30 de mayo 2014

Letras
Lectura para hoy:
 
                   Lucas 9: 7-9
                   Mateo 9: 35-38

                   Marcos 6: 30-32
                   El Deseado de todas las gentes, p. 326, 327

Lucas 9: 7-9 (RVR60) – Muerte de Juan el Bautista
Herodes el tetrarca oyó de todas las cosas que hacía Jesús; y estaba perplejo, porque decían algunos: Juan ha resucitado de los muertos; otros: Elías ha aparecido; y otros: Algún profeta de los antiguos ha resucitado. Y dijo Herodes: A Juan yo le hice decapitar; ¿quién, pues, es éste, de quien oigo tales cosas? Y procuraba verle.

Mateo 9: 35-38 (RVR60) – La mies es mucha
35 Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 36 Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. 37E ntonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. 38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.

Marcos 6: 30-32 (RVR60) 
30 Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. 31 Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer. 32 Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto.

El Deseado de todas las gentes, p. 326, 327
Los que se ven envueltos en una controversia con los enemigos de la verdad, tienen que arrostrar no sólo a los hombres, sino a Satanás y sus agentes. Recuerden las palabras del Salvador: “He aquí yo os envío como corderos en medio de lobos.” (Lucas 10: 3) Confíen en el amor de Dios, y su espíritu se conservará sereno, aun bajo los insultos personales. El Salvador los revestirá con una panoplia divina. Su Espíritu Santo influirá en la mente y en el corazón, de manera que la voz no copiará las notas de los aullidos de los lobos.

Continuando sus instrucciones a sus discípulos, Jesús dijo: “Guardaos de los hombres.” No debían poner confianza implícita en aquellos que no conocían a Dios, ni hacerlos sus confidentes; porque esto daría una ventaja a los agentes de Satanás. Las invenciones humanas contrarrestan con frecuencia los planes de Dios. Los que edifican el templo del Señor deben construir de acuerdo con el dechado mostrado en el monte: la semejanza divina. Dios queda deshonrado, y traicionado el Evangelio, cuando sus siervos dependen de los consejos de hombres que no están bajo la dirección del Espíritu Santo. La sabiduría humana es locura para Dios. Los que en ella confían, errarán ciertamente.

“Os entregarán a los concilios . . . y seréis llevados ante gobernadores y reyes por mi causa, para testimonio a ellos y a las naciones.” La persecución esparcirá la luz. Los siervos de Cristo serán llevados ante los grandes de la tierra, quienes, de otra manera, nunca habrían oído tal vez el Evangelio. La verdad ha sido presentada falsamente a estos hombres. Han escuchado falsas acusaciones contra la fe de los discípulos de Cristo. Con frecuencia su único medio de conocer el verdadero carácter de esta fe es el testimonio de aquellos que son llevados a juicio por ella. En el examen, se les pide que contesten, y sus jueces escuchan el testimonio dado. La gracia de Dios será concedida a sus siervos para hacer frente a la emergencia. “En aquella hora os será dado —dijo Jesús,— qué habéis de hablar. Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.” Al iluminar el Espíritu de Dios la mente de sus siervos, la verdad será presentada con su poder divino y su alto valor. Los que rechazan la verdad se levantarán para acusar y oprimir a los discípulos. Pero bajo la pérdida y el sufrimiento, y aun hasta la muerte, los hijos del Señor han de revelar la mansedumbre de su divino ejemplo. Así se verá el contraste entre los agentes de Satanás y los representantes de Cristo. El Salvador será ensalzado delante de los gobernantes y delante de la gente.

Los discípulos no fueron dotados del valor y la fortaleza de los mártires hasta que necesitaron esta gracia. Entonces se cumplió la promesa del Salvador. Cuando Pedro y Juan testificaron delante del Sanedrín, los hombres “se maravillaban; y les conocían que habían estado con Jesús.” (Hechos 4: 13) De Esteban, se dice que “todos los que estaban sentados en el concilio, puestos los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel.” Los hombres “no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba.” (Hechos 6: 15, 10) Y Pablo, escribiendo acerca de su propio juicio ante el tribunal de los Césares, dice: “En mi primera defensa, nadie estuvo conmigo, antes todos me abandonaron…. Mas el Señor estuvo conmigo, y me esforzó, para que por medio de mí la predicación fuese cumplidamente hecha, y para que oyesen todos los gentiles; y así yo fui librado de la boca del león.”

Los siervos de Cristo no habían de preparar discurso alguno para pronunciarlo cuando fuesen llevados a juicio. Debían hacer su preparación día tras día al atesorar las preciosas verdades de la Palabra de Dios, y al fortalecer su fe por la oración. Cuando fuesen llevados a juicio, el Espíritu Santo les haría recordar las verdades que necesitasen.

Un esfuerzo diario y ferviente para conocer a Dios, y a Jesucristo a quien él envió, iba a impartir poder y eficiencia al alma. El conocimiento obtenido por el escrutinio diligente de las Escrituras iba a cruzar como rayo en la memoria al debido momento. Pero si algunos hubiesen descuidado el familiarizarse con las palabras de Cristo y nunca hubiesen probado el poder de su gracia en la dificultad, no podrían esperar que el Espíritu Santo les hiciese recordar sus palabras. Habían de servir a Dios diariamente con afecto indiviso, y luego confiar en él.

Tan acérrima sería la enemistad hacia el Evangelio, que aun los vínculos terrenales más tiernos serían pisoteados. Los discípulos de Cristo serían entregados a la muerte por los miembros de sus propias familias. “Y seréis aborrecidos de todos por mi nombre —añadió:— mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo.” (Marcos 13: 13) Pero les ordenó no exponerse innecesariamente a la persecución. Con frecuencia, él mismo dejaba un campo de labor para otro, a fin de escapar a los que estaban buscando su vida. Cuando fue rechazado en Nazaret y sus propios conciudadanos trataron de matarlo, se fue a Capernaúm y allí la gente se asombró de su enseñanza; “porque su palabra era con potestad.” (Lucas 4: 32) Asimismo sus siervos no debían desanimarse por la persecución, sino buscar un lugar donde pudiesen seguir trabajando por la salvación de las almas.

 Foto: http://bit.ly/1kMSHCY

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