile que tenga cuidado y no pierda la calma; que no tema ante el enojo ardiente de Rezín el sirio, ni ante el hijo de Remalías; que no se descorazone a causa de esos dos tizones humeantes. Dile también que Efraín, junto con el hijo de Remalías y el sirio, han tramado hacerle mal, pues piensan subir contra Judá, provocar el pánico, conquistarla y poner allí como rey al hijo de Tabel.
Pero dile además que yo, el Señor omnipotente, digo:
»“Eso no se cumplirá ni sucederá. La cabeza de Siria es Damasco, y la cabeza de Damasco es Rezín; pero dentro de sesenta y cinco años Efraín será destrozado hasta dejar de ser pueblo. La cabeza de Efraín es Samaria, y la cabeza de Samaria es el hijo de Remalías; si ustedes no creen en mí, no permanecerán firmes.” »

10 El Señor se dirigió a Acaz de nuevo:
11 —Pide que el Señor tu Dios te dé una señal, ya sea en lo más profundo de la tierra o en lo más alto del cielo.

12 Pero Acaz respondió:
—No pondré a prueba al Señor, ni le pediré nada.

13 Entonces Isaías dijo: «¡Escuchen ahora ustedes, los de la dinastía de David! ¿No les basta con agotar la paciencia de los hombres, que hacen lo mismo con mi Dios? 14 Por eso, el Señor mismo les dará una señal: La joven concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamará Emanuel. 15 Cuando sepa elegir lo bueno y rechazar lo malo, comerá cuajada con miel. 16 Porque antes de que el niño sepa elegir lo bueno y rechazar lo malo, la tierra de los dos reyes que tú temes quedará abandonada. 17 »El Señor hará venir sobre ti, sobre tu pueblo y sobre la dinastía de tu padre, días como no se conocieron desde que Efraín se separó de Judá, pues hará venir al rey de Asiria.»

18 En aquel día el Señor llamará con un silbido a la mosca que está en los lejanos ríos de Egipto, y a la abeja que está en la tierra de Asiria. 19 Todas ellas vendrán y anidarán en las quebradas profundas, en las hendiduras de las rocas, en todos los matorrales espinosos y sobre todos los abrevaderos. 20 En aquel día, con el rey de Asiria como navaja prestada del otro lado del río Éufrates, el Señor le afeitará a Israel la cabeza y el vello púbico, y también la barba.

21 En aquel día, un hombre criará un ternero y dos cabras; 22 y le darán tanta leche que tendrá leche cuajada para comer. Además, todos los que permanezcan en la tierra comerán cuajada con miel. 23 En aquel día, allí donde hubo mil viñedos que costaban mil monedas de plata cada uno, no quedarán más que zarzas y espinos, 24 los cuales cubrirán toda la tierra. Sólo se podrá entrar allí con arco y flecha. 25 Y por temor a estos espinos y a estas zarzas, ya no irás a los cerros que antes se cultivaban con el azadón, pues se convertirán en lugares donde se suelta el ganado y corretean las ovejas.

Isaias 8
1 El Señor me dijo:
«Toma una tablilla grande y, con un estilete común, escribe sobre ella: “Tocante a Maher Salal Jasbaz”. Yo convocaré como testigos confiables al sacerdote Urías y a Zacarías hijo de Jeberequías.» Luego tuve relaciones con la profetisa, y ella concibió y dio a luz un hijo. Entonces el Señor me dijo: «Ponle por nombre Maher Salal Jasbaz. Antes de que el niño aprenda a decir “papá” y “mamá”, la riqueza de Damasco y el botín de Samaria serán llevados ante el rey de Asiria.»

El Señor volvió a decirme:
«Por cuanto este pueblo ha rechazado las mansas corrientes de Siloé y se regocija con Rezín y con el hijo de Remalías, el Señor está a punto de traer contra ellos las impetuosas crecientes del río Éufrates: al rey de Asiria con toda su gloria. Rebasará todos sus canales, desbordará todas sus orillas; pasará hasta Judá, la inundará, y crecerá hasta llegarle al cuello. Sus alas extendidas, ¡oh Emanuel!, cubrirán la anchura de tu tierra.»
Escuchen esto, naciones,  todas las naciones lejanas: ¡Alcen el grito de guerra, y serán destrozadas! ¡Prepárense para la batalla, y serán despedazadas! ¡Prepárense para la batalla, y serán desmenuzadas! 10 Tracen su estrategia, pero será desbaratada;  propongan su plan, pero no se realizará, porque Dios está con nosotros.

11 El Señor me habló fuertemente y me advirtió que no siguiera el camino de este pueblo. Me dijo:
12 «No digan ustedes que es conspiración todo lo que llama conspiración esta gente;
no teman lo que ellos temen, ni se dejen asustar. 13 Sólo al SeñorTodopoderoso tendrán ustedes por santo, sólo a él deben honrarlo, sólo a él han de temerlo.
14 El Señor será un santuario Pero será una piedra de tropiezo para las dos casas de Israel; ¡una roca que los hará caer! ¡Será para los habitantes de Jerusalén un lazo y una trampa! 15 Muchos de ellos tropezarán; caerán y serán quebrantados. Se les tenderán trampas, y en ellas quedarán atrapados.»

16 Guarda bien el testimonio; sella la ley entre mis discípulos. 17 El Señor ha escondido su rostro del pueblo de Jacob, pero yo esperaré en él, pues en él tengo puesta mi esperanza. 18 Aquí me tienen, con los hijos que el Señor me ha dado. Somos en Israel señales y presagios del Señor Todopoderoso, que habita en el monte Sión. 19 Si alguien les dice: «Consulten a las pitonisas y a los agoreros que susurran y musitan; ¿acaso no es deber de un pueblo consultar a sus dioses y a los muertos, en favor de los vivos?», 20 yo les digo: «¡Aténganse a la ley y al testimonio!» Para quienes no se atengan a esto, no habrá un amanecer.21 Ustedes habrán de enfurecerse cuando, angustiados y hambrientos, vaguen por la tierra. Levantando los ojos al cielo, maldecirán a su rey y a su Dios, 22 y clavando la mirada en la tierra, sólo verán aflicción, tinieblas y espantosa penumbra; ¡serán arrojados a una oscuridad total!

27 – Liberación de Israel
1 En aquel día el Señor castigará a Leviatán, la serpiente huidiza, a Leviatán, la serpiente tortuosa. Con su espada violenta, grande y poderosa, matará al Dragón que está en el mar. «Canten en aquel día a la viña escogida: Yo, el Señor, soy su guardián; todo el tiempo riego mi viña. Día y noche cuido de ella para que nadie le haga daño. No estoy enojado. Si tuviera zarzas y espinos, pelearía contra ella y la quemaría totalmente, a menos que ella acudiera a mi refugio e hiciera las paces conmigo, sí, que hiciera las paces conmigo.»

Días vendrán en que Jacob echará raíces, en que Israel retoñará y florecerá, y llenará el mundo con sus frutos. ¿Acaso el Señor lo ha golpeado como hizo con quien lo golpeaba? ¿Acaso le dio muerte como hizo con quienes lo mataron? Contendió con él con guerra y destierro; lo expulsó con su soplo violento al soplar el viento del este. Así quedará expiada la iniquidad de Jacob; ésta será la única condición  para que se le perdone su pecado: que reduzca a polvo todas las piedras del altar, como si moliera piedra caliza, y no deje en pie ninguna imagen de Aserá ni altar de incienso alguno.

10 En ruinas está la ciudad fortificada; es un sitio sin habitantes, abandonado como el desierto. Allí se echa el ternero, allí pace y deshoja las ramas. 11 Una vez secas, las ramas se quiebran; vienen luego las mujeres y con ellas hacen fuego. Porque éste es un pueblo sin entendimiento; por eso su Creador no le tiene compasión, ni de él se apiada quien lo formó. 12 En aquel día el Señor trillará desde las corrientes del Éufrates hasta el torrente de Egipto, y ustedes, israelitas, serán recogidos uno por uno. 13 En aquel día sonará una gran trompeta. Los que fueron llevados a Asiria y los que fueron desterrados a Egipto vendrán y adorarán al Señor sobre el monte santo en Jerusalén.

Isaias 59 – Pecado, confesión y redención
1La mano del no es corta para salvar, ni es sordo su oído para oír. Son las iniquidades de ustedes las que los separan de su Dios. Son estos pecados los que lo llevan a ocultar su rostro para no escuchar. Ustedes tienen las manos manchadas de sangre y los dedos manchados de iniquidad. Sus labios dicen mentiras; su lengua murmura maldades.
Nadie clama por la justicia, nadie va a juicio con integridad. Se confía en argumentos sin sentido, y se mienten unos a otros. Conciben malicia y dan a luz perversidad. Incuban huevos de víboras y tejen telarañas. El que coma de estos huevos morirá; si uno de ellos se rompe, saldrá una culebra. Sus tejidos no sirven para vestido; no podrán cubrirse con lo que fabrican.Sus obras son obras de iniquidad, y sus manos generan violencia.
Sus pies corren hacia el mal; se apresuran a derramar sangre inocente. Sus pensamientos son perversos; dejan ruina y destrucción en sus caminos. No conocen la senda de la paz; no hay justicia alguna en su camino. Abren senderos tortuosos, y el que anda por ellos no conoce la paz.

