21 DE MARZO 2016

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Lectura para hoy:
Ezequiel 20, 22

Ezequiel 20 (NVI) – Historia de una rebelión

El día diez del mes quinto del año séptimo, unos jefes de Israel vinieron a consultar al Señor, y se sentaron frente a mí.

Allí el Señor me dirigió la palabra: «Hijo de hombre, habla con los jefes de Israel y adviérteles que yo, el Señor omnipotente, digo: “¿Así que ustedes vienen a consultarme? ¡Pues juro por mí mismo que no dejaré que me consulten! Lo afirmo yo, el Señor omnipotente.”

»¡Júzgalos tú, hijo de hombre; júzgalos tú! Hazles ver las repugnantes prácticas de sus antepasados. Adviérteles que así dice el Señor omnipotente: “El día en que elegí a Israel, con la mano en alto le hice un juramento a la descendencia de Jacob. El día en que me di a conocer a ellos en Egipto, volví a hacerles este juramento: ‘Yo soy el Señor su Dios.’ En aquel día, con la mano en alto les juré que los sacaría de Egipto y los llevaría a una tierra que yo mismo había explorado. Es una tierra donde abundan la leche y la miel, ¡la más hermosa de todas! A cada uno de ellos le ordené que arrojara sus ídolos detestables, con los que estaba obsesionado, y que no se contaminara con los malolientes ídolos de Egipto; porque yo soy el Señor su Dios.

 » ”Sin embargo, ellos se rebelaron contra mí, y me desobedecieron. No arrojaron los ídolos con que estaban obsesionados, ni abandonaron los ídolos de Egipto. Por eso, cuando estaban en Egipto, pensé agotar mi furor y descargar mi ira sobre ellos. Pero decidí actuar en honor a mi nombre, para que no fuera profanado ante las naciones entre las cuales vivían los israelitas. Porque al sacar a los israelitas de Egipto yo me di a conocer a ellos en presencia de las naciones.

 10 » ”Yo los saqué de Egipto y los llevé al desierto. 11 Les di mis decretos, y les hice conocer mis leyes, que son vida para quienes los obedecen. 12 También les di mis sábados como una señal entre ellos y yo, para que reconocieran que yo, el Señor, he consagrado los sábados para mí. 13 Pero el pueblo de Israel se rebeló contra mí en el desierto; desobedeció mis decretos y rechazó mis leyes, que son vida para quienes los obedecen. ¡Hasta el colmo profanaron mis sábados! Por eso, cuando estaban en el desierto, pensé descargar mi ira sobre ellos y exterminarlos. 14 Pero decidí actuar en honor a mi nombre, para que no fuera profanado ante las naciones, las cuales me vieron sacarlos de Egipto.

 15 » ”También con la mano en alto, en el desierto les juré que no los llevaría a la tierra que les había dado, ¡la tierra más hermosa de todas, donde abundan la leche y la miel! 16 Rechazaron mis leyes, desobedecieron mis decretos y profanaron mis sábados, ¡y todo esto lo hicieron por haber andado tras esos ídolos! 17 Sin embargo, les tuve compasión, y en el desierto no los destruí ni los exterminé.

 18 » ”Allí en el desierto les dije a sus descendientes: ‘No sigan los preceptos de sus padres; no obedezcan sus leyes ni se contaminen con sus ídolos. 19 Yo soy el Señor su Dios. Sigan mis decretos, obedezcan mis leyes 20 y observen mis sábados como días consagrados a mí, como señal entre ustedes y yo, para que reconozcan que yo soy el Señor su Dios.’

 21 » ”Sin embargo, los israelitas se rebelaron contra mí. No siguieron mis decretos y no obedecieron mis leyes, que son vida para quienes los obedecen. Además, profanaron mis sábados. Por eso, cuando estaban en el desierto, pensé agotar mi furor y descargar mi ira sobre ellos. 22 Pero me contuve en honor a mi nombre, para que no fuera profanado ante las naciones, las cuales me vieron sacarlos de Egipto. 23 También con la mano en alto les juré en el desierto que los dispersaría entre las naciones. Los esparciría entre los países 24 porque, obsesionados como estaban con los ídolos de sus antepasados, desobedecieron mis leyes, rechazaron mis decretos y profanaron mis sábados. 25 ¡Hasta les di decretos que no eran buenos y leyes que no daban vida! 26 Los contaminé con sus propias ofrendas, dejándolos ofrecer en sacrificio a sus primogénitos, para horrorizarlos y hacerles reconocer que yo soy el Señor.”

 27 »Por tanto, hijo de hombre, habla con el pueblo de Israel y adviértele que yo, el Señor omnipotente, digo: “En esto también me ofendieron tus antepasados y me trataron con absoluta infidelidad: 28 Cuando los hice entrar en la tierra que con la mano en alto había jurado darles, cualquier cerro o árbol frondoso que veían les venía bien para hacer sacrificios y presentarme esas ofrendas que tanto me ofenden. Allí quemaban incienso y derramaban sus libaciones. 29 Y les pregunté: ‘¿Qué significa ese santuario pagano que tanto frecuentan?’ Y hasta el día de hoy ese lugar de culto idolátrico se conoce como ‘santuario pagano’.”

30 »Por tanto, adviértele al pueblo de Israel que así dice el Señor omnipotente: “¿Se contaminarán ustedes a la manera de sus antepasados, y se prostituirán con sus ídolos detestables? 31 Hasta el día de hoy, ustedes se contaminan al hacer sus ofrendas y al sacrificar a sus hijos, pasándolos por fuego en honor a los ídolos. ¿Y ahora ustedes, israelitas, vienen a consultarme? Juro por mí mismo que no dejaré que me consulten. Yo, el Señor omnipotente, lo afirmo. 32 Jamás sucederá lo que ustedes tienen en mente: ‘Queremos ser como las otras naciones, como los pueblos del mundo, que adoran al palo y a la piedra.’ 33 Yo, el Señor omnipotente, juro por mí mismo que reinaré sobre ustedes con gran despliegue de fuerza y de poder, y con furia incontenible. 34 Los sacaré de las naciones y de los pueblos por donde estaban esparcidos, y los reuniré con gran despliegue de fuerza y de poder, y con furia incontenible. 35 Los llevaré al desierto que está entre las naciones, y allí los juzgaré cara a cara. 36 Así como juzgué a sus antepasados en el desierto de Egipto, también los juzgaré a ustedes. Yo, el Señor omnipotente, lo afirmo. 37 Así como el pastor selecciona sus ovejas, también yo los haré pasar a ustedes bajo mi vara y los seleccionaré para que formen parte de la alianza. 38 Apartaré a los rebeldes, a los que se rebelan contra mí, y los sacaré del país donde ahora viven como extranjeros, pero no entrarán en la tierra de Israel. Entonces ustedes reconocerán que yo soy el Señor.

 39 » ”En cuanto a ustedes, pueblo de Israel, así dice el Señor omnipotente: Si no quieren obedecerme, ¡vayan y adoren a sus ídolos! Pero no sigan profanando mi santo nombre con sus ofrendas y sus ídolos apestosos. 40 Porque en mi monte santo, el monte elevado de Israel, me adorará todo el pueblo de Israel; todos los que habitan en el país. Yo, el Señor, lo afirmo. Allí los recibiré, y exigiré sus ofrendas y sus primicias, junto con todo lo que quieran dedicarme. 41 Cuando yo los saque a ustedes y los reúna de todas las naciones y pueblos donde estarán esparcidos, en presencia de las naciones los recibiré como incienso agradable y les manifestaré mi santidad. 42 Y cuando yo los lleve a la tierra de Israel, al país que con la mano en alto había jurado a sus antepasados que les daría, entonces reconocerán que yo soy el Señor. 43 Allí se acordarán de su conducta y de todas sus acciones con las que se contaminaron, y sentirán asco de sí mismos por todas las maldades que cometieron. 44 Pueblo de Israel, cuando yo actúe en favor de ustedes, en honor a mi nombre y no según su mala conducta y sus obras corruptas, entonces ustedes reconocerán que yo soy el Señor. Yo, el Señor omnipotente, lo afirmo.” »

Profecía contra el sur
45 El Señor me dirigió la palabra: 46 «Hijo de hombre, mira hacia el sur y en esa dirección profetiza contra el bosque del Néguev. 47 Dile: “Escucha, bosque del Néguev, la palabra del Señor. Así dice el Señor omnipotente: ‘En medio de ti voy a prender un fuego que devorará todos los árboles, tanto los secos como los verdes. Este incendio no se podrá apagar, y quemará toda la superficie, de norte a sur. 48 Todos los mortales verán que yo, el Señor, lo he encendido, y no podrá apagarse.’ ” »
49 Entonces yo exclamé: «¡Ay, Señor omnipotente, todo el mundo anda diciendo que soy un charlatán!»

