29 DE MARZO 2016

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Lectura para hoy:
PR 144 – 146

Algunos años después de ascender al trono, Josafat, ya en el apogeo de su prosperidad, consintió en que su hijo Joram se casara con Atalía, hija de Acab y Jezabel. Mediante esta unión se estableció entre los reinos de Judá y de Israel una alianza que no se conformaba a lo que Dios quería, y que en un tiempo de crisis atrajo un desastre sobre el rey y sobre muchos de sus súbditos.

En una ocasión, Josafat visitó al rey de Israel en Samaria. Se tributaron honores especiales al huésped real de Jerusalén; y antes que terminase su visita, se le persuadió a que se uniese con el rey de Israel en una guerra contra los sirios. Acab esperaba que, uniendo fuerzas con las de Judá, podría recuperar Ramot, una de las antiguas ciudades de refugio que, sostenía él, pertenecía legítimamente a los israelitas.

Aunque en un momento de debilidad Josafat había prometido temerariamente unirse al rey de Israel en su guerra contra los sirios, su mejor criterio le indujo a procurar el conocimiento de la voluntad de Dios acerca de la empresa. Sugirió a Acab: “Ruégote que consultes hoy la palabra de Jehová.” En respuesta, Acab convocó a cuatrocientos de los falsos profetas de Samaria y les preguntó: “¿Iremos a la guerra contra Ramoth de Galaad, o estaréme yo quieto?” Ellos contestaron: “Sube, que Dios los entregará en mano del rey”. 2 Crónicas 18:4, 5.

Como no estaba satisfecho con esto, Josafat intentó conocer con certidumbre la voluntad de Dios. Averiguó: “¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová, para que por él preguntemos?” Vers. 6. Contestó Acab: “Aún hay un varón por el cual podríamos consultar a Jehová, Micheas, hijo de Imla: mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal”. 1 Reyes 22:8. Josafat manifestó firmeza en su pedido de que se llamase al varón de Dios; y cuando éste compareció delante de ellos y Acab le adjuró que hablase “sino la verdad en el nombre de Jehová,” Miqueas dijo: “Yo ví a todo Israel esparcido por los montes, como ovejas que no tienen pastor: y Jehová dijo: Estos no tienen señor: vuélvase cada uno a su casa en paz”. Vers. 16, 17.

Las palabras del profeta debieran haber bastado para indicar a los reyes que su proyecto no tenía el favor del Cielo; pero ni uno ni otro de los gobernantes se sentía inclinado a escuchar la advertencia. Acab había trazado su conducta, y estaba resuelto a seguirla. Josafat había dado su palabra de honor: “Iremos contigo a la guerra” (2 Crónicas 18:3); y después de hacer una promesa tal, no quería retirar sus fuerzas. “Subió pues el rey de Israel con Josaphat rey de Judá a Ramoth de Galaad”. 1 Reyes 22:29.

Durante la batalla que siguió, Acab fue alcanzado por una saeta, y murió al atardecer. “Y a puesta del sol salió un pregón por el campo, diciendo: ¡Cada uno a su ciudad, y cada cual a su tierra!” Vers. 36. Así se cumplió la palabra del profeta.

Después de esta batalla desastrosa, Josafat volvió a Jerusalén. Cuando se acercaba a la ciudad, el profeta Jehú se le acercó con este reproche: “¿Al impío das ayuda, y amas a los que aborrecen a Jehová? Pues la ira de la presencia de Jehová será sobre ti por ello.

Empero se han hallado en ti buenas cosas, porque cortaste de la tierra los bosques, y has apercibido tu corazón a buscar a Dios”. 2 Crónicas 19:2, 3.

Josafat dedicó los últimos años de su reinado mayormente a fortalecer las defensas nacionales y espirituales de Judá. “Mas daba vuelta y salía al pueblo, desde Beerseba hasta el monte de Ephraim, y reducíalos a Jehová el Dios de sus padres”. Vers. 4.

Uno de los pasos importantes que dio el rey consistió en establecer y mantener tribunales eficientes. “Y puso en la tierra jueces en todas las ciudades fuertes de Judá, por todos los lugares;” y entre sus recomendaciones les dio ésta: “Mirad lo que hacéis: porque no juzgáis en lugar de hombre, sino en lugar de Jehová, el cual está con vosotros en el negocio del juicio. Sea pues con vosotros el temor de Jehová; guardad y haced: porque en Jehová nuestro Dios no hay iniquidad, ni acepción de personas, ni recibir cohecho”. Vers. 5-7.

El sistema judicial quedó perfeccionado por la fundación de una corte de apelaciones en Jerusalén, donde Josafat nombró a “algunos de los Levitas y sacerdotes, y de los padres de familias de Israel, para el juicio de Jehová y para las causas”. Vers. 8.

El rey exhortó a estos jueces a ser fieles. Les encargó: “Procederéis asimismo con temor de Jehová, con verdad, y con corazón íntegro. En cualquier causa que viniere a vosotros de vuestros hermanos que habitan en las ciudades, entre sangre y sangre, entre ley y precepto, estatutos y derechos, habéis de amonestarles que no pequen contra Jehová, porque no venga ira sobre vosotros y sobre vuestros hermanos. Obrando así no pecaréis.

“Y he aquí Amarías sacerdote será el que os presida en todo negocio de Jehová; y Zebadías hijo de Ismael, príncipe de la casa de Judá, en todos los negocios del rey; también los Levitas serán oficiales en presencia de vosotros. Esforzaos pues, y obrad; que Jehová será con el bueno”. Vers. 9-11.

En su cuidado por salvaguardar los derechos y la libertad de sus súbditos, Josafat recalcó la consideración que cada miembro de la familia humana recibe del Dios de justicia, que gobierna a todos. “Dios está en la reunión de los dioses; en medio de los dioses juzga”. Y a los que son designados como jueces bajo su dirección, se les dice: “Defended al pobre y al huérfano: haced justicia al afligido y al menesteroso… Libradlo de mano de los impíos”. Salmos 82:1, 3, 4.

Hacia el final del reinado de Josafat, el reino de Judá fue invadido por un ejército ante cuyo avance los habitantes de la tierra tenían motivo para temblar. “Pasadas estas cosas, aconteció que los hijos de Moab y de Ammón, y con ellos otros de los Ammonitas, vinieron contra Josaphat a la guerra”. Las noticias de esta invasión fueron llevadas al rey por un mensajero que se presentó con este mensaje sorprendente: “Contra ti viene una grande multitud de la otra parte de la mar, y de la Siria; y he aquí ellos están en Hasasón-tamar, que es Engedi”. 2 Crónicas 20:1, 2.