Por eso el derecho está lejos de nosotros, y la justicia queda fuera de nuestro alcance.
Esperábamos luz, pero todo es tinieblas; claridad, pero andamos en densa oscuridad.
10 Vamos palpando la pared como los ciegos, andamos a tientas como los que no tienen ojos. En pleno mediodía tropezamos como si fuera de noche; teniendo fuerzas, estamos como muertos. 11 Todos nosotros gruñimos como osos, gemimos como palomas. Esperábamos la justicia, y no llegó; ¡la liberación sigue lejos de nosotros!

12 Tú sabes que son muchas nuestras rebeliones; nuestros pecados nos acusan.
Nuestras rebeliones no nos dejan; conocemos nuestras iniquidades. 13 Hemos sido rebeldes; hemos negado al Señor. ¡Le hemos vuelto la espalda a nuestro Dios!
Fomentamos la opresión y la traición; proferimos las mentiras concebidas en nuestro corazón. 14 Así se le vuelve la espalda al derecho, y se mantiene alejada la justicia; a la verdad se le hace tropezar en la plaza, y no le damos lugar a la honradez. 15 No se ve la verdad por ninguna parte; al que se aparta del mal lo despojan de todo.

El Señor lo ha visto, y le ha disgustado ver que no hay justicia alguna. 16 Lo ha visto, y le ha asombrado ver que no hay nadie que intervenga. Por eso su propio brazo vendrá a salvarlos; su propia justicia los sostendrá. 17 Se pondrá la justicia como coraza, y se cubrirá la cabeza con el casco de la salvación; se vestirá con ropas de venganza, y se envolverá en el manto de sus celos. 18 Les pagará según sus obras; a las costas lejanas les dará su merecido: furor para sus adversarios, y retribución para sus enemigos. 19 Desde el occidente temerán el nombre del Señor, y desde el oriente respetarán su gloria. Porque vendrá como un torrente caudaloso, impulsado por el soplo del Señor.

20 «El Redentor vendrá a Sión; ¡vendrá a todos los de Jacob que se arrepientan de su rebeldía! —afirma el Señor —. 21 »En cuanto a mí —dice el Señor —, éste es mi pacto con ellos:Mi Espíritu que está sobre ti, y mis palabras que he puesto en tus labios,
no se apartarán más de ti, ni de tus hijos ni de sus descendientes, desde ahora y para siempre —dice el Señor —.

2 Crónicas 28 – Acaz, rey de Judá
1 Acaz tenía veinte años cuando ascendió al trono, y reinó en Jerusalén dieciséis años. Pero a diferencia de su antepasado David, Acaz no hizo lo que agrada al Señor. Al contrario, siguió el mal ejemplo de los reyes de Israel, y también hizo imágenes fundidas de los baales. Así mismo, quemó incienso en el valle de Ben Hinón y sacrificó en el fuego a sus hijos, según las repugnantes ceremonias de las naciones que el Señor había expulsado al paso de los israelitas. También ofrecía sacrificios y quemaba incienso en los santuarios paganos, en las colinas y bajo todo árbol frondoso.

Por eso el Señor su Dios lo entregó al poder del rey de Siria. Los sirios lo derrotaron, y capturaron una gran cantidad de prisioneros que se llevaron a Damasco. Acaz también cayó en poder del rey de Israel, quien le infligió una gran derrota. En un solo día, Pecaj hijo de Remalías mató en Judá a ciento veinte mil hombres, todos ellos soldados valientes, porque los habitantes de Judá habían abandonado al Señor, Dios de sus antepasados. Zicrí, un guerrero de Efraín, mató a Maseías, hijo del rey, a Azricán, oficial encargado del palacio, y a Elcaná, que era el oficial más importante después del rey. De entre sus hermanos de Judá, los israelitas capturaron a doscientas mil personas, incluyendo a mujeres, niños y niñas. Además, se apoderaron de un enorme botín, que se llevaron a Samaria.

Había allí un hombre llamado Oded, que era profeta del Señor. Cuando el ejército regresaba a Samaria, este profeta salió a su encuentro y les dijo:
—El Señor, Dios de sus antepasados, entregó a los de Judá en manos de ustedes, porque estaba enojado con ellos. Pero ustedes los mataron con tal furia, que repercutió en el cielo. 10 Y como si fuera poco, ¡ahora pretenden convertir a los habitantes de Judá y de Jerusalén en sus esclavos! ¿Acaso no son también ustedes culpables de haber pecado contra el Señor su Dios?

11 Por tanto, háganme caso: dejen libres a los prisioneros. ¿Acaso no son sus propios hermanos? ¡La ira del Señor se ha encendido contra ustedes!

12 Entonces Azarías hijo de Johanán, Berequías hijo de Mesilemot, Ezequías hijo de Salún, y Amasá hijo de Hadlay, que eran jefes de los efraimitas, se enfrentaron a los que regresaban de la guerra 13 y les dijeron:
—No traigan aquí a los prisioneros, porque eso nos haría culpables ante el Señor. ¿Acaso pretenden aumentar nuestros pecados y nuestras faltas? ¡Ya es muy grande nuestra culpa, y la ira del Señor se ha encendido contra Israel!

14 Así que los soldados dejaron libres a los prisioneros, y pusieron el botín a los pies de los jefes y de toda la asamblea. 15 Algunos fueron nombrados para que se hicieran cargo de los prisioneros, y con la ropa y el calzado del botín vistieron a todos los que estaban desnudos. Luego les dieron de comer y de beber, y les untaron aceite. Finalmente, a los que estaban débiles los montaron en burros y los llevaron a Jericó, la ciudad de las palmeras, para reunirlos con sus hermanos. Después, aquellos hombres volvieron a Samaria.

16 En aquel tiempo, el rey Acaz solicitó la ayuda de los reyes de Asiria, 17 porque los edomitas habían atacado nuevamente a Judá y se habían llevado algunos prisioneros. 18 Por su parte, los filisteos saquearon las ciudades de Judá que estaban en la llanura y en el Néguev, se apoderaron de Bet Semes, Ayalón, Guederot, Soco, Timná y Guimzó, junto con sus respectivas aldeas, y se establecieron en ellas. 19 Así fue como el Señor humilló a Judá, por culpa de Acaz su rey, quien permitió el desenfreno en Judá y se rebeló totalmente contra el Señor.

20 Tiglat Piléser, rey de Asiria, en vez de apoyar a Acaz, marchó contra él y empeoró su situación. 21 Entonces Acaz le entregó al rey de Asiria todo lo que había de valor en el templo del Señor, en el palacio real y en las casas de sus oficiales; pero eso de nada le sirvió. 22 Y a pesar de encontrarse tan presionado, el rey Acaz se empecinó en su rebelión contra el Señor. 23 Incluso ofreció sacrificios a los dioses de Damasco que lo habían derrotado, pues pensó: «Como los dioses de Siria ayudan a sus reyes, también me ayudarán a mí si les ofrezco sacrificios.» Pero esos dioses fueron su ruina y la de todo Israel. 24 Acaz también juntó y despedazó los utensilios del templo del Señor, cerró sus puertas e hizo construir altares en cada esquina de Jerusalén. 25 Y en todas las ciudades de Judá hizo construir santuarios paganos para quemar incienso a otros dioses, ofendiendo así al Señor, Dios de sus antepasados.

26 Los demás acontecimientos de su reinado, desde el primero hasta el último, lo mismo que su conducta, están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel. 27 Acaz murió y fue sepultado en la ciudad de Jerusalén, pero no en el panteón de los reyes de Israel. Su hijo Ezequías lo sucedió en el trono.

27 DE MAYO 2016

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Lectura para hoy: Miqueas 3, 6-7; 2 Reyes 16

Miqueas 3
1 Entonces dije: «Escuchen, gobernantes de Jacob, autoridades del pueblo de Israel: ¿Acaso no les corresponde a ustedes conocer el derecho? 2 Ustedes odian el bien y aman el mal; a mi pueblo le arrancan la piel del cuerpo y la carne de los huesos; 3 ustedes se devoran a mi pueblo, le arrancan la piel, le rompen los huesos; lo descuartizan como carne para la olla, como carne para el horno». 4 Ya le pedirán auxilio al Señor, pero él no les responderá; esconderá de ellos su rostro porque hicieron lo malo.