Ezequiel 22 – Los pecados de Jerusalén

El Señor me dirigió la palabra:
«Tú, hijo de hombre, juzga a la ciudad sanguinaria; denúnciala por todas sus prácticas detestables. Adviértele que así dice el Señor omnipotente: “¡Ay de ti, ciudad que derramas sangre en tus calles, y te contaminas fabricando ídolos! ¡Cómo provocas tu ruina! Te has hecho culpable por la sangre que has derramado, te has contaminado con los ídolos que has fabricado; has hecho que se avecine tu hora, ¡has llegado al final de tus años! Por eso te haré objeto de oprobio y de burla entre las naciones y los pueblos. Ciudad caótica y de mala fama, ¡gente de cerca y de lejos se burlará de ti! Mira, ahí tienes a los gobernadores de Israel, que en tus calles abusan del poder sólo para derramar sangre. Tus habitantes tratan con desprecio a su padre y a su madre, oprimen al extranjero, explotan al huérfano y a la viuda. Menosprecian mis objetos sagrados, profanan mis sábados. En ti habita gente que con sus calumnias incita a derramar sangre; gente que come en los santuarios de los montes y que hace cosas detestables. 10 Hay quienes deshonran la cama de su padre y obligan a la mujer a tener relaciones en su período de menstruación. 11 Algunos cometen adulterio con la mujer de su prójimo, otros tienen relaciones vergonzosas con sus nueras, y hasta hay quienes violan a su hermana, ¡a la hija de su propio padre! 12 También hay entre los tuyos quienes aceptan soborno para derramar sangre. Tú practicas la usura y cobras altísimos intereses; extorsionas a tu prójimo y te olvidas de mí. Lo afirma el Señor.

 13 » ”Pero yo voy a batir palmas en contra de las ganancias injustas que has acumulado, y en contra de la sangre que se ha derramado en tus calles. 14 Y cuando yo te haga frente, ¿podrá resistir tu corazón, y tendrán fuerza tus manos? Yo, el Señor, lo he dicho, y lo cumpliré. 15 Te dispersaré entre las naciones, te esparciré entre los pueblos, y pondré fin a tu inmundicia. 16 Serás una deshonra frente a las naciones, pero sabrás que yo soy el Señor.”»

17 El Señor me dirigió la palabra:
18 «Hijo de hombre, todo el pueblo de Israel se ha vuelto para mí como la escoria del cobre y del estaño, del hierro y del plomo, que se queda en el horno. ¡Son como la escoria de la plata! 19 Por eso, así dice el Señor omnipotente: “Como todos ustedes se han convertido en escoria, los voy a reunir en medio de Jerusalén. 20 Así como la plata, el cobre, el hierro, el plomo y el estaño se juntan y se echan en el horno, y se atiza el fuego para fundirlos, así también yo, en mi ira, los juntaré a ustedes y los fundiré. 21 Los amontonaré y atizaré contra ustedes el fuego de mi ira, y los fundiré en medio de la ciudad. 22 Así como se funde la plata en medio del horno, así serán fundidos ustedes en medio de la ciudad, y sabrán que yo, el Señor, he derramado mi ira contra ustedes.” »

23 El Señor me dirigió la palabra:
24 «Hijo de hombre, dile a Israel: “Tú eres una tierra que no ha sido purificada ni mojada por la lluvia en el día de la ira.” 25 Como leones rugientes que despedazan a la presa, hay una conspiración de profetas que devoran a la gente, que se apoderan de las riquezas y de los objetos de valor, y que aumentan el número de viudas. 26 Sus sacerdotes violan mi ley y profanan mis objetos sagrados. Ellos no hacen distinción entre lo sagrado y lo profano, ni enseñan a otros la diferencia entre lo puro y lo impuro. Tampoco le prestan atención a mis sábados, y he sido profanado entre ellos. 27 Los jefes de la ciudad son como lobos que desgarran a su presa; siempre están listos a derramar sangre y a destruir vidas, con tal de lograr ganancias injustas. 28 Los profetas todo lo blanquean mediante visiones falsas y predicciones mentirosas. Alegan que lo ha dicho el Señor omnipotente, cuando en realidad el Señor no les ha dicho nada. 29 Los terratenientes roban y extorsionan a la gente, explotan al indigente y al pobre, y maltratan injustamente al extranjero. 30 Yo he buscado entre ellos a alguien que se interponga entre mi pueblo y yo, y saque la cara por él para que yo no lo destruya. ¡Y no lo he hallado! 31 Por eso derramaré mi ira sobre ellos; los consumiré con el fuego de mi ira, y haré recaer sobre ellos todo el mal que han hecho. Lo afirma el Señor omnipotente».

20 DE MARZO 2016

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Lectura para hoy:
PR 129 – 131

Y así sucede hoy. Cuando estamos rodeados de dudas y las 
circunstancias nos dejan perplejos, o nos afligen la pobreza y la angustia, Satanás procura hacer vacilar nuestra confianza en Jehová. Entonces es cuando despliega delante de nosotros nuestros errores y nos tienta a desconfiar de Dios, a poner en duda su amor. Así espera desalentar al alma, y separarnos de Dios.

Los que, destacándose en el frente del conflicto, se ven impelidos por el Espíritu de Dios a hacer una obra especial, experimentarán con frecuencia una reacción cuando cese la presión. El abatimiento puede hacer vacilar la fe más heroica y debilitar la voluntad más firme. Pero Dios comprende, y sigue manifestando compasión y amor. Lee los motivos y los propósitos del corazón. Aguardar con paciencia, confiar cuando todo parece sombrío, es la lección que necesitan aprender los dirigentes de la obra de Dios. El Cielo no los desamparará en el día de su adversidad. No hay nada que parezca más impotente que el alma que siente su insignificancia y confía plenamente en Dios, y en realidad no hay nada que sea más invencible.

No sólo es para los hombres que ocupan puestos de gran responsabilidad la lección de lo que experimentó Elías al aprender de nuevo a confiar en Dios en la hora de prueba. El que fue la fortaleza de Elías es poderoso para sostener a cada hijo suyo que lucha, por débil que sea. Espera de cada uno que manifieste lealtad, y a cada uno concede poder según su necesidad. En su propia fuerza el hombre es absolutamente débil; pero en el poder de Dios puede ser fuerte para vencer el mal y ayudar a otros a vencerlo. Satanás no puede nunca aventajar a aquel que hace de Dios su defensa. “Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza”. Isaías 45:24.

Hermano cristiano, Satanás conoce tu debilidad; por lo tanto aférrate a Jesús. Permaneciendo en el amor de Dios, puedes soportar toda prueba. Sólo la justicia de Cristo puede darte poder para resistir 
a la marea del mal que arrasa al mundo. Introduce fe en tu experiencia. La fe alivia toda carga y todo cansancio. Si confías de continuo 
en Dios, podrás comprender las providencias que te resultan ahora misteriosas. Recorre por la fe la senda que él te traza. Tendrás pruebas; pero sigue avanzando. Esto fortalecerá tu fe, y te preparará para servir. Los anales de la historia sagrada fueron escritos, no simplemente para que los leamos y nos maravillemos, sino para que obre en nosotros la misma fe que obró en los antiguos siervos de Dios. El Señor obrará ahora de una manera que no será menos notable doquiera haya corazones llenos de fe para ser instrumentos de su poder.

