29 de marzo 2015

Biblia
Lectura para hoy:

Patriarcas y Profetas p. 240-242

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Leví tampoco recibió, herencia, excepto cuarenta y ocho ciudades diseminadas en diferentes partes de la tierra. En el caso de esta tribu, sin embargo, su fidelidad a Jehová, cuando las otras tribus apostataron, mereció que fuera apartada para el servicio sagrado del santuario, y de esa manera la maldición se trocó en bendición. Las más altas bendiciones de la primogenitura se transfirieron a Judá. El significado del nombre, que quiere decir alabanza, se describe en la historia profética de esta tribu: “Judá, alabarte han tus hermanos: Tu mano en la cerviz de tus enemigos: Los hijos de tu padre se inclinarán a ti. Cachorro de león Judá: De la presa subiste, hijo mío: Encorvóse, echóse como león, así como león viejo; ¿Quién lo despertará? No será quitado el cetro de Judá, y el legislador de entre sus pies, hasta que venga Shiloh; Y a él se congregarán los pueblos.”

El león, rey de la selva, es símbolo apropiado de la tribu de la cual descendió David, y del hijo de David, Shiloh, el verdadero “león de la tribu de Judá,” ante quien todos los poderes se inclinarán finalmente, y a quien todas las naciones rendirán homenaje. Para la mayoría de sus hijos Jacob predijo un futuro próspero. Finalmente llegó al nombre de José, y el corazón del padre desbordó al invocar las bendiciones sobre “el Nazareo de sus hermanos.” “Ramo fructífero José, Ramo fructífero junto a fuente, cuyos vástagos se extienden sobre el muro, y causáronle amargura, y asaeteáronle, y aborreciéronle los arqueros: Mas su arco quedó en fortaleza, y los brazos de sus manos se corroboraron por las manos del Fuerte de Jacob, (de allí el pastor y la piedra de Israel,) del Dios de tu padre, el cual te ayudará, y del Omnipotente, el cual te bendecirá con bendiciones de los cielos de arriba, con bendiciones del abismo que está abajo y con bendiciones del seno y de la matriz.

Las bendiciones de tu padre fueron mayores que las bendiciones de mis progenitores: Hasta el término de los collados eternos serán sobre la cabeza de José, y sobre la mollera del Nazareo de sus hermanos.” Jacob había sido siempre un hombre de profundos y ardientes afectos; su amor por sus hijos era fuerte y tierno, y el testimonio que dio de ellos en su lecho de muerte no fue expresión de parcialidad ni resentimiento. Había perdonado a todos, y los amó a todos hasta el fin. Su ternura paternal se habría expresado sólo en palabras de ánimo y de esperanza; pero el poder de Dios se posó sobre él, y bajo la influencia de la inspiración fue constreñido a declarar la verdad, por penosa que fuera. Una vez pronunciadas las últimas bendiciones, Jacob repitió el encargo referente al sitio de su entierro: “Yo voy a ser reunido con mi pueblo: sepultadme con mis padres . . . en la cueva que está en el campo de Macpela. . . . Allí sepultaron a Abrahán y a Sara su mujer; allí sepultaron a Isaac y a Rebeca su mujer; allí también sepulté yo a Lea.” De esta manera el último acto de su vida fue manifestar su fe en la promesa de Dios.

Los últimos años de Jacob le proporcionaron un atardecer tranquilo y descansado después de un inquieto y fatigoso día. Se habían juntado obscuras nubes sobre su camino; sin embargo, la puesta de su sol fue clara, y el fulgor del cielo iluminó la hora de su partida. Dice la Escritura: “Al tiempo de la tarde habrá luz.” “Considera al integro, y mira al justo: que la postrimería de cada uno de ellos es paz.” (Zac. 14: 7; Sal. 37: 37.) Jacob había pecado, y había sufrido hondamente.Había tenido que pasar muchos años de trabajo, cuidado y dolor desde el día en que su gran pecado le obligó a huir de las tiendas de su padre. Había sido fugitivo sin hogar, separado de su madre a quien nunca volvió a ver; trabajó siete años por la que amó, sólo para ser vilmente defraudado; trabajó veinte años al servicio de un pariente codicioso y rapaz; vio aumentar su riqueza y crecer a sus hijos en su derredor, pero halló poco regocijo en su contenciosa y dividida familia; se sintió dolorido por la vergüenza de su hija, por la venganza de los hermanos de ésta, por la muerte de Raquel, por el monstruoso delito de Rubén, por el pecado de Judá, por el cruel engaño y la malicia perpetrada en José. ¡Cuán negra y larga es la lista de iniquidades expuestas a la vista!

Vez tras vez había cosechado el fruto de aquella primera mala acción. Vez tras vez vio repetidos entre sus hijos los pecados de los cuales él mismo había sido culpable. Pero aunque la disciplina había sido amarga, había cumplido su obra. El castigo, aunque doloroso, había producido el “fruto apacible de justicia.” (Heb. 12: 11.) La inspiración registra fielmente las faltas de los hombres buenos que fueron distinguidos por el favor de Dios; en realidad, sus defectos resaltaban más que sus virtudes. Muchos se han preguntado el porqué de esto, y ha sido motivo de que el infiel se burle de la Biblia. Pero una de las evidencias más poderosas de la veracidad de la Escritura consiste en que ella no hermosea las acciones de sus personajes principales ni tampoco oculta sus pecados. Las mentes de los hombres están tan sujetas a prejuicios que no es posible que la historia humana sea absolutamente imparcial. Si la Biblia hubiera sido escrita por personas no inspiradas, habría presentado indudablemente el carácter de sus hombres distinguidos bajo un aspecto más favorable. Pero tal como es, nos proporciona un relato correcto de sus vidas.

Foto: http://bit.ly/1Cjponf

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