5 Esto es lo que dice el SEÑOR contra ustedes, profetas que descarrían a mi pueblo: «Con el estómago lleno, invitan a la paz; con el vientre vacío, declaran la guerra. 6 Por tanto, tendrán noches sin visiones, oscuridad sin presagios». El sol se ocultará de estos profetas; ¡el día se les volverá tinieblas! 7 Los videntes quedarán en vergüenza; los adivinos serán humillados. Dios les tapará la boca, pues no les dará respuesta. 8 Yo, en cambio, estoy lleno de poder, lleno del Espíritu del SEÑOR, y lleno de justicia y de fuerza, para echarle en cara a Jacob su delito; para reprocharle a Israel su pecado. 9 Escuchen esto ustedes, gobernantes del pueblo de Jacob, y autoridades del reino de Israel, que abominan la justicia y tuercen el derecho, 10 que edifican a Sión con sangre y a Jerusalén con injusticia. 11 Sus gobernantes juzgan por soborno, sus sacerdotes instruyen por paga, y sus profetas predicen por dinero; para colmo, se apoyan en el SEÑOR, diciendo: «¿No está el SEÑOR entre nosotros? ¡No vendrá sobre nosotros ningún mal!» 12 Por lo tanto, por culpa de ustedes Sión será como un campo arado; Jerusalén quedará en ruinas, y el monte del templo se volverá un matorral.

Miqueas 6
1 Escuchen lo que dice el Señor: «Levántate, presenta tu caso ante las montañas; deja que las colinas oigan tu voz». 2 Escuchen, montañas, la querella del Señor; presten atención, firmes cimientos de la tierra; el Señor entra en juicio contra su pueblo, entabla un pleito contra Israel: 3 «Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¡Dime en qué te he ofendido! 4 Yo fui quien te sacó de Egipto, quien te libró de esa tierra de esclavitud. Yo envié a Moisés, Aarón y Miriam, para que te dirigieran. 5 Recuerda, pueblo mío, lo que tramaba Balac, rey de Moab, y lo que le respondió Balán hijo de Beor. Recuerda tu paso desde Sitín hasta Guilgal, y reconoce las hazañas redentoras del Señor».

6 ¿Cómo podré acercarme al Señor y postrarme ante el Dios Altísimo? ¿Podré presentarme con holocaustos o con becerros de un año? 7 ¿Se complacerá el Señor con miles de carneros, o con diez mil arroyos de aceite? ¿Ofreceré a mi primogénito por mi delito, al fruto de mis entrañas por mi pecado? 8 ¡Ya se te ha declarado lo que es bueno! Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor: Practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios. 9 Tribu y asamblea de la ciudad, escuchen la voz del Señor, que los convoca, pues es de sabios temer su nombre.

10 «¡Malvados! ¿Debo tolerar sus tesoros mal habidos, y sus odiosas medidas adulteradas? 11 ¿Debo tener por justas la balanza falsa y la bolsa de pesas alteradas? 12 Los ricos de la ciudad son gente violenta; sus habitantes son gente mentirosa; ¡engañan con la boca y con la lengua! 13 Por lo que a mí toca, te demoleré a golpes, te destruiré por tus pecados. 14 Comerás, pero no te saciarás, sino que seguirás padeciendo hambre. Lo que recojas no lo podrás retener, y lo que reten- gas lo entregaré a la espada. 15 Lo que siembres no lo cosecharás, ni usarás el aceite de las aceitunas que exprimas, ni beberás el vino de las uvas que pises. 16 Tú sigues fielmente los decretos de Omrí y todas las prácticas de la dinastía de Acab; te conduces según sus consejos. Por eso voy a entregarte a la destrucción, y a poner en ridículo a tus habitantes. ¡Tendrás que soportar el insulto de los pueblos!»

Miqueas 7
1
¡Pobre de mí! No llegué a tiempo para la cosecha de verano ni para los rebuscos de la vendimia; no tengo un solo racimo que comer, ni un higo tierno, por el que me muero. 2 La gente piadosa ha sido eliminada del país, ¡ya no hay gente honrada en este mundo! Todos tratan de matar a alguien, y unos a otros se tienden redes. 3 Nadie les gana en cuanto a hacer lo malo; funcionarios y jueces exigen soborno. Los magnates no hacen más que pedir, y todos complacen su codicia. 4 El mejor de ellos es más enmarañado que una zarza; el más recto, más torcido que un espino. Pero ya viene el día de su con- fusión; ¡ya se acerca el día de tu castigo anunciado por tus centinelas! 5 No creas en tu prójimo, ni confíes en tus amigos; cuídate de lo que hablas con la que duerme en tus brazos. 6 El hijo ultraja al padre, la hija se rebela contra la madre, la nuera contra la suegra, y los enemigos de cada cual están en su propia casa. 7 Pero yo he puesto mi esperanza en el Señor; yo espero en el Dios de mi salvación. ¡Mi Dios me escuchará!

8 Enemiga mía, no te alegres de mi mal. Caí, pero he de levantarme; vivo en tinieblas, pero el Señor es mi luz. 9 He pecado contra el Señor, así que soportaré su furia hasta que él juzgue mi causa y me haga justicia. Entonces me sacará a la luz y gozaré de su salvación. 10 Cuando lo vea mi enemiga, la que me decía: «¿Dónde está tu Dios?», se llenará de vergüenza. Mis ojos contemplarán su desgracia, pues será pisoteada como el lodo de las calles. 11 El día que tus muros sean reconstruidos será el momento de extender tus fronteras.

12 Ese día acudirán a ti los pueblos, desde Asiria hasta las ciudades de Egipto, desde el río Nilo hasta el río Éufrates, de mar a mar y de montaña a montaña. 13 La tierra quedará desolada por culpa de sus habitantes, como resultado de su maldad. 14 Pastorea con tu cayado a tu pueblo, al rebaño de tu propiedad, que habita solitario en el bosque, en medio de la espesura. Hazlo pastar en Basán y en Galaad como en los tiempos pasados.

15 Muéstrale tus prodigios, como cuando lo sacaste de Egipto. 16 Las naciones verán tus maravillas y se avergonzarán de toda su pre- potencia; se llevarán la mano a la boca y sus oídos se ensordecerán. 17 Lamerán el polvo como serpientes, como los reptiles de la tierra. Saldrán temblando de sus escondrijos y, temerosos ante tu presencia, se volverán a ti, Señor y Dios nuestro. 18 ¿Qué Dios hay como tú, que perdone la maldad y pase por alto el delito del remanente de su pueblo? No siempre estarás airado, porque tu mayor placer es amar. 19 Vuelve a compadecerte de nosotros. Pon tu pie sobre nuestras maldades y arroja al fondo del mar todos nuestros pecados. 20 Muestra tu fidelidad a Jacob, y tu lealtad a Abraham, como desde tiempos antiguos se lo juraste a nuestros antepasados.

2 Reyes 16
1 En el año diecisiete del reinado de Pecaj hijo de Remalías, Acaz hijo de Jotán ascendió al trono. 2 Tenía veinte años cuando comenzó a reinar, y reinó en Jerusalén dieciséis años. Pero a diferencia de su antepasado David, Acaz no hizo lo que agradaba al SEÑOR su Dios. 3 Al contrario, siguió el mal ejemplo de los reyes de Israel, y hasta sacrificó en el fuego a su hijo, según las repugnantes ceremonias de las naciones que el SEÑOR había expulsado delante de los israelitas. 4 También ofrecía sacrificios y quemaba incienso en los santuarios paganos, en las colinas y bajo todo árbol frondoso.

5 En cierta ocasión, Rezín, rey de Siria, y Pecaj hijo de Remalías, rey de Israel, marcharon hacia Jerusalén para hacerle guerra a Acaz, y sitiaron la ciudad, pero no lograron tomarla. 6 Por aquel tiempo, Rezín, rey de Siria, había reconquistado la ciudad de Elat, desalojando a los de Judá que vivían allí. Posteriormente los edomitas se establecieron en Elat, y allí se han quedado hasta el día de hoy. 7 Acaz envió entonces mensajeros a Tiglat Piléser, rey de Asiria, con este mensaje: «Ya que soy tu servidor y vasallo, ven y líbrame del poder del rey de Siria y del rey de Israel, que se han puesto en mi contra». 8 Acaz también juntó la plata y el oro que había en el templo del SEÑOR y en el tesoro del palacio real, y se lo envió todo al rey de Asiria como un regalo. 9 El rey de Asiria, accediendo a su petición, lanzó un ataque contra Damasco y conquistó la ciudad. Luego deportó a sus habitantes a Quir, y mató a Rezín. 10 El rey Acaz fue entonces a Damasco para encontrarse con Tiglat Piléser, rey de Asiria. Cuando vio el altar que había en la ciudad, el rey Acaz le envió al sacerdote Urías un plano del altar, con un dibujo de todos los detalles. 11 Entonces Urías construyó un altar según las instrucciones que el rey Acaz le había enviado desde Damasco, y lo terminó antes de que el rey regresara. 12 Cuando éste llegó de Damasco y vio el altar, se acercó y presentó allí una ofrenda.