A nosotros, como a Pedro, se dirigen estas palabras: “Satanás os ha pedido para zarandaros como a trigo; mas yo he rogado por ti que tu fe no falte”. Lucas 22:31, 32. Nunca abandonará Cristo a aquellos por quienes murió. Nosotros podemos dejarle y ser abrumados por la tentación; pero nunca puede Cristo desviarse de un alma por la cual dio su propia vida como rescate. Si nuestra visión espiritual pudiese despertarse, veríamos almas agobiadas por la opresión y cargadas de pesar, como un carro de gavillas, a punto de morir desalentadas.

Veríamos ángeles volar prestamente en ayuda de estos seres tentados, para rechazar las huestes del mal que los rodean y colocar sus pies sobre el fundamento seguro. Las batallas que se riñen entre los dos ejércitos son tan reales como las que entablan los ejércitos de este mundo, y son destinos eternos los que dependen del resultado del conflicto espiritual.

En la visión del profeta Ezequiel aparecía como una mano debajo de las alas de los querubines. Esto tenía por fin enseñar a los siervos de Dios que el poder divino es lo que da éxito. Aquellos a quienes Dios emplea como sus mensajeros no deben considerar que la obra de él depende de ellos. Los seres finitos no son los que han de llevar esta carga de responsabilidad. El que no duerme, el que está obrando de continuo para realizar sus designios, llevará adelante su obra. El estorbará los propósitos de los hombres impíos, confundirá los consejos de aquellos que maquinan el mal contra su pueblo. El que es el Rey, el Señor de los ejércitos, está sentado entre los querubines; y en medio de la lucha y el tumulto de las naciones, sigue guardando a sus hijos. Cuando las fortalezas de los reyes sean derribadas, cuando las saetas de la ira atraviesen los corazones de sus enemigos, su pueblo estará seguro en sus manos.

19 DE MARZO 2016

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Lectura para hoy:
PR 127 – 128

Mucho depende de la actividad incesante de los que son fieles y leales; y por esta razón Satanás hace cuanto puede para impedir que el propósito divino sea realizado mediante los obedientes. Induce a algunos a olvidar su alta y santa misión y a hallar satisfacción en los placeres de esta vida. Los mueve a buscar la comodidad, o a dejar los lugares donde podrían ser una potencia para el bien y a preferir los que les ofrezcan mayores ventajas mundanales. A otros los induce a huir de su deber, desalentados por la oposición o la persecución. Pero todos los tales son considerados por el Cielo con la más tierna compasión. A todo hijo de Dios cuya voz el enemigo de las almas ha logrado silenciar, se le dirige la pregunta: “¿Qué haces aquí?” Te ordené que fueses a todo el mundo y predicases el Evangelio, a fin de preparar a un pueblo para el día de Dios. ¿Por qué estás aquí? ¿Quién te envió?

El gozo propuesto a Cristo, el que le sostuvo a través de sacrificios y sufrimientos, fue el gozo de ver pecadores salvados. Debe ser el de todo aquel que le siga, el acicate de su ambición. Los que comprendan, siquiera en un grado limitado, lo que la redención significa para ellos y sus semejantes, entenderán en cierta medida las vastas necesidades de la humanidad. Sus corazones serán movidos a compasión al ver la indigencia moral y espiritual de millares que están bajo la sombra de una condenación terrible, en comparación con la cual los sufrimientos físicos resultan insignificantes.

A las familias, tanto como a los individuos, se pregunta: “¿Qué haces aquí?” En muchas iglesias hay familias bien instruidas en las verdades de la Palabra de Dios, que podrían ampliar la esfera de su influencia trasladándose a lugares donde se necesita el ministerio que ellas son capaces de cumplir. Dios invita a las familias cristianas para que vayan a los lugares obscuros de la tierra, a trabajar sabia y perseverantemente en favor de aquellos que están rodeados de lobreguez espiritual. Para contestar a este llamamiento se requiere abnegación. Mientras que muchos aguardan que todo obstáculo sea eliminado, hay almas que mueren sin esperanza y sin Dios. Por amor a las ventajas mundanales, o con el fin de adquirir conocimientos científicos, hay hombres que están dispuestos a aventurarse en regiones pestilentes, y a soportar penurias y privaciones. ¿Dónde están los que quieran hacer lo mismo por el afán de hablar a otros del Salvador?

Si, en circunstancias penosas, hombres de poder espiritual, apremiados más de lo que pueden soportar, se desalientan y abaten; si a veces no ven nada deseable en la vida, esto no es cosa extraña o nueva. Recuerden los tales que uno de los profetas más poderosos huyó por su vida ante la ira de una mujer enfurecida. Fugitivo, cansado y agobiado por el viaje, con el ánimo abatido por la cruel desilusión, solicitó que se le dejase morir. Pero fue cuando su esperanza había desaparecido y la obra de su vida se veía amenazada por la derrota, cuando aprendió una de las lecciones más preciosas de su vida. En la hora de su mayor flaqueza conoció la necesidad y la posibilidad de confiar en Dios en las circunstancias más severas.

Los que, mientras dedican las energías de su vida a una labor abnegada, se sienten tentados a ceder al abatimiento y la desconfianza, pueden cobrar valor de lo que experimentó Elías. El cuidado vigilante de Dios, su amor y su poder se manifiestan en forma especial para favorecer a sus siervos cuyo celo no es comprendido ni apreciado, cuyos consejos y reprensiones se desprecian y cuyos esfuerzos por las reformas se retribuyen con odio y oposición.

Es en el momento de mayor debilidad cuando Satanás asalta al alma con sus más fieras tentaciones. Así fue como esperó prevalecer contra el Hijo de Dios; porque por este método había obtenido muchas victorias sobre los hombres. Cuando la fuerza de voluntad flaqueaba y faltaba la fe, entonces los que se habían destacado durante mucho tiempo y con valor por el bien, cedían a la tentación. Moisés, cansado por cuarenta años de peregrinación e incredulidad, perdió por un momento su confianza en el Poder infinito. Fracasó precisamente en los lindes de la tierra prometida. Así también fue con Elías. El que había mantenido su confianza en Jehová a través de los años de sequía y hambre; el que había estado intrépidamente frente a Acab; el que durante el día de prueba había estado en el Carmelo delante de toda la nación como único testigo del Dios verdadero, en un momento de cansancio permitió que el temor de la muerte venciese su fe en Dios.

18 DE MARZO 2016

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Lectura para hoy:
PR 125 – 126

El Señor respondió a Elías que los que obraban mal en Israel no quedarían sin castigo. Iban a ser escogidos especialmente hombres que cumplirían el propósito divino de castigar al reino idólatra. Debía realizarse una obra severa, para que todos tuviesen oportunidad de colocarse de parte del Dios verdadero. Elías mismo debía regresar a Israel, y compartir con otros la carga de producir una reforma.

El Señor ordenó a Elías: “Ve, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco: y llegarás, y ungirás a Hazael por rey de Siria; y a Jehú hijo de Nimsi, ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo hijo de Saphat, de Abel-mehula, ungirás para que sea profeta en lugar de ti. Y será, que el que escapare del cuchillo de Hazael, Jehú lo matará; y el que escapare del cuchillo de Jehú, Eliseo lo matará”.

Elías había pensado que él era el único que adoraba al verdadero Dios en Israel; pero el que lee en todos los corazones reveló al profeta que eran muchos los que a través de los largos años de apostasía le habían permanecido fieles. Dijo Dios: “Yo haré que queden en Israel siete mil; todas rodillas que no se encorvaron a Baal, y bocas todas que no lo besaron”.