13 Ofreció el holocausto con la ofrenda, derramó su libación y roció sobre el altar la sangre de los sacrificios de comunión. 14 El altar de bronce, que estaba en la presencia del SEÑOR, lo retiró de la parte delantera del edificio y lo situó en el lado norte del nuevo altar, ya que ahora quedaba entre el nuevo altar y el templo del SEÑOR. 15 Luego le dio estas órdenes al sacerdote Urías: «Ofrece en este gran altar el holocausto matutino y la ofrenda vespertina, así como el holocausto y la ofrenda del rey, y también los holocaustos, las ofrendas y las libaciones del pueblo en general. Rocía sobre este altar la sangre de todos los holocaustos y sacrificios. Pero el altar de bronce lo usaré yo».

16 Y el sacerdote Urías hizo todo lo que el rey Acaz le ordenó.
17 El rey desmontó los paneles de las bases y les quitó los lavamanos; además bajó la fuente que estaba encima de los bueyes de bronce y la instaló sobre un enlosado de piedra; 18 y por deferencia al rey de Asiria, quitó del templo del SEÑOR el techado que se había construido allí para celebrar los sábados, así como la entrada exterior para el rey. 19 Los demás acontecimientos del reinado de Acaz están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá. 20 Acaz murió y fue sepultado con sus antepasados en la Ciudad de David. Y su hijo Ezequías lo sucedió en el trono.

26 DE MAYO 2016

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Lectura para hoy: PR 236-237

El llamamiento al arrepentimiento se proclamó con inequívoca claridad, y todos fueron invitados a volver. El profeta rogaba: “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos; y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.” Isaías 55:6, 7.

¿Escogiste tú, lector, tu propio camino? ¿Te has extraviado lejos de Dios? ¿Has procurado alimentarte con los frutos de la transgresión, tan sólo para hallar que se tornan cenizas en tus labios? Y ahora, frustrados los planes que hiciste para tu vida, muertas tus esperanzas, ¿te hallas sentado solo y desconsolado? Esa voz que desde hace mucho ha estado hablando a tu corazón y a la cual no quisiste escuchar, te llega distinta y clara: “Levantaos, y andad, que no es ésta la holganza; porque está contaminada, corrompióse, y de grande corrupción.” Miqueas 2:10. Vuelve a la casa de tu Padre. El te invita diciendo: “Tórnate a mí, porque yo te redimí.” “Venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David.” Isaías 44:22; 55:3.

No escuches al enemigo cuando te sugiere que te mantengas alejado de Cristo hasta que hayas mejorado; hasta que seas bastante bueno para allegarte a Dios. Si aguardas hasta entonces, no te acercarás nunca a él. Cuando Satanás te señale tus vestiduras inmundas, repite la promesa del Salvador: “Al que a mí viene, no le echo fuera.” Juan 6:37. Di al enemigo que la sangre de Cristo te limpia de todo pecado. Haz tuya la oración de David: “Purifícame con hisopo, y seré limpio: lávame, y seré emblanquecido más que la nieve.” Salmos 51:7.

Las exhortaciones dirigidas por el profeta a Judá para que con- templase al Dios viviente y aceptase sus ofrecimientos misericordiosos, no fueron vanas. Hubo algunos que le escucharon con fervor, y se apartaron de sus ídolos para adorar a Jehová. Aprendieron a ver amor, misericordia y tierna compasión en su Hacedor. Y en los días sombríos que iban a presentarse en la historia de Judá, cuando sólo quedaría un residuo en la tierra, las palabras del profeta iban a continuar dando fruto en una reforma decidida. Declaró Isaías: “En aquel día mirará el hombre a su Hacedor, y sus ojos contemplarán al Santo de Israel. Y no mirará a los altares que hicieron sus manos, ni mirará a lo que hicieron sus dedos, ni a los bosques, ni a las imágenes del sol.” Isaías 17:7, 8.

Muchos iban a contemplar al que es del todo amable, el principal entre diez mil. Esta fué la misericordiosa promesa que se les dirigió: “Tus ojos verán al Rey en su hermosura.” Isaías 33:17. Sus pecados iban a ser perdonados, y pondrían su confianza en Dios solo. En aquel alegre día en que fuesen redimidos de la idolatría, exclamarían: “Porque ciertamente allí será Jehová para con nosotros fuerte, lugar de ríos, de arroyos muy anchos… Porque Jehová es nuestro juez, Jehová es nuestro legislador, Jehová es nuestro Rey, él mismo nos salvará.” Vers. 21, 22.

Los mensajes dados por Isaías a aquellos que decidieran apartarse de sus malos caminos, estaban impregnados de consuelo y aliento. Oigamos las palabras que les dirigió el Señor por medio de su profeta:

“Acuérdate de estas cosas, oh Jacob, e Israel,
pues que tú mi siervo eres:
Yo te formé; siervo mío eres tú: Israel, no me olvides.
Yo deshice como a nube tus rebeliones,
Y como a niebla tus pecados:
tórnate a mí, porque yo te redimí.” Isaías 44:21, 22.
“Y dirás en aquel día: Cantaré a ti, oh Jehová:
pues aunque te enojaste contra mí,
tu furor se apartó, y me has consolado.
He aquí Dios es salud mía; aseguraréme, y no temeré;
porque mi fortaleza y mi canción es Jah
Jehová, el cual ha sido salud para mí…
“Cantad salmos a Jehová; porque ha hecho cosas magníficas:
sea sabido esto por toda la tierra.
Regocíjate y canta, oh moradora de Sión:
porque grande es en medio de ti el Santo de Israel.” Isaías 12.

25 DE MAYO 2016

Nubes

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Lectura para hoy: PR 233-235

Acerca del futuro cumplimiento de esta profecía, Isaías había oído a los resplandecientes serafines cantar delante del trono: “Toda la tierra está llena de su gloria.” Isaías 6:3. Y el profeta mismo, confiado en la seguridad de estas palabras, declaró audazmente más tarde acerca de aquellos que se postraban ante imágenes de madera y de piedra: “Verán la gloria de Jehová, la hermosura del Dios nuestro.” Isaías 35:2.

Hoy esta profecía se está cumpliendo rápidamente. Las actividades misioneras de la iglesia de Dios en la tierra están produciendo ricos frutos, y pronto el mensaje del Evangelio habrá sido proclama- do a todas las naciones. “Para alabanza de la gloria de su gracia,” hombres y mujeres de toda tribu, lengua y pueblo son transformados y hechos “aceptos en el Amado,” “para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.” Efesios 1:6; 2:7. “Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel, que solo hace maravillas. Y bendito su nombre glorioso para siempre: y toda la tierra sea llena de su gloria.” Salmos 72:18, 19.

En la visión que recibió Isaías en el atrio del templo, se le presentó claramente el carácter del Dios de Israel. Se le había aparecido en gran majestad “el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo;” sin embargo se le hizo comprender la naturaleza compasiva de su Señor. El que mora “en la altura y la santidad” mora también “con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.” Isaías 57:15. El ángel enviado a tocar los labios de Isaías le había traído este mensaje: “Es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.” Isaías 6:7.

Al contemplar a su Dios, el profeta, como Saulo de Tarso frente a Damasco, recibió no sólo una visión de su propia indignidad, sino que penetró en su corazón humillado la seguridad de un perdón completo y gratuito, y se levantó transformado. Había visto a su Señor. Había obtenido una vislumbre de la hermosura del carácter divino. Podía atestiguar la transformación que se realizó en él por la contemplación del amor infinito. Se sintió inspirado desde entonces por el deseo ardiente de ver al errante Israel libertado de la carga y penalidad del pecado. Preguntó el profeta: “¿Para qué habéis de ser castigados aún?” “Venid luego, dirá Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos: si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.” “Lavad, limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de ante mis ojos; dejad de hacer lo malo: aprended a hacer bien.” Isaías 1:5, 18, 16, 17.

El Señor a quien aseveraban servir, pero cuyo carácter no habían comprendido, les fué presentado como el gran Médico de la enfermedad espiritual. ¿Qué importaba que toda la cabeza estuviese enferma y desmayase el corazón? ¿Qué importaba que desde la planta del pie hasta la coronilla no hubiese lugar sano, sino heridas, magulladuras y llagas putrefactas? Vers. 6. El que se había desviado siguiendo los impulsos de su corazón podía sanar si se volvía al Señor. Dios declaraba: “Visto he sus caminos, y le sanaré, y le pastorearé, y daréle consolaciones… Paz, paz al lejano y al cercano, dijo Jehová; y sanarélo.” Isaías 57:18, 19.

El profeta ensalzaba a Dios como Creador de todo. Su mensaje a las ciudades de Judá era: “¡He ahí a vuestro Dios!” Isaías 40:9 (VM). “Así dice el Dios Jehová, el Criador de los cielos, y el que los extiende; el que extiende la tierra y sus verduras: … Yo Jehová, que lo hago todo; … que formo la luz y crío las tinieblas; … yo hice la tierra, y crié sobre ella al hombre. Yo, mis manos, extendieron los cielos, y a todo su ejército mandé.” Isaías 42:5; 44:24; 45:7, 12. “¿A qué pues me haréis semejante, o seré asimilado? dice el Santo. Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quien crió estas cosas: él saca por cuenta su ejército: a todas llama por sus nombres; ninguna faltará: tal es la grandeza de su fuerza, y su poder y virtud.” Isaías 40:25, 26.

A aquellos que temían que no serían recibidos si volvían a Dios, el profeta declaró: “¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi amino es escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio? ¿No has sabido, no has oído que el Dios del siglo es Jehová, el cual crió los términos de la tierra? No se trabaja, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los mancebos se fatigan y se cansan, los mozos flaquean y caen: mas los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán las alas como águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” Vers. 27-31.

El corazón lleno de amor infinito se conduele de aquellos que se sienten imposibilitados para librarse de las trampas de Satanás; y les ofrece misericordiosamente fortalecerlos a fin de que puedan vivir para él. Les dice: “No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.” “Porque yo Jehová soy tu Dios, que te ase de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudé. No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel; yo te socorrí, dice Jehová, y tu Redentor el Santo de Israel.” Isaías 41:10, 13, 14.

Todos los habitantes de Judá eran personas sin méritos, y sin embargo Dios no quería renunciar a ellos. Por su medio, el nombre de él debía ser ensalzado entre los paganos. Muchos que desconocían por completo sus atributos habían de contemplar todavía la gloria del carácter divino. Con el propósito de presentar claramente sus designios misericordiosos, seguía enviando sus siervos los profetas con el mensaje: “Volveos ahora de vuestro mal camino.” Jeremías 25:5. “Por amor de mi nombre dilataré mi furor, y para alabanza mía te daré largas, para no talarte.” “Por mí, por amor de mí lo haré, para que no sea mancillado mi nombre, y mi honra no la daré a otro.” Isaías 48:9, 11.

24 DE MAYO 2016

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Lectura para hoy: PR 231-232 Capítulo 26 – “He ahí a vuestro Dios”

En los tiempos de Isaías la comprensión espiritual de la humanidad se hallaba obscurecida por un concepto erróneo acerca de Dios. Durante mucho tiempo Satanás había procurado inducir a los hombres a considerar a su Creador como autor del pecado, el sufrimiento y la muerte. Los que habían sido así engañados se imaginaban que Dios era duro y exigente. Le veían como al acecho para denunciar y condenar, nunca dispuesto a recibir al pecador mientras hubiese una excusa legal para no ayudarle. La ley de amor que rige el cielo había sido calumniada por el gran engañador y presentada como una restricción de la felicidad humana, un yugo gravoso del cual debían escapar gustosos. Declaraba que era imposible obedecer sus preceptos, y que los castigos por la transgresión se imponían arbitrariamente.

Los israelitas no tenían excusa por olvidarse del verdadero carácter de Jehová. Con frecuencia se les había revelado como “Dios misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad.” Salmos 86:15. Había testificado: “Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo.” Oseas 11:1.
El Señor había tratado a Israel con ternura al librarlo de la ser vidumbre egipcia y mientras viajaba hacia la tierra prometida. “En toda angustia de ellos él fué angustiado, y el ángel de su faz los salvó: en su amor y en su clemencia los redimió, y los trajo, y los levantó todos los días del siglo.” Isaías 63:9.

“Mi rostro irá contigo” (Éxodo 33:14), fué la promesa hecha durante el viaje a través del desierto. Y fué acompañada por una maravillosa revelación del carácter de Jehová, que permitió a Moisés proclamar a todo Israel la bondad de Dios e instruirlo en forma más completa acerca de los atributos de su Rey invisible. “Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: Jehová, Jehová, fuerte, misericordioso, y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad; que guarda la misericordia en millares, que perdona la iniquidad, la rebelión, y el pecado, y que de ningún modo justificará al malvado.” Éxodo 34:6, 7.

En este conocimiento de la longanimidad de Jehová y de su amor y misericordia infinitos había basado Moisés su admirable intercesión por la vida de Israel cuando, en los lindes de la tierra prometida, ese pueblo se había negado a avanzar en obediencia a la orden de Dios. En el apogeo de su rebelión, el Señor había declarado: “Yo le heriré de mortandad, y lo destruiré;” y había propuesto hacer de los descendientes de Moisés una “gente grande y más fuerte que ellos.” Números 14:12. Pero el profeta invocó las maravillosas providencias y promesas de Dios en favor de la nación escogida. Y luego, como el argumento más poderoso, insistió en el amor de Dios hacia el hombre caído. Vers.17-19.

Misericordiosamente, el Señor contestó: “Yo lo he perdonado conforme a tu dicho.” Y luego impartió a Moisés, en forma de profecía, un conocimiento de su propósito concerniente al triunfo final de Israel. Declaró: “Mas, ciertamente vivo yo y mi gloria hinche toda la tierra.” Vers.20,21. La gloria de Dios, su carácter, su misericordiosa bondad ytierno amor, aquello que Moisés había invocado en favor de Israel, había de revelarse a toda la humanidad. Y la promesa de Jehová fué hecha doblemente segura al ser confirmada por un juramento. Con tanta certidumbre como que Dios vive y reina, su gloria iba a ser declarada “entre las gentes” y “en todos los pueblos sus maravillas.” Salmos 96:3.

23 DE MAYO 2016

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Lectura para hoy: Isaías 55, 57, 63; Miqueas 1-2

Isaias 55 – Invitación a los sedientos
1 »¡Vengan a las aguas todos los que tengan sed! ¡Vengan a comprar y a comer los que no tengan dinero! Vengan, compren vino y leche sin pago alguno. ¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan, y su salario en lo que no satisface? Escúchenme bien, y comerán lo que es bueno, y se deleitarán con manjares deliciosos. Presten atención y vengan a mí, escúchenme y vivirán. Haré con ustedes un pacto eterno, conforme a mi constante amor por David. Lo he puesto como testigo para los pueblos, como su jefe supremo. Sin duda convocarás a naciones que no conocías, y naciones que no te conocían correrán hacia ti, gracias al Señor tu Dios, el Santo de Israel, que te ha colmado de honor.»

Busquen al Señor mientras se deje encontrar, llámenlo mientras esté cercano.
Que abandone el malvado su camino, y el perverso sus pensamientos. Que se vuelva al Señor, a nuestro Dios, que es generoso para perdonar, y de él recibirá misericordia.
«Porque mis pensamientos no son los de ustedes, ni sus caminos son los míos —afirma el Señor —. Mis caminos y mis pensamientos son más altos que los de ustedes; ¡más altos que los cielos sobre la tierra! 10 Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo, y no vuelven allá sin regar antes la tierra y hacerla fecundar y germinar para que dé semilla al que siembra y pan al que come, 11 así es también la palabra que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo deseo y cumplirá con mis propósitos. 12 Ustedes saldrán con alegría y serán guiados en paz. A su paso, las montañas y las colinas prorrumpirán en gritos de júbilo y aplaudirán todos los árboles del bosque. 13 En vez de zarzas, crecerán cipreses; mirtos, en lugar de ortigas. Esto le dará renombre al Señor; será una señal que durará para siempre.»

Isaías 57
1 El justo perece, y a nadie le importa; mueren tus siervos fieles, y nadie comprende que mueren los justos a causa del mal. Los que van por el camino recto mueren en paz; hallan reposo en su lecho de muerte.

«Ustedes, hijos de hechicera, descendientes de adúltero con prostituta, ¡acérquense!
¿De quién quieren burlarse? ¿A quién le hacen muecas despectivas y le sacan la lengua? ¿Acaso no son ustedes una camada de rebeldes, y una descendencia de mentirosos? Entre los robles, y debajo de todo árbol frondoso, dan rienda suelta a su lujuria; junto a los arroyos, y en las grietas de las rocas, sacrifican a niños pequeños.
Las piedras lisas de los arroyos, serán tu herencia; sí, ellas serán tu destino. Ante ellas has derramado libaciones y has presentado ofrendas de grano. Ante estas cosas, ¿me quedaré callado?

Sobre un monte alto y encumbrado, pusiste tu lecho, y hasta allí subiste para ofrecer sacrificios. Detrás de tu puerta y de sus postes has puesto tus símbolos paganos.
Te alejaste de mí, te desnudaste, subiste al lecho que habías preparado;
entraste en arreglos con la gente con quienes deseabas acostarte, y contemplaste su desnudez. Acudiste a Moloc y le llevaste aceite de oliva, y multiplicaste tus perfumes.
Enviaste muy lejos a tus embajadores; ¡hasta el sepulcro mismo los hiciste bajar!
10 De tanto andar te cansaste, pero no dijiste: “Hasta aquí llego.” Lograste renovar tus fuerzas; por eso no desmayaste.