Son muchas las lecciones que se pueden sacar de lo que experimentó Elías durante aquellos días de desaliento y derrota aparente, y son lecciones inestimables para los siervos de Dios en esta época, que se distingue por una desviación general de lo correcto. La apostasía que prevalece hoy es similar a la que se extendió en Israel en tiempos del profeta. Multitudes siguen hoy a Baal al exaltar lo humano sobre lo divino, al alabar a los dirigentes populares, al rendir culto a Mammón y al colocar las enseñanzas de la ciencia sobre las verdades de la revelación. La duda y la incredulidad están ejerciendo su influencia nefasta sobre las mentes y los corazones, y muchos están reemplazando los oráculos de Dios por las teorías de los hombres. Se enseña públicamente que hemos llegado a un tiempo en que la razón humana debe ser exaltada sobre las enseñanzas de la Palabra. La ley de Dios, divina norma de la justicia, se declara anulada. El enemigo de toda verdad está obrando con poder engañoso para inducir a hombres y mujeres a poner las instituciones humanas donde Dios debiera estar, y a olvidar lo que fue ordenado para la felicidad y salvación de la humanidad.

Sin embargo, esta apostasía, por extensa que haya llegado a ser, no es universal. No todos los habitantes del mundo son inicuos y pecaminosos; no todos se han decidido en favor del enemigo. Dios tiene a muchos millares que no han doblado la rodilla ante Baal, muchos que anhelan comprender más plenamente lo que se refiere a Cristo y a la ley, muchos que esperan contra toda esperanza que Jesús vendrá pronto para acabar con el reinado del pecado y de la muerte. Y son muchos los que han estado adorando a Baal por ignorancia, pero con los cuales el Espíritu de Dios sigue contendiendo.

Los tales necesitan la ayuda personal de quienes han aprendido a conocer a Dios y el poder de su palabra. En un tiempo como éste, cada hijo de Dios debe dedicarse activamente a ayudar a otros. Mientras los que comprenden la verdad bíblica procuren descubrir a los hombres y mujeres que anhelan luz los ángeles de Dios los acompañarán. Y donde vayan los ángeles, nadie necesita temer avanzar. Como resultado de los esfuerzos fieles de obreros consagrados, muchos serán desviados de la idolatría al culto del Dios viviente. Muchos cesarán de tributar homenaje a las instituciones humanas, y se pondrán intrépidamente de parte de Dios y de su ley.

17 DE MARZO 2016

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Lectura para hoy:
1 de Reyes 19:9 – 18
PR 123 – 124

1 de Reyes 19:9 – 18 (NVI) – El Señor se le aparece a Elías

9Allí pasó la noche en una cueva. Más tarde, la palabra del Señor vino a él.
—¿Qué haces aquí, Elías?—le preguntó.

10 —Me consume mi amor por ti, Señor Dios Todopoderoso—respondió él—. Los israelitas han rechazado tu pacto, han derribado tus altares, y a tus profetas los han matado a filo de espada. Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también!

 11 El Señor le ordenó:
—Sal y preséntate ante mí en la montaña, porque estoy a punto de pasar por allí.
Como heraldo del Señor vino un viento recio, tan violento que partió las montañas e hizo añicos las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto, pero el Señor tampoco estaba en el terremoto. 12 Tras el terremoto vino un fuego, pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Y después del fuego vino un suave murmullo. 13 Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con el manto y, saliendo, se puso a la entrada de la cueva.

Entonces oyó una voz que le dijo:
—¿Qué haces aquí, Elías?

 14 Él respondió:
—Me consume mi amor por ti, Señor, Dios Todopoderoso. Los israelitas han rechazado tu pacto, han derribado tus altares, y a tus profetas los han matado a filo de espada. Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también!

 15 El Señor le dijo:
—Regresa por el mismo camino y ve al desierto de Damasco. Cuando llegues allá, unge a Jazael como rey de Siria, 16 y a Jehú hijo de Nimsi como rey de Israel; unge también a Eliseo hijo de Safat, de Abel Mejolá, para que te suceda como profeta. 17 Jehú dará muerte a cualquiera que escape de la espada de Jazael, y Eliseo dará muerte a cualquiera que escape de la espada de Jehú. 18 Sin embargo, yo preservaré a siete mil israelitas que no se han arrodillado ante Baal ni lo han besado.

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Capítulo 13“¿Qué haces aquí?”

Aunque el lugar del monte Horeb al cual Elías se había retirado era un sitio oculto para los hombres, era conocido por Dios; y el profeta cansado y desalentado, no fue abandonado para que luchase solo con las potestades de las tinieblas que le apremiaban. En la entrada de la cueva donde Elías se había refugiado, Dios se encontró con él, por medio de un ángel poderoso enviado para que averiguase sus necesidades y le diese a conocer el propósito divino para con Israel.

Mientras Elías no aprendiese a confiar plenamente en Dios no podía completar su obra en favor de aquellos que habían sido seducidos al punto de adorar a Baal. El triunfo señalado que había alcanzado en las alturas del Carmelo había preparado el camino para otras victorias aun mayores; pero la amenaza de Jezabel había desviado a Elías de las oportunidades admirables que se le presentaban. Era necesario hacer comprender al hombre de Dios la debilidad de su posición actual en comparación con el terreno ventajoso que el Señor quería que ocupase.

Dios preguntó a su siervo: “¿Qué haces aquí, Elías?” Te mandé al arroyo Cherit, y después a la viuda de Sarepta. Te ordené que volvieses a Israel y te presentases ante los sacerdotes idólatras en el monte Carmelo; luego te ceñí de fortaleza para guiar el carro del rey hasta la puerta de Jezreel. Pero ¿quién te mandó huir apresuradamente al desierto? ¿Qué tienes que hacer aquí?

Con amargura en el alma Elías exhaló su queja: “Sentido he un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu alianza, han derribado tus altares, y han muerto a cuchillo tus profetas: y yo solo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.”

Invitando al profeta a salir de la cueva, el ángel le ordenó que se pusiera de pie delante del Señor en la montaña, y escuchase su palabra. “Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová: mas Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto: mas Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego: mas Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y paróse a la puerta de la cueva”.

No fue mediante grandes manifestaciones del poder divino, sino por “un silbo apacible,” cómo Dios prefirió revelarse a su siervo. Deseaba enseñar a Elías que no es siempre la obra que se realiza con la mayor demostración la que tiene más éxito para cumplir su propósito. Mientras Elías aguardaba la revelación del Señor, rugió una tempestad, fulguraron los relámpagos, y pasó un fuego devorador; pero Dios no estaba en todo esto. Luego se oyó una queda vocecita, y el profeta se cubrió la cabeza en la presencia del Señor. Su petulancia quedó acallada; su espíritu, enternecido y subyugado. Sabía ahora que una tranquila confianza y el apoyarse firmemente en Dios le proporcionarían siempre ayuda en tiempo de necesidad.

No es siempre la presentación más sabia de la verdad de Dios la que convence y convierte al alma. Los corazones de los hombres no son alcanzados por la elocuencia ni la lógica, sino por las dulces influencias del Espíritu Santo, que obra quedamente y sin embargo en forma segura para transformar y desarrollar el carácter. Es la queda vocecita del Espíritu de Dios la que tiene poder para cambiar el corazón.

“¿Qué haces aquí, Elías?” preguntó la voz; y nuevamente el profeta contestó: “Sentido he un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu alianza, han derribado tus altares, y han muerto a cuchillo tus profetas: y yo solo he quedado, y me buscan para quitarme la vida”.

16 DE MARZO 2016

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Lectura para hoy:
PR 121 – 122

La esperanza y el valor son esenciales para dar a Dios un servicio perfecto. Son el fruto de la fe. El abatimiento es pecaminoso e irracional. Dios puede y quiere dar “más abundantemente” (Hebreos 6:17) a sus siervos la fuerza que necesitan para las pruebas. Los planes de los enemigos de su obra pueden parecer bien trazados y firmemente asentados; pero Dios puede anular los más enérgicos de ellos. Y lo hace cómo y cuándo quiere; a saber cuando ve que la fe de sus siervos ha sido suficientemente probada.