11 »¿Quién te asustó, quién te metió miedo, que me has engañado? No te acordaste de mí, ni me tomaste en cuenta. ¿Será que no me temes porque guardé silencio tanto tiempo? 12 Yo denunciaré tu justicia y tus obras, y de nada te servirán. 13 Cuando grites pidiendo ayuda, ¡que te salve tu colección de ídolos! A todos ellos se los llevará el viento; con un simple soplo desaparecerán. Pero el que se refugia en mí recibirá la tierra por herencia y tomará posesión de mi monte santo.»

Consuelo para los contritos
14 Y se dirá:
«¡Construyan, construyan, preparen el camino! ¡Quiten los obstáculos del camino de mi pueblo!» 15 Porque lo dice el excelso y sublime, el que vive para siempre, cuyo nombre es santo: «Yo habito en un lugar santo y sublime, pero también con el contrito y humilde de espíritu, para reanimar el espíritu de los humildes y alentar el corazón de los quebrantados. 16 Mi litigio no será eterno, ni estaré siempre enojado, porque ante mí desfallecerían todos los seres vivientes que he creado. 17 La codicia de mi pueblo es irritable, por perversa, en mi enojo, lo he castigado; le he dado la espalda,
pero él prefirió seguir sus obstinados caminos. 18 He visto sus caminos, pero lo sanaré; lo guiaré y lo colmaré de consuelo. Y a los que lloran por él 19  les haré proclamar esta alabanza: ¡Paz a los que están lejos, y paz a los que están cerca! Yo los sanaré —dice el Señor —, 20 pero los malvados son como el mar agitado, que no puede calmarse, cuyas olas arrojan fango y lodo. 21 No hay paz para los malvados —dice mi Dios—.

Isaías 63 – El día de la venganza y la redención de Dios
1 ¿Quién es este que viene de Edom, desde Bosra, vestido de púrpura?
¿Quién es este de espléndido ropaje, que avanza con fuerza arrolladora? «Soy yo, el que habla con justicia, el que tiene poder para salvar.» ¿Por qué están rojos tus vestidos, como los del que pisa las uvas en el lagar? «He pisado el lagar yo solo; ninguno de los pueblos estuvo conmigo. Los he pisoteado en mi enojo; los he aplastado en mi ira.
Su sangre salpicó mis vestidos, y me manché toda la ropa. ¡Ya tengo planeado el día de la venganza! ¡El año de mi redención ha llegado! Miré, pero no hubo quien me ayudara, me asombró que nadie me diera apoyo. Mi propio brazo me dio la victoria; ¡mi propia ira me sostuvo! En mi enojo pisoteé a los pueblos, y los embriagué con la copa de mi ira; ¡hice correr su sangre sobre la tierra!»

Alabanza y oración
Recordaré el gran amor del Señor, y sus hechos dignos de alabanza, por todo lo que hizo por nosotros, por su compasión y gran amor. ¡Sí, por la multitud de cosas buenas que ha hecho por los descendientes de Israel!

Declaró: «Verdaderamente son mi pueblo, hijos que no me engañarán.» Así se convirtió en el Salvador de todas sus angustias. Él mismo los salvó; no envió un emisario ni un ángel. En su amor y misericordia los rescató; los levantó y los llevó en sus brazos como en los tiempos de antaño. 10 Pero ellos se rebelaron y afligieron a su santo Espíritu.
Por eso se convirtió en su enemigo, y luchó él mismo contra ellos.

11 Su pueblo recordó los tiempos pasados, los tiempos de Moisés:
¿Dónde está el que los guió a través del mar, como guía el pastor a su rebaño?
¿Dónde está el que puso su santo Espíritu entre ellos, 12 el que hizo que su glorioso brazo marchara a la derecha de Moisés, el que separó las aguas a su paso, para ganarse renombre eterno? 13 ¿Dónde está el que los guió a través del mar, como a caballo en el desierto,sin que ellos tropezaran? 14 El Espíritu del Señor les dio descanso, como a ganado que pasta en la llanura. Fue así como guiaste a tu pueblo,para hacerte un nombre glorioso.

15 Mira bien desde el cielo; observa desde tu morada santa y gloriosa. ¿Dónde están tu celo y tu poder? ¡Se nos niega tu abundante compasión y ternura! 16 Pero tú eres nuestro Padre, aunque Abraham no nos conozca ni nos reconozca Israel; tú, Señor, eres nuestro Padre; ¡tu nombre ha sido siempre «nuestro Redentor»! 17 ¿Por qué, Señor, nos desvías de tus caminos, y endureces nuestro corazón para que no te temamos? Vuelve por amor a tus siervos, por las tribus que son tu herencia. 18 Tu pueblo poseyó por un tiempo tu santuario, pero ahora lo han pisoteado nuestros enemigos. 19 Estamos como si nunca nos hubieras gobernado, como si nunca hubiéramos llevado tu nombre.

 Miqueas 1
1
Ésta es la palabra que el Señor dirigió a Miqueas de Moréset, durante los reinados de Jotán, Acaz y Ezequías, reyes de Judá. Ésta es la visión que tuvo acerca de Samaria y de Jerusalén. 2 Escuchen, pueblos todos; preste atención la tierra y todo lo que hay en ella. Desde su santo templo el Señor, el Señor omnipotente, será testigo en contra de ustedes. 3 ¡Miren! Ya sale el Señor de su morada; ya baja y se encamina hacia las cumbres de la tierra. 4 A su paso se derriten las montañas como la cera junto al fuego; se parten en dos los valles como partidos por el agua de un torrente. 5 Y todo esto por la transgresión de Jacob, por los pecados del pueblo de Israel. ¿Acaso no representa Samaria la transgresión de Jacob? ¿Y no es acaso en Jerusalén donde están los santuarios paganos de Judá?

6 Dejaré a Samaria hecha un montón de ruinas: ¡convertida en campo arado para viñedos! Arrojaré sus piedras al valle, y pondré al descubierto sus cimientos. 7 Todos sus ídolos serán hechos pedazos; toda su paga de prostituta será arrojada al fuego. Yo destrozaré todas sus imágenes. Todo cuanto ganó como prostituta, en paga de prostituta se convertirá.

8 Por eso lloraré y gritaré de dolor, y andaré descalzo y desnudo. Aullaré como chacal y gemiré como avestruz. 9 Porque la herida de Samaria es incurable: ha llegado hasta Judá. Se ha extendido hasta mi pueblo, ¡hasta la entrada misma de Jerusalén! 10 No lo anuncien en Gat, no se entreguen al llanto; ¡revuélquense de dolor en el polvo de Bet Leafrá! 11 Habitantes de Safir, emigren desnudos y humilla- dos. Los habitantes de Zanán no se atrevieron a salir. Bet Ésel está gimiendo, y va a retirarles su apoyo.

12 Se retuercen esperando el bien, los habitantes de Marot; el Señor ha enviado el mal hasta la entrada misma de Jerusalén. 13 Habitantes de Laquis, ¡enganchen al carro los corceles! Con ustedes comenzó el pecado de la hija de Sión; en ustedes se hallaron los delitos de Israel.

14 Por tanto, despídanse de Moréset Gat. Los edificios de la ciudad de Aczib son una trampa para los reyes de Israel. 15 Habitantes de Maresá, yo enviaré contra ustedes un conquistador, y hasta Adulán irá a parar la flor y nata de Israel. 16 Así que rasúrate la barba y rápate la cabeza; haz duelo por tus amados hijos; agranda tu calva como la del buitre, pues tus hijos te serán arrebatados.

Miqueas 2
1
¡Ay de los que sólo piensan en el mal, y aun acostados hacen planes malvados! En cuanto amanece, los llevan a cabo porque tienen el poder en sus manos. 2 Codician campos, y se apropian de ellos; casas, y de ellas se adueñan. Oprimen al varón y a su familia, al hombre y a su propiedad. 3 Por tanto, así dice el Señor: «Ahora soy yo el que piensa traer sobre ellos una desgracia, de la que no podrán escapar. Ya no andarán erguidos, porque ha llegado la hora de su desgracia. 4 En aquel día se les hará burla, y se les cantará este lamento: “¡Estamos perdidos! Se están repartiendo los campos de mi pueblo. ¡Cómo me los arrebatan! Nuestra tierra se la reparten los traidores”».

5 Por eso no tendrán en la asamblea del Señor a nadie que reparta la tierra.
6 Estos profetas me dicen: «¡Deja ya de profetizarnos! ¡No nos vengas con que el oprobio nos alcanzará!» 7 Los descendientes de Jacob declaran: «¿Acaso ha perdido el Señor la paciencia? ¿Es ésta su manera de actuar? ¿Acaso no hacen bien sus palabras? ¿Acaso no caminamos con el Justo?»

8 Ayer ustedes eran mi pueblo, pero hoy se han vuelto mis enemigos. A los que pasan confiados, a los que vuelven de la guerra, los despojan de su manto. 9 A las mujeres de mi pueblo las echan de sus preciadas casas, y a sus niños los despojan para siempre del honor que les di. 10 ¡Levántense! ¡Pónganse en marcha, que éste no es un lugar de reposo! ¡Está contaminado, destruido sin remedio! 11 Si con la intención de mentirles, llega algún embustero y les dice: «Yo les anuncio vino y cerveza», este pueblo lo verá como un profeta.

12 Te aseguro, Jacob, que yo reuniré a todo tu pueblo. Te aseguro, Israel, que yo juntaré a tu remanente. Los congregaré como a rebaño en el aprisco, como a ovejas que, en medio del pastizal, balan huyendo de la gente. 13 El que abre brecha marchará al frente, y también ellos se abrirán camino; atravesarán la puerta y se irán, mientras su rey avanza al frente, mientras el Señor va a la cabeza.

22 DE MAYO 2016

12106978305_3c225eac20_zEsúchalo aquí.

Lectura para hoy:  Isaías 42, 44-45, 48

Isaias 42
1 »Éste es mi siervo, a quien sostengo, mi escogido, en quien me deleito;
sobre él he puesto mi Espíritu, y llevará justicia a las naciones.
No clamará, ni gritará, ni alzará su voz por las calles.
No acabará de romper la caña quebrada, ni apagará la mecha que apenas arde.
Con fidelidad hará justicia;  no vacilará ni se desanimará hasta implantar la justicia en la tierra. Las costas lejanas esperan su enseñanza.»

Así dice Dios, el Señor, el que creó y desplegó los cielos; el que expandió la tierra y todo lo que ella produce; el que da aliento al pueblo que la habita, y vida a los que en ella se mueven: «Yo, el Señor, te he llamado en justicia; te he tomado de la mano.
Yo te formé, yo te constituí como pacto para el pueblo, como luz para las naciones, para abrir los ojos de los ciegos, para librar de la cárcel a los presos, y del calabozo a los que habitan en tinieblas.
»Yo soy el Señor; ¡ése es mi nombre! No entrego a otros mi gloria, ni mi alabanza a los ídolos. Las cosas pasadas se han cumplido, y ahora anuncio cosas nuevas; ¡las anuncio antes que sucedan!»

10 Canten al Señor un cántico nuevo, ustedes, que descienden al mar, y todo lo que hay en él; canten su alabanza desde los confines de la tierra, ustedes, costas lejanas y sus habitantes. 11 Que alcen la voz el desierto y sus ciudades, y los poblados donde Cedar habita. Que canten de alegría los habitantes de Selá, y griten desde las cimas de las montañas. 12 Den gloria al y proclamen su alabanza en las costas lejanas. 13 El Señor marchará como guerrero; como hombre de guerra despertará su celo. Con gritos y alaridos se lanzará al combate, y triunfará sobre sus enemigos.

14 «Por mucho tiempo he guardado silencio, he estado callado y me he contenido.
Pero ahora voy a gritar como parturienta, voy a resollar y jadear al mismo tiempo.
15 Devastaré montañas y cerros, y secaré toda su vegetación; convertiré los ríos en tierra seca, y secaré los estanques; 16 conduciré a los ciegos por caminos desconocidos, los guiaré por senderos inexplorados; ante ellos convertiré en luz las tinieblas, y allanaré los lugares escabrosos. Esto haré, y no los abandonaré. 17 Pero retrocederán llenos de vergüenza los que confían en los ídolos, los que dicen a las imágenes: “Ustedes son nuestros dioses.”

18 »Sordos, ¡escuchen! Ciegos, ¡fíjense bien!
19 ¿Quién es más ciego que mi siervo, y más sordo que mi mensajero?
¿Quién es más ciego que mi enviado, y más ciego que el siervo del Señor?
20 Tú has visto muchas cosas, pero no las has captado; tienes abiertos los oídos, pero no oyes nada.» 21 Le agradó al Señor, por amor a su justicia, hacer su ley grande y gloriosa.
22 Pero éste es un pueblo saqueado y despojado, todos atrapados en cuevas o encerrados en cárceles. Son saqueados,  y nadie los libra; son despojados, y nadie reclama.

23 ¿Quién de ustedes escuchará esto y prestará atención en el futuro?
24 ¿Quién entregó a Jacob para el despojo, a Israel para el saqueo? ¿No es acaso el a quien su pueblo ha ofendido? No siguió sus caminos ni obedeció su ley. 25 Por eso el Señor derramó sobre él su ardiente ira y el furor de la guerra. Lo envolvió en llamas, pero no comprendió; lo consumió, pero no lo tomó en serio.

Isaias 44 – Israel, el escogido
1 »Pero ahora, Jacob, mi siervo, Israel, a quien he escogido, ¡escucha!
Así dice el Señor, el que te hizo, el que te formó en el seno materno y te brinda su ayuda: “No temas, Jacob, mi siervo, Jesurún, a quien he escogido, que regaré con agua la tierra sedienta, y con arroyos el suelo seco; derramaré mi Espíritu sobre tu descendencia, y mi bendición sobre tus vástagos, y brotarán como hierba en un prado, como sauces junto a arroyos. Uno dirá: ‘Pertenezco al Señor’; otro llevará el nombre de Jacob, y otro escribirá en su mano: ‘Yo soy del Señor’, y tomará para sí el nombre de Israel.”

»Así dice el Señor, el SeñorTodopoderoso, rey y redentor de Israel:
“Yo soy el primero y el último; fuera de mí no hay otro dios. ¿Quién es como yo? Que lo diga. Que declare lo que ha ocurrido desde que establecí a mi antiguo pueblo; que exponga ante mí lo que está por venir, ¡que anuncie lo que va a suceder!
No tiemblen ni se asusten. ¿Acaso no lo anuncié y profeticé hace tiempo? Ustedes son mis testigos. ¿Hay algún Dios fuera de mí? No, no hay otra Roca; no conozco ninguna.” »

Los que fabrican ídolos no valen nada; inútiles son sus obras más preciadas. Para su propia vergüenza, sus propios testigos no ven ni conocen. 10 ¿Quién modela un dios o funde un ídolo, que no le sirve para nada? 11 Todos sus devotos quedarán avergonzados; ¡simples mortales son los artesanos! Que todos se reúnan y comparezcan; ¡aterrados y avergonzados quedarán todos ellos!

12 El herrero toma una herramienta, y con ella trabaja sobre las brasas;
con martillo modela un ídolo, con la fuerza de su brazo lo forja. Siente hambre, y pierde las fuerzas; no bebe agua, y desfallece. 13 El carpintero mide con un cordel, hace un boceto con un estilete, lo trabaja con el escoplo y lo traza con el compás.
Le da forma humana; le imprime la belleza de un ser humano, para que habite en un santuario. 14 Derriba los cedros,  y escoge un ciprés o un roble, y lo deja crecer entre los árboles del bosque; o planta un pino, que la lluvia hace crecer.
15 Al hombre le sirve de combustible, y toma una parte para calentarse; enciende un fuego y hornea pan. Pero también labra un dios y lo adora; hace un ídolo y se postra ante él.
16 La mitad de la madera la quema en el fuego, sobre esa mitad prepara su comida; asa la carne y se sacia. También se calienta y dice:

«¡Ah! Ya voy entrando en calor, mientras contemplo las llamas.»
17 Con el resto hace un dios, su ídolo; se postra ante él y lo adora.
Y suplicante le dice: «Sálvame, pues tú eres mi dios.»
18 No saben nada, no entienden nada; sus ojos están velados, y no ven; su mente está cerrada, y no entienden. 19 Les falta conocimiento y entendimiento; no se ponen a pensar ni a decir: «Usé la mitad para combustible; incluso horneé pan sobre las brasas, asé carne y la comí. ¿Y haré algo abominable con lo que queda? ¿Me postraré ante un pedazo de madera?»20 Se alimentan de cenizas, se dejan engañar por su iluso corazón, no pueden salvarse a sí mismos, ni decir: «¡Lo que tengo en mi diestra es una mentira!»
21 «Recuerda estas cosas, Jacob, porque tú eres mi siervo, Israel.
Yo te formé, tú eres mi siervo; Israel, yo no te olvidaré.
22 He disipado tus transgresiones como el rocío, y tus pecados como la bruma de la mañana. Vuelve a mí, que te he redimido.»

23 ¡Canten de alegría, cielos, que esto lo ha hecho el Señor! ¡Griten con fuerte voz, profundidades de la tierra! ¡Prorrumpan en canciones, montañas; y bosques, con todos sus árboles! Porque el Señor ha redimido a Jacob, Dios ha manifestado su gloria en Israel.