Para los desalentados hay un remedio seguro en la fe, la oración y el trabajo. La fe y la actividad impartirán una seguridad y una satisfacción que aumentarán de día en día. ¿Estáis tentados a ceder a presentimientos ansiosos o al abatimiento absoluto? En los días más sombríos, cuando en apariencia hay más peligro, no temáis. Tened fe en Dios. El conoce vuestra necesidad. Tiene toda potestad. Su compasión y amor infinitos son incansables. No temáis que deje de cumplir su promesa. El es la verdad eterna. Nunca cambiará el pacto que hizo con los que le aman. Y otorgará a sus fieles siervos la medida de eficiencia que su necesidad exige. El apóstol Pablo atestiguó: “Me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi potencia en la flaqueza se perfecciona… Por lo cual me gozo en las flaquezas, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias por Cristo; porque cuando soy flaco, entonces soy poderoso”. 2 Corintios 12:9, 10.

¿Desamparó Dios a Elías en su hora de prueba? ¡Oh, no! Amaba a su siervo, tanto cuando Elías se sentía abandonado de Dios y de los hombres como cuando, en respuesta a su oración, el fuego descendió del cielo e iluminó la cumbre de la montaña. Mientras Elías dormía, le despertaron un toque suave y una voz agradable. Se sobresaltó y, temiendo que el enemigo le hubiese descubierto, se dispuso a huir. Pero el rostro compasivo que se inclinaba sobre él no era el de un enemigo, sino de un amigo. Dios había mandado a un ángel del cielo para que alimentase a su siervo. “Levántate, come,” dijo el ángel. “Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y un vaso de agua”.

Después que Elías hubo comido el refrigerio preparado para él, se volvió a dormir. Por segunda vez, vino el ángel. Tocando al hombre agotado, dijo con compasiva ternura: “Levántate, come: porque gran camino te resta”. “Levantóse pues, y comió y bebió;” y con la fuerza que le dió ese alimento pudo viajar “cuarenta días y cuarenta noches, hasta el monte de Dios, Horeb,” donde halló refugio en una cueva.

15 DE MARZO 2016

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Lectura para hoy:
PR 119 – 120

Pero una reacción como la que con frecuencia sigue a los momentos de mucha fe y de glorioso éxito oprimía a Elías. Temía que la reforma iniciada en el Carmelo no durase; y la depresión se apoderó de él. Había sido exaltado a la cumbre de Pisga; ahora se hallaba en el valle. Mientras estaba bajo la inspiración del Todopoderoso, había soportado la prueba más severa de su fe; pero en el momento de desaliento, mientras repercutía en sus oídos la amenaza de Jezabel y Satanás prevalecía aparentemente en las maquinaciones de esa mujer impía, perdió su confianza en Dios. Había sido exaltado en forma desmedida, y la reacción fue tremenda. Olvidándose de Dios, Elías huyó hasta hallarse solo en un desierto deprimente. Completamente agotado, se sentó a descansar bajo un enebro. Sentado allí, rogó que se le dejase morir. Dijo: “Baste ya, oh Jehová, quita mi alma; que no soy yo mejor que mis padres.” Fugitivo, alejado de las moradas de los hombres, con el ánimo abrumado por una amarga desilusión, deseaba no volver a ver rostro humano alguno. Por fin, completamente agotado, se durmió.

A todos nos tocan a veces momentos de intensa desilusión y profundo desaliento, días en que nos embarga la tristeza y es difícil creer que Dios sigue siendo el bondadoso benefactor de sus hijos terrenales; días en que las dificultades acosan al alma, en que la muerte parece preferible a la vida. Entonces es cuando muchos pierden su confianza en Dios y caen en la esclavitud de la duda y la servidumbre de la incredulidad. Si en tales momentos pudiésemos discernir con percepción espiritual el significado de las providencias de Dios, veríamos ángeles que procuran salvarnos de nosotros mismos y luchan para asentar nuestros pies en un fundamento más firme que las colinas eternas; y nuestro ser se compenetraría de una nueva fe y una nueva vida.

En el día de su aflicción y tinieblas, el fiel Job declaró:

“Perezca el día en que yo nací”. 

“¡Oh si pesasen al justo mi queja y mi tormento, Y se alzasen igualmente en balanza!” “¡Quién me diera que viniese mi petición, Y que Dios me otorgase lo que espero;
Y que pluguiera a Dios quebrantarme, Que soltara su mano, y me deshiciera!
Y sería aún mi consuelo”.
“Por tanto yo no reprimiré mi boca; Hablaré en la angustia de mi espíritu,
Y quejaréme con la amargura de mi alma”.
“Mi alma … quiso la muerte más que mis huesos.
Aburríme: no he de vivir yo para siempre; Déjame, pues que mis días son vanidad”. Job 3:3; 6:2, 8-10; 7:11, 15, 16.

Pero aunque Job estaba cansado de la vida, no se le dejó morir. Le fueron recordadas las posibilidades futuras, y se le dirigió un mensaje de esperanza:

“Serás fuerte y no temerás: Y olvidarás tu trabajo,
O te acordarás de él como de aguas que pasaron:
Y en mitad de la siesta se levantará bonanza; Resplandecerás, y serás como la mañana:
Y confiarás, que habrá esperanza… Y te acostarás, y no habrá quien te espante:
Y muchos te rogarán. Mas los ojos de los malos se consumirán,
Y no tendrán refugio; Y su esperanza será agonía del alma”. Job 11:15-20.

Desde las profundidades del desaliento, Job se elevó a las alturas de la confianza implícita en la misericordia y el poder salvador de Dios. Declaró triunfantemente:

“He aquí, aunque me matare, en él esperaré; … Y él mismo me será salud”.
“Yo sé que mi Redentor vive,
Y al fin se levantará sobre el polvo:
Y después de deshecha esta mi piel, Aun he de ver en mi carne a Dios;
Al cual yo tengo de ver por mí,
 Y mis ojos lo verán, y no otro”. Job 13:15, 16; 19:25-27.

“Respondió Jehová a Job desde un torbellino” (Job 38:1), y reveló a su siervo la grandeza de su poder. Cuando Job alcanzó a vislumbrar a su Creador, se aborreció a sí mismo y se arrepintió en el polvo y la ceniza. Entonces el Señor pudo bendecirle abundantemente y hacer de modo que los últimos años de su vida fuesen los mejores.

14 DE MARZO 2016

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Lectura para hoy:
PR 116 – 118

La fe es un elemento esencial de la oración que prevalece. “Porque es menester que el que a Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”. “Si demandáremos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquier cosa que demandáremos, sabemos que tenemos las peticiones que le hubiéremos demandado”. Hebreos 11:6; 1 Juan 5:14, 15. Con la fe perseverante de Jacob, con la persistencia inflexible de Elías, podemos presentar nuestras peticiones al Padre, solicitando todo lo que ha prometido. El honor de su trono está empeñado en el cumplimiento de su palabra.

Las sombras de la noche se estaban asentando en derredor del monte Carmelo cuando Acab se preparó para el descenso. “Y aconteció, estando en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento; y hubo una gran lluvia. Y subiendo Achab, vino a Jezreel”. Mientras viajaba hacia la ciudad real a través de las tinieblas y de la lluvia enceguecedora, Acab no podía ver el camino delante de sí. Elías, quien, como profeta de Dios, había humillado ese día a Acab delante de sus súbditos y dado muerte a sus sacerdotes idólatras, le reconocía sin embargo como rey de Israel; y ahora, como acto de homenaje, y fortalecido por el poder de Dios, corrió delante del carro real para guiar al rey hasta la entrada de la ciudad.

En este acto misericordioso del mensajero de Dios hacia un rey impío, hay una lección para todos los que aseveran ser siervos de Dios, pero que se estiman muy encumbrados. Hay quienes se tienen por demasiado grandes para ejecutar deberes que consideran sin importancia. Vacilan en cumplir aun los servicios necesarios, temiendo que se los sorprenda haciendo trabajo de sirvientes. Los tales tienen que aprender del ejemplo de Elías. Por su palabra, la tierra había sido privada de los tesoros del cielo durante tres años; había sido señaladamente honrado por Dios cuando, en respuesta a su oración en el Carmelo, el fuego había fulgurado del cielo y consumido el sacrificio; su mano había ejecutado el juicio de Dios al matar a los profetas idólatras; y su deseo había sido atendido cuando había pedido lluvia. Sin embargo, después de los excelsos triunfos con que Dios se había complacido en honrar su ministerio público, estaba dispuesto a cumplir el servicio de un criado.

Al llegar a la puerta de Jezreel, Elías y Acab se separaron. El profeta, prefiriendo permanecer fuera de la muralla, se envolvió en su manto y se acostó a dormir en el suelo. El rey, pasando adelante, llegó pronto al abrigo de su palacio, y allí relató a su esposa los maravillosos sucesos acontecidos ese día, así como la admirable revelación del poder divino que había probado a Israel que Jehová era el Dios verdadero, y Elías su mensajero escogido. Cuando Acab contó a la reina cómo habían muerto los profetas idólatras, Jezabel, endurecida e impenitente, se enfureció. Se negó a reconocer en los acontecimientos del Carmelo la predominante providencia de Dios y, empeñada en su desafío, declaró audazmente que Elías debía morir. Esa noche un mensajero despertó al cansado profeta, y le transmitió las palabras de Jezabel: “Así me hagan los dioses, y así me añadan, si mañana a estas horas yo no haya puesto tu persona como la de uno de ellos”.

Parecería que, después de haber manifestado valor tan indómito y de haber triunfado tan completamente sobre el rey, los sacerdotes y el pueblo, Elías ya no podría ceder al desaliento ni verse acobardado por la timidez. Pero el que había sido bendecido con tantas evidencias del cuidado amante de Dios, no estaba exento de las debilidades humanas, y en esa hora sombría le abandonaron su fe y su valor. Se despertó aturdido. Caía lluvia del cielo, y por todos lados había tinieblas. Olvidándose de que tres años antes, Dios había dirigido sus pasos hacia un lugar de refugio donde no le alcanzaron ni el odio de Jezabel ni la búsqueda de Acab, el profeta huyó para salvarse la vida. Llegando a Beer-seba, “dejó allí su criado. Y él se fue por el desierto un día de camino”.

Elías no debiera haber huido del puesto que le indicaba el deber. Debiera haber hecho frente a la amenaza de Jezabel suplicando la protección de Aquel que le había ordenado vindicar el honor de Jehová. Debiera haber dicho al mensajero que el Dios en quien confiaba le protegería del odio de la reina. Sólo habían transcurrido algunas horas desde que había presenciado una maravillosa manifestación del poder divino, y esto debiera haberle dado la seguridad de que no sería abandonado. Si hubiese permanecido donde estaba, si hubiese hecho de Dios su refugio y fortaleza y quedado firme por la verdad, habría sido protegido de todo daño. El Señor le habría dado otra señalada victoria enviando sus castigos contra Jezabel; y la impresión que esto hubiera hecho en el rey y el pueblo habría realizado una gran reforma.

Elías había esperado mucho del milagro cumplido en el Carmelo. Había esperado que, después de esa manifestación del poder de Dios, Jezabel ya no influiría en el espíritu de Acab y que se produciría prestamente una reforma en todo Israel. Durante todo el día pasado en las alturas del Carmelo había trabajado sin alimentarse. Sin embargo, cuando guió el carro de Acab hasta la puerta de Jezreel, su valor era grande, a pesar del esfuerzo físico que había representado su labor.

13 DE MARZO 2016

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Lectura para hoy:
PR 114 – 115

Capítulo 12De Jezreel a Horeb

Una vez muertos los profetas de Baal, quedaba preparado el camino para realizar una poderosa reforma espiritual entre las diez tribus del reino septentrional. Elías había presentado al pueblo su apostasía; lo había invitado a humillar su corazón y a volverse al Señor. Los juicios del Cielo habían sido ejecutados; el pueblo había confesado sus pecados y había reconocido al Dios de sus padres como el Dios viviente; y ahora iba a retirarse la maldición del Cielo y se renovarían las bendiciones temporales de la vida. La tierra iba a ser refrigerada por la lluvia. Elías dijo a Acab: “Sube, come y bebe; porque una grande lluvia suena.” Luego el profeta se fue a la cumbre del monte para orar.

El que Elías pudiese invitar confiadamente a Acab a que se preparase para la lluvia no se debía a que hubiese evidencias externas de que estaba por llover. El profeta no veía nubes en los cielos; ni oía truenos. Expresó simplemente las palabras que el Espíritu del Señor le movía a decir en respuesta a su propia fe poderosa. Durante todo el día, había cumplido sin vacilar la voluntad de Dios, y había revelado su confianza implícita en las profecías de la palabra de Dios; y ahora, habiendo hecho todo lo que estaba a su alcance, sabía que el Cielo otorgaría libremente las bendiciones predichas. El mismo Dios que había mandado la sequía había prometido abundancia de lluvia como recompensa del proceder correcto; y ahora Elías aguardaba que se derramase la lluvia prometida. En actitud humilde, “su rostro entre las rodillas,” suplicó a Dios en favor del penitente Israel.

Vez tras vez, Elías mandó a su siervo a un lugar que dominaba el Mediterráneo, para saber si había alguna señal visible de que Dios había oído su oración. Cada vez volvió el siervo con la contestación: “No hay nada.” El profeta no se impacientó ni perdió la fe, sino que continuó intercediendo con fervor. Seis veces el siervo volvió diciendo que no había señal de lluvia en los cielos que parecían de bronce. Sin desanimarse, Elías le envió nuevamente; y esta vez el siervo regresó con la noticia: “Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube de la mar”.

Esto bastaba. Elías no aguardó que los cielos se ennegreciesen. En esa pequeña nube, vió por fe una lluvia abundante y de acuerdo a esa fe obró: mandó a su siervo que fuese prestamente a Acab con el mensaje: “Unce y desciende, porque la lluvia no te ataje”.

Por el hecho de que Elías era hombre de mucha fe, Dios pudo usarle en esta grave crisis de la historia de Israel. Mientras oraba, su fe se aferraba a las promesas del Cielo; y perseveró en su oración hasta que sus peticiones fueron contestadas. No aguardó hasta tener la plena evidencia de que Dios le había oído, sino que estaba dispuesto a aventurarlo todo al notar la menor señal del favor divino. Y sin embargo, lo que él pudo hacer bajo la dirección de Dios, todos pueden hacerlo en su esfera de actividad mientras sirven a Dios; porque acerca de ese profeta de las montañas de Galaad está escrito: “Elías era hombre sujeto a semejantes pasiones que nosotros, y rogó con oración que no lloviese, y no llovió sobre la tierra en tres años y seis meses”. Santiago 5:17.

Una fe tal es lo que se necesita en el mundo hoy, una fe que se aferre a las promesas de la palabra de Dios, y se niegue a renunciar a ellas antes que el Cielo oiga. Una fe tal nos relaciona estrechamente con el Cielo, y nos imparte fuerza para luchar con las potestades de las tinieblas. Por la fe los hijos de Dios “ganaron reinos, obraron justicia, alcanzaron promesas, taparon las bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de cuchillo, convalecieron de enfermedades, fueron hechos fuertes en batallas, trastornaron campos de extraños.” Hebreos 11:33, 34. Y por la fe hemos de llegar hoy a las alturas del propósito que Dios tiene para nosotros. “Si puedes creer, al que cree todo es posible”. Marcos 9:23.

12 DE MARZO 2016

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Lectura para hoy:
Job 37-42 (NVI)

Job 37

1»Al llegar a este punto, me palpita el corazón como si fuera a salírseme del pecho.
¡Escucha, escucha el estruendo de su voz, el ruido estrepitoso que sale de su boca!
Lanza sus rayos bajo el cielo entero; su resplandor, hasta los confines de la tierra.
Sigue luego el rugido majestuoso de su voz; ¡resuena su voz, y no retiene sus rayos!
Dios hace tronar su voz y se producen maravillas: ¡Dios hace grandes cosas que rebasan nuestra comprensión!
A la nieve le ordena: “¡Cae sobre la tierra!”, y a la lluvia: “¡Muestra tu poder!”
Hace que todo el mundo se encierre, para que todos reconozcan sus obras.
Los animales buscan abrigo y se quedan en sus cuevas.
De las cámaras del sur viene la tempestad; de los vientos del norte, el frío.
10 Por el aliento de Dios se forma el hielo y se congelan las masas de agua.
11 Con agua de lluvia carga las nubes, y lanza sus relámpagos desde ellas;
12 y éstas van de un lado a otro, por toda la faz de la tierra, dispuestas a cumplir sus mandatos.
13 Por su bondad, hace que vengan las nubes, ya sea para castigar o para bendecir.