Jerusalén vuelve a ser habitada
24 «Así dice el Señor, tu Redentor, quien te formó en el seno materno:
“Yo soy el Señor, que ha hecho todas las cosas, yo solo desplegué los cielos y expandí la tierra. ¿Quién estaba conmigo?

25 » ”Yo frustro las señales de los falsos profetas y ridiculizo a los adivinos; yo hago retroceder a los sabios y convierto su sabiduría en necedad. 26 Yo confirmo la palabra de mis siervos y cumplo el consejo de mis mensajeros. Yo digo que Jerusalén será habitada, que los pueblos de Judá serán reconstruidos; y sus ruinas las restauraré. 27 Yo mando que se seque lo profundo del mar, y ordeno que se sequen sus corrientes. 28 Yo afirmo que Ciro es mi pastor, y dará cumplimiento a mis deseos; dispondrá que Jerusalén sea reconstruida, y que se repongan los cimientos del templo.” »

Isaias 45
1 Así dice el Señor a Ciro, su ungido, a quien tomó de la mano derecha para someter a su dominio las naciones y despojar de su armadura a los reyes, para abrir a su paso las puertas y dejar abiertas las entradas:

«Marcharé al frente de ti, y allanaré las montañas; haré pedazos las puertas de bronce y cortaré los cerrojos de hierro. Te daré los tesoros de las tinieblas, y las riquezas guardadas en lugares secretos, para que sepas que yo soy el Señor, el Dios de Israel, que te llama por tu nombre. Por causa de Jacob mi siervo, de Israel mi escogido,
te llamo por tu nombre y te confiero un título de honor, aunque tú no me conoces. Yo soy el Señor, y no hay otro; fuera de mí no hay ningún Dios.
Aunque tú no me conoces, te fortaleceré, para que sepan de oriente a occidente que no hay ningún otro fuera de mí. Yo soy el Señor, y no hay ningún otro.

Yo formo la luz y creo las tinieblas, traigo bienestar y creo calamidad; Yo, el Señor, hago todas estas cosas. »¡Destilen, cielos, desde lo alto! ¡Nubes, hagan llover justicia! ¡Que se abra la tierra de par en par! ¡Que brote la salvación! ¡Que crezca con ella la justicia! Yo, el Señor, lo he creado.»
¡Ay del que contiende con su Hacedor! ¡Ay del que no es más que un tiesto entre los tiestos de la tierra! ¿Acaso el barro le reclama al alfarero: «¡Fíjate en lo que haces! ¡Tu vasija no tiene agarraderas!»?
10 ¡Ay del que le reprocha a su padre: «¡Mira lo que has engendrado!»! ¡Ay del que le reclama a su madre: «¡Mira lo que has dado a luz!»!

11 Así dice el Señor, el Santo de Israel, su artífice:
«¿Van acaso a pedirme cuentas del futuro de mis hijos, o a darme órdenes sobre la obra de mis manos? 12 Yo hice la tierra, y sobre ella formé a la humanidad. Mis propias manos extendieron los cielos, y di órdenes a sus constelaciones. 13 Levantaré a Ciro en justicia; allanaré todos sus caminos. Él reconstruirá mi ciudad y pondrá en libertad a mis cautivos, pero no por precio ni soborno. Lo digo yo, el SeñorTodopoderoso.»

14 Así dice el Señor:
«Los productos de Egipto y la mercancía de Cus, pasarán a ser de tu propiedad;
los sabeos, hombres de elevada estatura, marcharán detrás de ti en cadenas. Se inclinarán en tu presencia, y suplicantes te dirán: “Hay un solo Dios, no hay ningún otro, y ese Dios está contigo.” »

15 Tú, Dios y salvador de Israel, eres un Dios que se oculta. 16 Todos los que hacen ídolos serán avergonzados y humillados, y juntos marcharán con su humillación.
17 Pero Israel será salvada por el con salvación eterna; y nunca más volverá a ser avergonzada ni humillada.

18 Porque así dice el Señor, el que creó los cielos; el Dios que formó la tierra, que la hizo y la estableció; que no la creó para dejarla vacía, sino que la formó para ser habitada:
«Yo soy el Señor, y no hay ningún otro. 19 Desde ningún lugar de esta tierra tenebrosa les he hablado en secreto. Ni he dicho a los descendientes de Jacob: “Búsquenme en el vacío.” Yo, el Señor, digo lo que es justo, y declaro lo que es recto.

20 »Reúnanse, fugitivos de las naciones; congréguense y vengan. Ignorantes son los que cargan ídolos de madera y oran a dioses que no pueden salvar. 21 Declaren y presenten sus pruebas, deliberen juntos. ¿Quién predijo esto hace tiempo, quién lo declaró desde tiempos antiguos? ¿Acaso no lo hice yo, el Señor? Fuera de mí no hay otro Dios;
Dios justo y Salvador, no hay ningún otro fuera de mí.

22 »Vuelvan a mí y sean salvos, todos los confines de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay ningún otro. 23 He jurado por mí mismo, con integridad he pronunciado una palabra irrevocable: Ante mí se doblará toda rodilla, y por mí jurará toda lengua.
24 Ellos dirán de mí: “Sólo en el están la justicia y el poder.” »
Todos los que contra él se enfurecieron ante él comparecerán y quedarán avergonzados.
25 Pero toda la descendencia de Israel será vindicada y exaltada en el Señor.

48 – El Israel obstinado
1 »Escuchen esto ustedes, los de la familia de Jacob, descendientes de Judá, que llevan el nombre de Israel; que juran en el nombre del Señor, e invocan al Dios de Israel, pero no con sinceridad ni justicia. Ustedes que se llaman ciudadanos de la ciudad santa y confían en el Dios de Israel, cuyo nombre es el SeñorTodopoderoso: Desde hace mucho tiempo anuncié las cosas pasadas. Yo las profeticé; yo mismo las di a conocer. Actué de repente, y se hicieron realidad. Porque yo sabía que eres muy obstinado; que tu cuello es un tendón de hierro, y que tu frente es de bronce. Por eso te declaré esas cosas desde hace tiempo; te las di a conocer antes que sucedieran, para que no dijeras: “¡Fue mi ídolo quien las hizo! ¡Mi imagen tallada o fundida las dispuso!”
De todo esto has tenido noticia, ¿y no vas a proclamarlo?
»Desde ahora te haré conocer cosas nuevas; cosas que te son ocultas y desconocidas.

Son cosas creadas ahora, y no hace tiempo; hasta hoy no habías oído hablar de ellas, para que no dijeras: “¡Sí, ya las sabía!”
Nunca habías oído ni entendido; nunca antes se te había abierto el oído.
Yo sé bien que eres muy traicionero, y que desde tu nacimiento te llaman rebelde.
Por amor a mi nombre contengo mi ira; por causa de mi alabanza me refreno, para no aniquilarte. 10 ¡Mira! Te he refinado pero no como a la plata; te he probado en el horno de la aflicción. 11 Y lo he hecho por mí, por mí mismo. ¿Cómo puedo permitir que se me profane? ¡No cederé mi gloria a ningún otro!

Liberación de Israel
12 »Escúchame, Jacob, Israel, a quien he llamado: Yo soy Dios; yo soy el primero, y yo soy el último. 13 Con la mano izquierda afirmé la tierra, y con la derecha desplegué los cielos. Yo pronuncié su nombre, y todos ellos aparecieron.
14 »Reúnanse, todos ustedes, y escuchen: ¿Quién de ellos ha profetizado estas cosas?
El amado del ejecutará su propósito contra Babilonia; su brazo estará contra los caldeos. 15 Sólo yo he hablado; sólo yo lo he llamado. Lo haré venir, y triunfará en su misión.
16 »Acérquense a mí, escuchen esto: »Desde el principio, jamás hablé en secreto; cuando las cosas suceden, allí estoy yo.» Y ahora el Señor omnipotente me ha enviado con su Espíritu.

17 Así dice el Señor, tu Redentor, el Santo de Israel: «Yo soy el Señor tu Dios, que te enseña lo que te conviene, que te guía por el camino en que debes andar. 18 Si hubieras prestado atención a mis mandamientos, tu paz habría sido como un río; tu justicia, como las olas del mar. 19 Como la arena serían tus descendientes; como los granos de arena, tus hijos; su nombre nunca habría sido eliminado ni borrado de mi presencia.»

20 ¡Salgan de Babilonia! ¡Huyan de los caldeos! Anuncien esto con gritos de alegría y háganlo saber. Publíquenlo hasta en los confines de la tierra; digan: «El Señor ha redimido a su siervo Jacob.» 21 Cuando los guió a través de los desiertos, no tuvieron sed;
hizo que de la roca brotara agua para ellos; partió la roca, y manaron las aguas.

22 «No hay paz para el malvado», dice el Señor.