14 »Espera un poco, Job, y escucha; ponte a pensar en las maravillas de Dios.
15 ¿Sabes cómo controla Dios las nubes, y cómo hace que su relámpago deslumbre?
16 ¿Sabes cómo las nubes,  maravillas del conocimiento perfecto, se mantienen suspendidas?
17 Tú, que te sofocas de calor entre tus ropas cuando la tierra dormita bajo el viento del sur, 18 ¿puedes ayudarle a extender los cielos, sólidos como espejo de bronce bruñido?

19 »Haznos saber qué debemos responderle, pues debido a nuestra ignorancia no tenemos argumentos.
20 ¿Le haré saber que estoy pidiendo la palabra? ¿Quién se atreve a hablar y ser destruido?
21 No hay quien pueda mirar al sol brillante después de que el viento ha despejado los cielos.
22 Un dorado resplandor viene del norte; ¡viene Dios, envuelto en terrible majestad!
23 El Todopoderoso no está a nuestro alcance; excelso es su poder.
Grandes son su justicia y rectitud; ¡a nadie oprime!
24 Él no toma en cuenta a los que se creen sabios; por eso le temen los mortales.»

Job 38 Respuesta de Dios

1 El Señor le respondió a Job desde la tempestad. Le dijo:

«¿Quién es éste, que oscurece mi consejo con palabras carentes de sentido?
Prepárate a hacerme frente; yo te cuestionaré, y tú me responderás.
»¿Dónde estabas cuando puse las bases de la tierra? ¡Dímelo, si de veras sabes tanto!
¡Seguramente sabes quién estableció sus dimensiones y quién tendió sobre ella la cinta de medir!
¿Sobre qué están puestos sus cimientos, o quién puso su piedra angular
mientras cantaban a coro las estrellas matutinas y todos los ángeles gritaban de alegría?

»¿Quién encerró el mar tras sus compuertas cuando éste brotó del vientre de la tierra?
¿O cuando lo arropé con las nubes y lo envolví en densas tinieblas?
10 ¿O cuando establecí sus límites y en sus compuertas coloqué cerrojos?
11 ¿O cuando le dije: “Sólo hasta aquí puedes llegar; de aquí no pasarán tus orgullosas olas”?

12 »¿Alguna vez en tu vida le has dado órdenes a la mañana, o le has hecho saber a la aurora su lugar, 13 para que tomen la tierra por sus extremos y sacudan de ella a los malvados?
14 La tierra adquiere forma, como arcilla bajo un sello; resaltan sus rasgos como los de un vestido.
15 Los malvados son privados de su luz, y es quebrantado su altanero brazo.

16 »¿Has viajado hasta las fuentes del océano, o recorrido los rincones del abismo?
17 ¿Te han mostrado los umbrales de la muerte? ¿Has visto las puertas de la región tenebrosa?
18 ¿Tienes idea de cuán ancha es la tierra? Si de veras sabes todo esto, ¡dalo a conocer!

19 »¿Qué camino lleva a la morada de la luz? ¿En qué lugar se encuentran las tinieblas?
20 ¿Puedes acaso llevarlas a sus linderos? ¿Conoces el camino a sus moradas?
21 ¡Con toda seguridad lo sabes, pues para entonces ya habrías nacido!  ¡Son tantos los años que has vivido!

22 »¿Has llegado a visitar los depósitos de nieve de granizo, 23 que guardo para tiempos azarosos,cuando se libran guerras y batallas?
24 ¿Qué camino lleva adonde la luz se dispersa, o adonde los vientos del este se desatan sobre la tierra?
25 ¿Quién abre el canal para las lluvias torrenciales, y le da paso a la tormenta, 26 para regar regiones despobladas, desiertos donde nadie vive, 27 para saciar la sed del yermo desolado y hacer que en él brote la hierba?
28 ¿Acaso la lluvia tiene padre? ¿Ha engendrado alguien las gotas de rocío?
29 ¿De qué vientre nace el hielo? ¿Quién da a luz la escarcha de los cielos?
30 ¡Las aguas se endurecen como rocas, y la faz del mar profundo se congela!

31 »¿Acaso puedes atar los lazos de las Pléyades, o desatar las cuerdas que sujetan al Orión?
32 ¿Puedes hacer que las constelaciones salgan a tiempo? ¿Puedes guiar a la Osa Mayor y a la Menor?
33 ¿Conoces las leyes que rigen los cielos? ¿Puedes establecer mi dominio sobre la tierra?

34 »¿Puedes elevar tu voz hasta las nubes para que te cubran aguas torrenciales?
35 ¿Eres tú quien señala el curso de los rayos? ¿Acaso te responden: “Estamos a tus órdenes”?
36 ¿Quién infundió sabiduría en el ibis, o dio al gallo entendimiento?
37 ¿Quién tiene sabiduría para contar las nubes? ¿Quién puede vaciar los cántaros del cielo 38 cuando el polvo se endurece y los terrones se pegan entre sí?

39 »¿Cazas tú la presa para las leonas y sacias el hambre de sus cachorros 40 cuando yacen escondidas en sus cuevas o se tienden al acecho en sus guaridas?
41 ¿Eres tú quien alimenta a los cuervos cuando sus crías claman a mí y andan sin rumbo y sin comida?

Job 39

1 »¿Sabes cuándo los íbices tienen sus crías? ¿Has visto el parto de las gacelas?
¿Has contado los meses de su gestación? ¿Sabes cuándo dan a luz?
Al tener sus crías se encorvan, y allí terminan sus dolores de parto.
Crecen sus crías, y en el bosque se hacen fuertes; luego se van y ya no vuelven.

»¿Quién deja sueltos a los asnos salvajes? ¿Quién les desata las cuerdas?
Yo les di el páramo por morada, el yermo por hábitat.
Se burlan del ajetreo de la ciudad; no prestan atención a los gritos del arriero.
Recorren los cerros en busca de pastos, en busca de verdes prados.

»¿Crees tú que el toro salvaje se prestará a servirte? ¿Pasará la noche en tus establos?
10 ¿Puedes mantenerlo en el surco con el arnés? ¿Irá en pos de ti labrando los valles?
11 ¿Pondrás tu confianza en su tremenda fuerza? ¿Echarás sobre sus lomos tu pesado trabajo?
12 ¿Puedes confiar en él para que acarree tu grano y lo junte en el lugar donde lo trillas?

13 »El avestruz bate alegremente sus alas, pero su plumaje no es como el de la cigüeña.
14 Pone sus huevos en la tierra, los deja empollar en la arena, 15 sin que le importe aplastarlos con sus patas, o que las bestias salvajes los pisoteen.
16 Maltrata a sus polluelos como si no fueran suyos, y no le importa haber trabajado en vano, 17 pues Dios no le dio sabiduría ni le impartió su porción de buen juicio.
18 Pero cuando extiende sus alas y corre, se ríe de jinetes y caballos.

19 »¿Le has dado al caballo su fuerza? ¿Has cubierto su cuello con largas crines?
20 ¿Eres tú quien lo hace saltar como langosta, con su orgulloso resoplido que infunde terror?
21 Patalea con furia, regocijándose en su fuerza, y se lanza al galope hacia la llanura.
22 Se burla del miedo; a nada le teme; no rehuye hacerle frente a la espada.
23 En torno suyo silban las flechas, brillan las lanzas y las jabalinas.
24 En frenética carrera devora las distancias; al toque de trompeta no es posible refrenarlo.
25 En cuanto suena la trompeta, resopla desafiante; percibe desde lejos el fragor de la batalla, los gritos de combate y las órdenes de ataque.

26 »¿Es tu sabiduría la que hace que el halcón vuele y que hacia el sur extienda sus alas?
27 ¿Acaso por tus órdenes remonta el vuelo el águila y construye su nido en las alturas?
28 Habita en los riscos; allí pasa la noche; en escarpadas grietas tiene su baluarte.
29 Desde allí acecha la presa; sus ojos la detectan desde lejos.
30 Sus polluelos se regodean en la sangre; donde hay un cadáver, allí está el halcón.»

 Job 40 

1El Señor dijo también a Job:
«¿Corregirá al Todopoderoso quien contra él contiende? ¡Que le responda a Dios quien se atreve a acusarlo!»
Entonces Job le respondió:
«¿Qué puedo responderte, si soy tan indigno? ¡Me tapo la boca con la mano!
Hablé una vez, y no voy a responder; hablé otra vez, y no voy a insistir.»
El Señor le respondió a Job desde la tempestad. Le dijo:
«Prepárate a hacerme frente. Yo te cuestionaré, y tú me responderás.

»¿Vas acaso a invalidar mi justicia? ¿Me harás quedar mal para que tú quedes bien?
¿Tienes acaso un brazo como el mío? ¿Puede tu voz tronar como la mía?
10 Si es así, cúbrete de gloria y esplendor; revístete de honra y majestad.
11 Da rienda suelta a la furia de tu ira; mira a los orgullosos, y humíllalos; 12 mira a los soberbios, y somételos; aplasta a los malvados donde se hallen.
13 Entiérralos a todos en el polvo; amortaja sus rostros en la fosa.
14 Yo, por mi parte, reconoceré que en tu mano derecha está la salvación.

15 »Mira a Behemot, criatura mía igual que tú, que se alimenta de hierba, como los bueyes.
16 ¡Cuánta fuerza hay en sus lomos! ¡Su poder está en los músculos de su vientre!
17 Su rabo se mece como un cedro; los tendones de sus muslos se entrelazan.
18 Sus huesos son como barras de bronce; sus piernas parecen barrotes de hierro.
19 Entre mis obras ocupa el primer lugar, sólo yo, su Hacedor, puedo acercármele con la espada.
20 Los montes le brindan sus frutos; allí juguetean todos los animales salvajes.
21 Debajo de los lotos se tiende a descansar; se oculta entre los juncos del pantano.
22 Los lotos le brindan su sombra; los álamos junto al río lo envuelven.
23 Vacía un río entero sin apresurarse; con toda calma se traga el Jordán.
24 ¿Quién ante sus ojos se atreve a capturarlo? ¿Quién puede atraparlo y perforarle la nariz?

Job 41 

1¿Puedes pescar a Leviatán con un anzuelo, o atarle la lengua con una cuerda?
¿Puedes ponerle un cordel en la nariz, o perforarle la quijada con un gancho?
¿Acaso amablemente va a pedirte o suplicarte que le tengas compasión?
¿Acaso va a comprometerse a ser tu esclavo de por vida?
¿Podrás jugar con él como juegas con los pájaros, o atarlo para que tus niñas se entretengan?
¿Podrán los mercaderes ofrecerlo como mercancía, o cortarlo en pedazos para venderlo?
¿Puedes atravesarle la piel con lanzas, o la cabeza con arpones?
Si llegas a ponerle la mano encima, ¡jamás te olvidarás de esa batalla, y no querrás repetir la experiencia!
Vana es la pretensión de llegar a someterlo; basta con verlo para desmayarse.
10 No hay quien se atreva siquiera a provocarlo; ¿quién, pues, podría hacerle frente?
11 ¿Y quién tiene alguna cuenta que cobrarme? ¡Mío es todo cuanto hay bajo los cielos!

12 »No puedo dejar de mencionar sus extremidades, su fuerza y su elegante apariencia.
13 ¿Quién puede despojarlo de su coraza? ¿Quién puede acercarse a él y ponerle un freno?
14 ¿Quién se atreve a abrir el abismo de sus fauces, coronadas de terribles colmillos?
15 Tiene el lomo recubierto de hileras de escudos, todos ellos unidos en cerrado tejido; 16 tan juntos están uno al otro que no dejan pasar ni el aire; 17 tan prendidos están uno del otro, tan unidos entre sí, que no pueden separarse.
18 Resopla y lanza deslumbrantes relámpagos; sus ojos se parecen a los rayos de la aurora.
19 Ascuas de fuego brotan de su hocico; chispas de lumbre salen disparadas.
20 Lanza humo por la nariz, como olla hirviendo sobre un fuego de juncos.
21 Con su aliento enciende los carbones, y lanza fuego por la boca.
22 En su cuello radica su fuerza; ante él, todo el mundo pierde el ánimo.
23 Los pliegues de su piel son un tejido apretado; firmes son, e inconmovibles.
24 Duro es su pecho, como una roca; sólido, cual piedra de molino.
25 Cuando se yergue, los poderosos tiemblan; cuando se sacude, emprenden la huida.
26 La espada, aunque lo alcance, no lo hiere, ni lo hieren tampoco los dardos,  ni las lanzas y las jabalinas.
27 Al hierro lo trata como a paja, y al bronce como a madera podrida.
28 No lo hacen huir las flechas; ve como paja las piedras de las hondas.
29 Los golpes del mazo apenas le hacen cosquillas; se burla del silbido de la lanza.
30 Sus costados son dentados tiestos que en el fango van dejando huellas de rastrillos.
31 Hace hervir las profundidades como un caldero; agita los mares como un frasco de ungüento.
32 Una estela brillante va dejando tras de sí, cual si fuera la blanca cabellera del abismo.
33 Es un monstruo que a nada teme; nada hay en el mundo que se le parezca.
34 Mira con desdén a todos los poderosos; ¡él es rey de todos los soberbios!»

Job 42 Respuesta de Job

1 Job respondió entonces al Señor. Le dijo:
«Yo sé bien que tú lo puedes todo, que no es posible frustrar ninguno de tus planes.
“¿Quién es éste —has preguntado—, que sin conocimiento oscurece mi consejo?”
Reconozco que he hablado de cosas que no alcanzo a comprender, de cosas demasiado maravillosas  que me son desconocidas.

»“Ahora escúchame, que voy a hablar —dijiste—;  yo te cuestionaré, y tú me responderás.”
De oídas había oído hablar de ti, pero ahora te veo con mis propios ojos.
Por tanto, me retracto de lo que he dicho, y me arrepiento en polvo y ceniza.»

 Después de haberle dicho todo esto a Job, el Señor se dirigió a Elifaz de Temán y le dijo: «Estoy muy irritado contigo y con tus dos amigos porque, a diferencia de mi siervo Job, lo que ustedes han dicho de mí no es verdad.
Tomen ahora siete toros y siete carneros, y vayan con mi siervo Job y ofrezcan un holocausto por ustedes mismos. Mi siervo Job orará por ustedes, y yo atenderé a su oración y no los haré quedar en vergüenza. Y conste que, a diferencia de mi siervo Job, lo que ustedes han dicho de mí no es verdad.»

Elifaz de Temán, Bildad de Súah y Zofar de Namat fueron y cumplieron con lo que el Señor les había ordenado, y el Señor atendió a la oración de Job.

10 Después de haber orado Job por sus amigos, el Señor lo hizo prosperar de nuevo y le dio dos veces más de lo que antes tenía.
11 Todos sus hermanos y hermanas, y todos los que antes lo habían conocido, fueron a su casa y celebraron con él un banquete. Lo animaron y lo consolaron por todas las calamidades que el Señor le había enviado, y cada uno de ellos le dio una moneda de plata y un anillo de oro.

12 El Señor bendijo más los últimos años de Job que los primeros, pues llegó a tener catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas. 13 Tuvo también catorce hijos y tres hijas. 14 A la primera de ellas le puso por nombre Paloma, a la segunda la llamó Canela, y a la tercera, Linda. 15 No había en todo el país mujeres tan bellas como las hijas de Job. Su padre les dejó una herencia, lo mismo que a sus hermanos.

16 Después de estos sucesos Job vivió ciento cuarenta años. Llegó a ver a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación. 17 Disfrutó de una larga vida y murió en plena ancianidad.